ESCRUTOPO Y LA NUEVA NORMALIDAD

 

 

Las cosas como son, o, por ser algo más tolerante, por templar gaitas, que se dice en mi tierra, las cosas como parecen ser. Nos están convirtiendo en imbéciles sociales, en incompetentes cívicos y en incapaces convivenciales. No se, y si lo se me callo, a quién favorece esta situación, y si me callo no es por prudencia, ni por sabiduría, es simplemente porque si tengo que decir ciertas evidencias es que quién está al otro lado de mi escrito ya ha caido en la trampa. En alguna de las trampas que, como si fuera una matrioska, el COVID ha accionado para atraparnos en una irrealidad alienante, también, para los forofos, vale alineante, que bajo la etiqueta de nueva normalidad pretende cambiar nuestros hábitos convivenciales, nuestros hábitos sociales, nuestros usos y costumbres. Esquilache mon amour.

No se por qué, y si lo se me callo, cuando una mayoría, habitualmente cabañil, está convencida sin fisuras, hasta el linchamiento y la exclusión social de los disidentes si se da el caso, de una verdad última, yo empiezo a cuestionarme esa verdad.

Y con el COVID se están dando todas las circunstancias para que mi mente se ponga en guardia. En guardia física para evitar el contagio, en guardia cívica porque me niego a caer en la histeria y el ridículo que observo a mi alrededor, en guardia ética porque todos los poderes cuestionables apuntan en el mismo sentido.

Los números no coinciden con lo que se escucha, y si alguien tiene dudas que tire de informes del INE que son muy ilustrativos. Las iniciativas estatales tienen un tufillo totalitario, de novela distópica, que tiran para atrás. Todo aquel que discrepe, aunque sea razonadamente, aunque sea con datos y argumentos, de la versión oficial es automáticamente alineado con los terraplanistas, con los antivacuna, con los apestados irracionales a los que escuchar es absurdo e irreverente. Demasiado fácil. Demasiado borreguil. Demasiado preparado. Decir que el gobierno lo hace mal es negar la existencia del virus. Decir que la OMS es una organización más preocupada del beneficio de las farmaceuticas que de la salud de los ciudadanos es conspiranoico, aunque baste con tirar de historia reciente para verificarlo. Decir que los consejos de administración de las grandes corporaciones, algunas intervenidas por gobiernos de corte totalitario, buscan un mundo en el que todo sea mercancia: la salud, que ya, al agua, que ya, la energía, que ya, y el aire, que cualquier día, es ser un friki. Demasiado evidente y conveniente.

Pero lo que ya me ha hecho explotar, lo que ya me parece ridículo e intolerable a partes iguales, es la última ocurrencia de la OMS sobre como saludar o no saludar. ¿Nos hemos vuelto tontos? ¿O sea que la mayor parte de la culpa de los contagios han venido por saludarse con el codo? O sea que ¿esa suerte de ballet incompleto y paródico que teníamos que afrontar cada vez que nos encontrábamos con alguien era inconveniente, lesivo, contagioso? Como nos sigan obligando a incorporar nuevas formas de saludo entre nosostros, al final, en plena ansiedad salutatoria alguien le va a pegar un puñetazo a otro, por ansiedad, por desesperación, por frustración, con todo el cariño.

Hacer el “namasté”, ¿en serio? ¿de verdad la OMS ha quedado para esto? Ponerse la mano en el corazón ¿de verdad? Así, sin pensar, sin anestesia, ¿con mirada húmeda o con mirada acerada? ¿y el color de la ropa interior? La imbecilidad puede ser inducida, otra cosa es que tenga que ser aceptada.

Es que empiezo a ver a Escrutopo detrás de toda esta historia, histeria, estupidez. El viejo diablo que escribía, por mediación de C.S. Lewis, cartas a su sobrino Orugario ilustrando sobre las formas de tentar y hacerse con el control del ser humano, describía con absoluta nitidez como lograr el dominio por la amenaza de la enfermedad. Y hace setenta años describía lo que estamos viviendo con absoluta precisión. Y con todo lujo de detalles, y la denominaba “una de nuestras mayores victorias”

La gente se mueve entre el temor y la falacia con un cansancio sin reparo previsible, que puede desembocar en cualquier cosa. La mascarilla resulta intolerable, incómoda e inoperante, y cada vez más gente se da cuenta de ello, pero se sigue usando por temor a la presión social y la coacción económica. Te pueden deterner por no usar mascarilla, como si fueras un delincuente, corvirtiéndote en un delincuente, cuando vas paseando tú solo por la calle, pero no hay problema si en un local cerrado están cincuenta personas sin ella. ¿Quién nos ha mentido? ¿quién nos esta mintiendo? ¿Quién está usando la pandemia para fines no declarados?

Quiero datos, datos que justifiquen la histeria que pretenden crear en la población, datos que justifiquen este conato de dictadura sanitario-política que nos están colando por la puerta de atrás, con nuestra aquiescencia, con nuestra colaboración, con nuestro miedo, con nuestro borreguismo, con nuestra, en los casos más patéticos, súplica.

Hay quién espera, comenta esperanzado, vana esperanza, que hay que aguantar hasta que llegue la vacuna, y que entonces volverá la vieja normalidad. ¿En serio? ¿Se han parado a pensar lo que dicen, o solo repiten lo que han escuchado? ¿Va a desaparecer el virus cuando le enseñemos la vacuna?¿la vacuna también será válida para virus futuros,alguno ya casi presente?

El engaño es tan elemental, tan evidente, que la lástima por nuestra incapacidad, perfectamente alimentada, para pensar libremente va a acabar en la pérdida consentida de nuestras libertades. Y además suplicaremos en nombre de una salud que nadie puede garantizarnos, pero si arrebatarnos, que así sea.

La media de muertos por afecciones respiratorias de los años anteriores, en los nueve primeros meses, es de cuarenta y cinco mil. Calculemos, a pesar del gobierno y sus mentiras, que los muertos del Covid en su primera oleada han sido cincuenta mil, muerto arriba, muerto abajo. Dado que el virus afectaba a las vías respiratorias, ¿cuantos de los muertos por COVID habrían muerto sin COVID? Posiblemente muchos de ellos. Esto no justifica, ni olvida, las condiciones dramáticas, de concentración de muertos e incapacidad del los sistemas sanitarios para afrontar las crisis que se produjeron en esa primera oleada, pero, y ya siendo claros, muchas de esas circunstancias se dieron por la incapacidad de gestión y la falta de infraestructuras.

Lo dice la nieta de nuestro colaborador, sabio y amigo, Francisco Breijo, con perfecta claridad: En esta vida – abelopaco – yo no puedo coger frío; porque me pongo malita y mi madre, aún encima me regaña…”. Solo tiene cinco años, o porque solo tiene cinco años, y ya es capaz de describir lo que sucede con más claridad que la mayoría de los adultos. La única solución de los poderes públicos, que además es la solución idónea para sus intereses, es culpabilizar al ciudadano de su incapacidad para tomar medidas eficaces, y de paso someterlos a un estado de pánico. ¿O debería de decir someterlos con un estado de pánico?

Yo no sé si el virus lo ha inventado un laboratorio, ha llegado en un meteorito, está entre nosotros desde la más anciana antigüedad o es una ocurrencia de Escrutopo para apropiarse de nuestra alma, ni me importa. Lo que si tengo claro, me parece evidente, es que estamos siendo manipulados, es que se nos está prometiendo un mundo feliz, después de la vacuna, que no va a existir.

El único mundo féliz es el que tenemos, el que ya teníamos, y solo será más feliz si prescindimos en él de manipuladores, de soberbios, de avariciosos, de acaparadores, de ávidos de poder, de usureros, de mesías de nuevas normalidades, de diseñadores del bien ajeno y de otros especímenes de calaña semejante. También el mundo sería más feliz sin virus, sin enfermedades, sin decrepitudes, sin la muerte, pero eso no está en nuestra mano.

Eso, sí, no estoy dispuesto a consentir que si me enfrío nadie venga a regañarme.

2 Comentarios

  1. Hola. No serás terraplanustani antivacunas pero tú crees a los científicos? A ver qué no es para morir de miedo pero un virus sea o no de laboratorio nos está dando …y si no crees los muertos y las cifras entonces de qué acusais al gobierno.,estoy con este gobierno porque parece que mira por las personas,gracias a Upodemos.

  2. Nunca escribo sin asesorarme antes con las personas adecuadas, con quién no lo hago, por supuesto, es con políticos ni con forofos políticos. Y me asombra su comentario porque yo no hablo del gobierno en ningún momento. hablo de la OMs y hablo de las medidas tomadas a nivel internacional sobre el inútil, tal como se ha configurado, uso de la mascarilla, incluso contraproducente, pero no me meto en temas políticos. Es más, creo que soy de los pocos que ha dicho que no importa que partido político hubiera estado en el gobierno la gestión posible habría sido en todo caso un desastre por los recortes, la falta de estructuras y el anticuado, y burocratizado, entramado administrativo. Pero entiendo que hay personas que solo saben de adhesiones inquebrantables y que todo tufillo a crítica les pueda parecer una afrenta. Cada uno con lo suyo, lo mío es hablar desde la mayor neutralidad posible.

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