ENTRE TODAS LAS ARTES: ¿QUÉ LUGAR OCUPA LA MÚSICA?

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Cada uno de nosotros la situará en un lugar diferente; dependiendo de con qué arte nos identifiquemos, de con cuál de ellas vibremos en una frecuencia más alta, o, de aquella que más nos acerque a nuestra “misión” o “visión” de vida…

Para mí, la música ocupa el primer lugar con mucha diferencia de las restantes; ¿qué sería sin ella del séptimo arte?, ¿qué sería de la  danza o del baile?…creo que perderían casi toda su belleza.

Si me diesen a elegir entre estar sorda o estar ciega; como cualquier ser humano, me decantaría por estar sorda, pero esto sería por una simple cuestión práctica (a nadie nos gusta ser dependientes); pero lloraría sin la música en cada puesta de sol y en el baile de las luminarias del cielo nocturno, al leer poesía o contemplando, desde cualquiera de mis atalayas, esos preciosos paisajes…

Dicho lo anterior, me centro ya en el tema y explico el porqué de mi preferencia:

1º  Cuando escucho música que me gusta, sobre todo la clásica compuesta por Verdi; aunque también Beethoven, Vivaldi, Strauss, Mozart, Falla…(por ese orden) y los instrumentos, piano, Guitarra, trompeta, Violín, Gaita…(también por ese orden), me doy cuenta de que la música tiene el poder de trasladarme desde los primeros acordes a otros mundos. Ella Eleva mi ánimo,  cura mis dolencias, me llena de energía.

2º Las otras artes son también sublimes, claro; pero no me curan, ni me dan energía, aunque sí pueden trasladarme a otros mundos y hacerme conectar con el Alma y hasta a veces con el Espíritu. La poesía en especial se acerca mucho, para mí, a la música cuando se trata de esa conexión expresada. De las restantes artes destaco por orden de preferencia, en cuanto a la emoción que me producen: la danza, el baile, la escultura, la arquitectura, el teatro, el cine. Sé que La pintura tiene muchísimo valor, pero es la que menos me emociona.

3º  Y, quizás, lo más importante: todos conocemos por el Antiguo Testamento esa aseveración (palabra sagrada o revelada para los creyentes ortodoxos) que dice: “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”…(no, no he cambiado de tema…) y ¿qué es el verbo sino vibración? ¿Qué es la música sino escalas y acordes vibratorios? ¿Qué es la vibración sino una propagación de ondas de energía? ¿Qué es la materia sino energía más o menos concentrada?…En fin la ciencia hace mucho que lo sabe. Pero ¿y nosotros…?, ¿nos damos cuenta realmente de la importancia que tienen los sonidos en nuestras vidas? ¿Somos conscientes de que el SONIDO es CREADOR? Sí, el verbo se hace carne y lo mejor de todo es que habita entre nosotros. El Espíritu Primigenio de donde surgió esa música divina nos cantó su melodía. Las almas inmortales no la hemos olvidado, es la música quien nos la recuerda…acorde tras acorde.

Por eso defiendo la música como la primera y más necesaria de todas las artes, aunque yo no sepa tocar ningún instrumento, aunque mi voz no llega ni a regular cuando canto…

Desde que el ser humano sopló dentro de una caracola de mar o de una simple caña con orificios; la música  se instaló en la vida de nuestra especie y se hizo necesaria para nuestra evolución.

Dicen algunos “conspiranoicos” (y no tengo claro que lo sean), que allá por el año 1939, un ministro de propaganda nazi, de cuyo nombre para qué acordarme, redactó un decreto mediante el cual instaba a todo el mundo a afinar la nota musical “LA” a 440 Hz, en lugar de a 432 Hz, frecuencia a la que al parecer se afinaba toda la música hasta ese momento. También cuentan que en 1953 Estados Unidos, Italia e Inglaterra, además de otros países europeos, no así Francia que se resistió hasta años después, adoptaron la frecuencia nazi. Ya Pitágoras, sin conocer qué era un hercio, afinaba la frecuencia vibratoria de los instrumentos a los 432 Hz porque, parece ser, sabía que esa frecuencia era un balance de sonido natural en concordancia con los principios de la media de oro PHI. Asimismo, afirman algunos que esa  frecuencia unifica las propiedades de la luz, del tiempo y del espacio, de la materia, de la gravedad, del magnetismo y el propio código genético.

Lo anterior llegó a mí  a través de una conferencia en la que se trataba el tema relacionándolo con la salud. Eso hizo que rastrease por la red para  comprobar cuánto había de verdad y, en honor a esa verdad, he de decir que no he podido probar empíricamente que sea más armónica una u otra frecuencia (se puede comprobar el efecto de ambas escuchando por internet piezas musicales en 440 y 432 hercios).

Y la gran pregunta es: ¿si los nazis lo hicieron y el resto de países también; por qué lo hicieron? ¿Qué intenciones se escondían o se esconden detrás de ese cambio de frecuencia musical?…

Por lo que  he podido investigar, existen más detractores que defensores del efecto sanador  que produce la frecuencia 432 y como en lo experimentado físicamente no detecto diferencia con la 440, esto debería hacer que me decantase por los detractores; pero la intuición me lleva a estar más del lado de los defensores y, por ende, pienso que quizás pudo haber cierta manipulación en el pretendido cambio. También, por añadidura, resulta que Verdi usaba la 432 (según lo investigado).

El poder de la música es muy grande, por eso quizás hayan existido o existan otros poderes que a través de ella hayan manipulado, manipulen, combatido y que todavía combaten.

Si tengo que defender de otra forma la música, sólo me resta decir que ella hace que los colores brillen con más potencia. Consigue que bailen mis células. A mis pies los mueve sin que yo los mueva. Acelera el fluido de la sangre en mis venas. Canto aunque no sepa y, lo mejor de todo, ME ELEVA. Por eso la música…SIEMPRE ELLA.

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