ENTRE PILLOS ANDA EL JUEGO

 

Image by XianStudio from Pixabay

 

Hay un gran problema a la hora de contar la historia; que ninguno de nosotros estuvo allí. Este problema nos suele llevar a interpretar la historia según criterios, filias y fobias, que nada tienen que ver con los personajes que sí la vivieron, lo que nos lleva a que haya una historia según la percepción de cada persona que intenta acercarse a ella. Para evitar esta disparidad e intentar una visión más o menos homogénea e imparcial,  existen los historiadores, personas especializadas en estudiar lo sucedido, en investigar e intentar, con base documental y un criterio no excesivamente personal, trasladar a nuestros tiempos lo que aconteció en épocas anteriores.

Seguiremos, siguiendo esta historia de historiadores, teniendo dudas y lagunas, porque ni nosotros, ni los historiadores, podremos vivir dentro de los personajes, ni reproducir todas las vivencias que los llevaron a comportarse como lo hicieron, pero al menos tendremos una visión más o menos desapasionada de los hechos que nos han conducido a ser como somos, a vivir como vivimos y a pensar como pensamos. Tal vez suene un poco fatalista, pero si cada uno somos nosotros y nuestras circunstancias, esas circunstancias que nos llevan a ser quienes somos se alargan en el tiempo por generaciones.

La nueva moda, la nueva e intolerable moda, de reescribir la historia según unos criterios ideológicos, éticos y morales absolutamente ajenos a los tiempos en los que se desarrolló, nos lleva a considerar que cualquier ciudadano de a pie, de dudoso criterio, evidente poca formación y carga ideológica invalidante, tiene derecho a contar la historia según a él le parezca y a elevar un juicio general a la contada por los historiadores.

Todo esto sería puramente anecdótico si no fuera porque tras estas actitudes existen intereses, algunos confesables, otros no tanto, y un aire absolutista que intenta forzar la aceptación de la historia contada según unos criterios sesgados con el único fin de justificar intereses presentes, electorales, económicos o ideológicos.

Creo que lo que sucede en estos momentos con el movimiento racial en estados unidos es un ejemplo claro de cómo las corrientes radicales sobre cualquier tema, aún las más dispares y alejadas, acaban uniéndose en una extraña alianza de intereses y oportunidades. De cómo un movimiento de reivindicación por una deriva racista intolerable de una sociedad acaba confundiendo, interesadamente, sus objetivos y sirviendo a objetivos de aquella idea contra la que inicialmente protestaban: el supremacismo blanco anglosajón, centroeuropeo, que domina la cúpula económica en aquel país, y cuya lucha por borrar las raíces e influencias hispanas en su historia, que debe de iniciarse con el desembarco de la “Myflower” y el imprescindible exterminio de las tribus aborígenes, lleva a la persecución de cualquier símbolo de una cultura que aborrecen por ajena. Aquellos mismos que hicieron de la esclavitud negra su gran herramienta económica, que mataron, y aún matan,  indiscriminadamente a indios, negros, hispanos, chinos y a cualquiera que no sean ellos, se valen de las protestas de esos mismos colectivos, que fueron sometidos a un trato inhumano, para endosar su genocidio a otra cultura que les incomoda.

Solo desde una visión muy sesgada de la historia, visión que existe y que se puede detectar en manifestaciones culturales, se puede pensar que la expansión de la esclavitud en América se produce como consecuencia de la colonización española, cuyas leyes prohibían expresamente la esclavitud. Solo desde una visión muy sesgada de la historia puede asociarse el fenómeno de los negreros, los comerciantes de la esclavitud negra, fundamentalmente holandeses, franceses, ingleses y portugueses con la colaboración de las tribus costeras africanas, con una forma de colonización que sigue las pautas de expansión cultural y religiosa heredadas de Grecia y Roma. Por el contrario la esclavitud, no solo la de los negros, es un recurso habitualmente usado por las colonizaciones anglosajona y centroeuropea, como puede estudiarse en el envío de esclavos irlandeses a América en pleno siglo XVII.

El esclavismo, según la visión de esta nueva e inconsistente historia, solo existe como fenómeno racial contra los negros, ignorando que durante toda la historia antigua la esclavitud era una práctica habitual en todas las culturas. Esclavitud cuyo origen era la guerra, no la leva, y cuyo objetivo era la obtención de mano de obra económica para la expansión colonial y el crecimiento económico.  Esclavitud que no solo se practicaba en Europa como bien sabían los esclavos de los mayas, aztecas, toltecas y demás culturas preponderantes pre-colombinas.

Es muy difícil, en la extensión y formato de un artículo, aportar todos los argumentos, documentación y testimonios, necesarios para desmontar la peregrina idea que asocia la esclavitud en América a la colonización española. Es muy difícil y, además, doctores tiene la Historia que la han desarrollado y explicado abundantemente para aquellos que tienen interés en saber lo que pasó, y no en enrocarse en  lo que ellos sostienen que pasó. Pero como pequeña contribución a una reflexión sencilla repasemos dos puntos que pueden ponernos sobre la pista:

  1. La ubicación geográfica del esclavismo negro. Norteamérica, colonización anglosajona, algo de Centroamérica y Caribe, colonización o influencia de Norteamérica, Holanda y Francia, y Brasil, colonización portuguesa. Prácticamente no existe esa situación racial en los países hispanos de Sudamérica, ni en los de más fuerte tradición española de Centroamérica, como Méjico, Costa Rica, Honduras, Guatemala…
  2. La mezcla de razas. En los lugares donde predomina la cultura anglosajona la mezcla de razas es prácticamente inexistente. En Estados unidos, la India o Australia, no existen fenómenos de interacción de las razas. Los cimarrones, vástago de blanco y piel roja, son una rareza prácticamente inexistente, contra la proliferación de un crisol de mezclas en los países de influencia hispana (criollos, mulatos, castizos, mestizos, zambos, harnizos, cholos, …), cuyo modelo de colonización buscaba, mediante la convivencia y el pleno reconocimiento de derechos, la integración de las poblaciones indígenas como miembros de una única sociedad, política y religiosamente concebida.

Siempre habrá casos, tanto en un modelo como en el otro, de personajes que saliendose de la norma puedan ser usados para intentar rebatir la tendencia general, pero como bien dice el dicho, la excepción suele confirmar la regla.

Y una última reflexión, Miguel de Cervantes, cuya estatua también ha sido arrastrada, pintada y vejada, fue sometido a esclavitud en Argelia cien años después de que Colón llegara a América, algo que parece ser que ignoran los movimientos de reivindicación que favorecen los objetivos de la extrema derecha anglosajona y centroeuropea infiltrada en el movimiento de reivindicación de la raza negra, y parece ser que indígena americana, por añadidura.

Entre pillos anda el juego, y no hay nada más pillo que aprovecharse de la ignorancia, o de la soberbia, o de la soberbia ignorancia, ajena para lograr que te hagan el trabajo sucio, incluso en contra de su propio ideario. Pillos, pero indudablemente más inteligentes de los que siendo usados se creen paladines.

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