ENTRE LAS MOSCAS

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«Ayer, a última hora de la tarde, el Tribunal Prostitucional, dictaminó la improstitucionalidad de la nueva Ley de Enseñanza que había obtenido luz verde en el Congreso de los Dizorrados. Artianos muy polémicos como el 121.2 «Cualquier ciudadano mayor de tres años, tendrá acceso a libros impresos, siempre conforme a su edad y desarrollo intelectual, siempre de gratuita y siempre sin censura o alteración».Este artiano, sobre todo, ha levantado anrabos en la sociedad civil, y un clamor popular exigía la derogación de esta ley que supone, según muchos, un retroceso frente a la nueva cooltura neuronal de igualdad global implantada desde hace años por la multinacional BRAINOT. INC. En otro orden de cosas…»

Camilo vertió un vaso de agua caliente sobre su cabeza y las palabras dejaron de retumbar en su cerebro. Está prohibido hacer eso; como también su colección de revistas porno, los vinilos de Led Zeppelin que guarda con celo en el doble techo del aseo o su colección de bragas Princesa de segunda mano adquirida en tiempos más propicios para los pequeños placeres.

Pensó en masturbarse, pero entre que perdió las manos en un Reality Show hace cosa de dos meses en la cadena de TV «Telahinco» y que la flexibilidad de su cuerpo es ya reducida, chuparse la polla se convierte en un suplicio, más que en lo que debería de ser: ese privado acto que relaja más que el Valium.

De modo que, con pocas cosas que hacer y con 37 minutos de holganza hasta que algún asalariado BRAINOT. INC se percatara de que Camilo Blanco Nudo no estaba conectado al mundo de los vivos, el héroe de la calle Enfisema, número diez, optó por salir al balcón y declamar a viva voz, aquellos versos de su poeta:

«El tiempo se pierde
Porque nos sobra;
Igual que unos calzoncillos,
Una muda limpia
O los últimos veinte minutos
De una película porno….»
La segunda estrofa quedó en el tintero, pues un francotirador apostado frente a su casa, le borró los últimos cien recuerdos.

Camilo vertió un vaso de agua caliente sobre su cabeza y al ver que carecía de manos, dibujó sobre el suelo de cemento pulido, hundiendo el muñón derecho en un bote de pintura acrílica azul a modo de brocha, los nombres de todos los exnovios de la biznieta de María Teresa Campos.

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