ENTRE LA ESTULTICIA Y LA INSENSATEZ

 

No voy a pedir disculpas por llamar estúpidos a los que lo son, no voy a pedir disculpas por decir lo que pienso de los que se creen que su verdad es la única verdad, tampoco las voy a pedir por no decir cuál es la mía, porque no tengo verdad, al menos una verdad absoluta que pueda desplazar la de los demás, sólo la de aquellos estúpidos que están a caballo entre estulticia y la insensatez. Mi verdad la llevó buscando hace mucho tiempo, más de medio de Siglo, y lo único que he descubierto es que soy lo que soy, pero que puedo ser mejor, no el mejor, tampoco deseo serlo, sólo quiero formar parte de la mejor obra de la humanidad a la que he sido llamado como aprendiz.

Nos creemos exclusivos y no lo somos, nos creemos los mejores y ni siquiera sabemos pedir disculpas por nuestros errores, vivimos en una constante esquizofrenia donde la falta de coherencia entre lo que pensamos y  lo que hacemos es la constante de nuestro movimiento, no se sabe hacia dónde.

Hemos aprendido a vivir por imitación, hemos aprendido a pensar sobre lo que otros han pensado. Vivimos amarrados a estereotipos, a libros de autoayuda, a movimientos ideológicos donde las ideas se traducen en confrontación con el que no piensa lo mismo. Hablamos de moral  y nos convertimos en moralistas, cuando ni siquiera sabemos distinguir entre los bueno y lo malo, sólo entre pecado y el perdón, pecado fabricado por religiones impuestas, perdón como milagro de la salvación eterna.

Pero a los estúpidos no los aguanto, son insufribles, entre ellos los patriotas que llevan la banderita hasta en la ropa interior, a los que les excita la crítica a la revolución de los pobres, de los necesitados, de los desahuciados, de los que guardan largas colas ante la beneficiencia para poder comer, porque no tienen trabajo o edad para tenerlo, quizá porque quienes les critican sean los patrocinadores de tanta desigualdad, de despidos sin causa, de salarios ridículos, de trabajo en precario.

Vuestras frustración por el mundo gris en el que vivís os hace ser intolerantes, zafios y groseros, no sabéis lo que es el humanismo, la empatía. Os molesta la pobreza porque tal vez sea la obra de vuestra cara oscura.

No os aguanto cuando os convertís en bocazas que no piensan lo que dicen, o que dicen lo que piensan sin pensar el daño que pueden hacer, sólo porque se consideran sinceros. ¿Quiénes sois vosotros para criticar?. Estúpidos incoherentes. Incoherentes que exhibís dioses a los que no hacéis caso, a los que negáis  con vuestra conducta.  Insufribles con el Copyrigh de indulgencias plenarias.

Vosotros habláis de libertad de expresión, de libertad de pensamiento que queréis convertir en dogmas, y no sois más que la reproducción de vuestros amos, de vuestros políticos, de ideologías caducas y de confrontación. Exhibís y os apropiáis de banderas y símbolos que dividen. Vade retro. PONEROS LA MASCARILLA PARA NO CONTAGIARME. No quiero ser como vosotros.

 

 

 

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