ENTRE EL SUEÑO Y LA RUINA EXISTE UN ESPACIO…

Una página de Hypnerotomachia Poliphili (Venecia, 1499), impreso por Aldus Manutius en 1499

Hypnos, sueño; eros, amor; mache, lucha.

Recorrer, en sueños, distintos espacios de culturas pretéritas representadas a partir de sus lenguas y  de sus creaciones arquitectónicas. Esta era mi intención hace algún tiempo. Este tránsito onírico lo había ido pensando como un viaje hacia la Antigüedad.

Y, de manera inesperada, me encontré con este libro, uno de los más singulares y enigmáticos, del que desborda un apasionado anhelo de perfección, sabiduría y belleza absolutas bajo el signo del Amor. Me sentí inmediatamente rodeada de un aura de esoterismo enfermizo.

A parecí en el Renacimiento mirando a través de sus profusas y pulidas xilografías envueltas en misterio. De estirpe medieval y a modo de poesía alegórica, se convierte página a página en una “enciclopedia humanística, en una ingente amalgama de conocimientos arqueológicos, epigráficos, arquitectónicos, litúrgicos, gemológicos y hasta culinarios”.

El texto está escrito en un insólito italo latín: palabras de raíces latinas y griegas indefinibles, mezcladas con la lengua italiana; sus ilustraciones incluyen árabe y hebreo; incluso el autor, el Frater Franciscus Colonna, inventó algunos términos  cuando los que conocía eran inexactos.

Volver a la Antigüedad clásica desde la era cristiana ¡qué anacronismo! Petrarca anhelaba “volver a la antigüedad”, como todos los renacentistas, pero la distancia que separaba su tiempo del antiguo le dio a entender perfectamente, que los rasgos particulares de una sociedad determinada en un determinado momento forman una constelación característica, con una visión que superaba  la fragmentada visión anterior y precipitaba su crisis creativa.

Sin embargo, para este fraile véneto F. Colonna, no había sentido del anacronismo: lo antiguo y lo moderno se encontraban en un tris. Aún más: la antigüedad que recrea su narración y las 171 xilografías  a ella asociadas son un sueño que ocurre dentro de otro sueño.

Un imaginario del que sólo habían quedado un cúmulo de ruinas ocupando un lugar central como un arquetipo coexistente, que no sólo estimula miradas melancólicas sino que induce a una acción restauradora, pero sin perspectiva histórico- arqueológica.

La consideración histórica de las ruinas, de acuerdo con Edmun Burke (“A Philosophical Enquiry into the Origin of Our Ideas of the Sublime and Beautiful”), empieza con Petrarca: “Al contrario que los autores medievales, Petrarca no daba por supuestas las ruinas de Roma. Fue el primer anticuario moderno, en el sentido de alguien a quien interesa la reconstrucción del pasado a través de sus restos físicos”.

Cuando el protagonista se duerme,  durmiendo se ubica en un espacio en ruinas, en los trozos del mundo antiguo desde un presente “vivo”, que recuerda en algún pasaje  a “La Divina Comedia” de Dante.

La ruina expresa la mutabilidad y fugacidad de las cosas humanas y emerge en el Sueño en forma de historias desdichadas, pero de forma simultánea, es un objeto digno de contemplación en sí mismo, en tanto fragmenti nobili que ha resistido el paso del tiempo. Es la creación de una nueva antigüedad.

“Debemos comenzar con cómo el dios Zeus se transformó en cisne y así fecundó a Leda (que rechazaba al padre de los dioses) la cual puso un huevo del que salieron Castor y Pólux y otra pareja de gemelos, Helena y Clitemnestra.” (https://www.diccionariodesimbolos.com/ → Cisne, Federico González Frías. Libros del Innombrable, Zaragoza 2013).

Nada es tan propio de los sueños como sustraerse a las leyes del espacio y no obrar bajo las coordenadas del tiempo.

“El Sueño de Escipción” de Cicerón distingue cinco variedades de sueños. Son el somnium (sueño enigmático), la visio (visión profética), el oraculum (sueño oracular), el insomnium (ensueño) y el visum (aparición).

En el Poliphili participan insomnium¸visum y somnium, aunque aparece el ensueño cuando actúan las pasiones: se perciben unas imágenes que no expresan una predicción de futuro, sino una rememoración de la realidad.

Cuando Polifilo se sumerge en el sueño, el escenario cambia y comienza su viaje. A partir de este momento, la antigüedad ingresa en lo que está soñando en una construcción onírica de la antigüedad explicada desde la evocación, en términos arquitectónicos y lingüísticos, de una antigüedad conformada por distintos segmentos de civilizaciones antiguas.

Pero en el ámbito del sueño, la interpretación se presenta para cualquier ser humano como un fenómeno difícil, y no siempre concluyente. La separación entre el sueño y la realidad, post factum, se rebela en la visio in somniis”.

David Pankow, curador recientemente retirado de la Colección Cary, Instituto Tecnológico de Rochester, habla sobre la copia de la Biblioteca Fisher de Hypnerotomachia Poliphili, específicamente, la traducción francesa de 1546 por el impresor Jacques Kerver, y cómo se compara con la edición italiana original de 1499 de Aldus Manutius:

Pero, ¿de qué Antigüedad nos hablan estos sueños?

Para Colonna no existe una antigüedad específica, sino una antigüedad metafísica, de la que no está ausente una antigüedad moderna, porque representa el pasado en términos del presente, trasponiéndonos no a una época remota, sino a un lugar distante, que existe a partir de la superposición de elementos de distinta naturaleza (híbridos), y la fusión de diferentes culturas (sincretismo).

El espacio y el tiempo son siempre otros e irreales. Como peregrinos de la vida nos enfrentamos a la tarea de decodificar una antigüedad híbrida, construida en función de nuestro extravío espacial y espiritual.

Cedemos espacio hacia lugares aglomerados con imágenes oníricas que remiten a un pasado transfigurado. La memoria se vuelve para recordar y apuntar lo soñado, dando nacimiento a esta novela y a cada una de nuestras biografías, siendo nuestros recuerdos el acompañamiento visual indispensable para comprender el contenido onírico, construido sobre la ausencia de linealidad.

Como Dante, o Petrarca, en su ascensión al Monte Ventoso, para Polifilo el horizonte espacial alude al horizonte espiritual. Pero su inquietud ante la ausencia de referencias espaciales adquiere otra dimensión. La antigüedad es un espacio híbrido y en cierta medida indescifrable, dominado por la invención, antes que por el redescubrimiento.

REFERENCIA: Francesco Colonna. Sueño de Polífilo; edición y traducción de Pilar Pedraza. Barcelona: El Acantilado, 1999. ISBN 8495359057.

Más y bien:

EL VIAJE HACIA LA ANTIGÜEDAD EN EL SUEÑO DEPOLIFILO DE FRANCESCO COLONNA (VENECIA, 1499 , Mariana Sverlij-  Universidad de Buenos Aires-CONICET

Quintana ISSN 2340-0005 Universidad de Santiago de CompostelaDepartamento de Historia del ArteServicio de Publicaciones e Intercambio Científico

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