EN LAS ALTURAS

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Con paso firme y bien decidida a acometer la mayor empresa de su vida, Sara, espera con paciencia a que el ascensor número doce del edificio Cosmos, baje rápidamente, abra sus puertas y la suba a catorce metros por segundo hasta la planta noventa, el lugar en donde Jorge la aguarda impaciente: Apartamento 90.010, dos golpes de nudillo. El sabrá que es ella y abrirá la puerta; al fin solos al fin juntos y todo el tiempo por delante.

 

Se conocieron la semana pasada al cruzarse en uno de los interminables y circulares pasillos del Cosmos:

El se fijó en la cara redonda y brillante de Sara y Sara en el rostro alargado y melancólico de Jorge.

-Crees en las casualidades? 

Fueron la primeras palabras que Sara escuchó de los labios de él.

-No, -respondió ella-, pero soy fiel creyente del destino. Eres tú mi destino?

-Es posible, quien sabe.

El ascensor llega y recibe en su seno a Sara, que entra como un regalo sorpresa en una bonita caja con lazo incluido.

-Planta, por favor? –dice una voz metálica procedente de ninguna parte y de todas a un tiempo.

-Noventa –responde Sara mientras nerviosa busca en su bolso una muestra de perfume “Blue Shell”, el favorito de Jorge y se mira en el espejo que viste la pared del ascensor que la subirá al cielo-.

Se cierra el mundo antiguo con el lento cerrar de párpados del elevador y uno nuevo comienza.

Sara y Jorge se quedaron mirando, no mucho, un segundo de catorce metros.

-Tú lo sabes, no me mientas…Lo eres? 

-Sí Sara, lo soy. Lo que tú siempre has buscado yo lo tengo…¿Cuándo?.

-El jueves que viene, apartamento 90.010. Estarás allí?.

-No lo dudes –y sonrió mostrando una amplia y franca sonrisa-..

…En quince segundos el ascensor llegó a la planta noventa.

Sara salió tímidamente de su caja y con pasos cortos recorrió los doscientos metros de curva que la separaban del apartamento en donde Jorge la esperaba.

Al llegar se puso de frente a la puerta, respiró hondo y golpeó dos veces con los nudillos.

Unos pasos se escucharon dentro y dos segundos después la puerta se abría mostrando a Jorge con su cara alargada.

-Hola Sara..ven entra…

La puerta se cerró sola tras ellos…luego se abrazaron, besaron, hicieron el amor durante toda la tarde hasta que el sol se desinfló como una pelota pinchada, cayendo detrás de las montañas.

Tumbados sobre una cama blanca, desnudos, Sara y Jorge contemplan la ciudad desde los más alto.

Alguien llama a la puerta con fuerza quiere entrar a toda costa.

-Abra la puerta por favor, Sara, por favor abra la puerta!!!.

Jorge se incorpora y abriendo un cajón de la mesilla saca un revolver negro, lo mismo que un gran escarabajo.

-Ha llegado el momento Sara…Lo hago yo por ti?.

-Agentes derriben la puerta, por Dios!!!

-Sí Jorge, por favor…

Jorge amartilla el arma, coloca el cañón sobre la sien derecha de Sara y aprieta el gatillo. Un sonido seco y sordo.

La puerta del apartamento salta por los aires empujada por un ariete de la policia.

Dos agentes de paisano y tres de uniforme entran armas en mano al apartamento.

-Hemos llegado tarde inspector. Mírela, con ella ya van cuatro esta semana…

Sobre la cama Sara yace desnuda, con la cabeza destrozada por un disparo. Sostiene en su mano derecha un revolver de gran calibre. Está sola, no hay nadie más.

El inspector se acerca a ella y la cierra los ojos que permanecían abiertos con la mano. Después, desesperado pega una patada a una silla.

-Otro Suicidio Andrés. Cómo vamos a parar esto?? Esa endemoniada droga, está matando sin piedad, joder, qué vamos a hacer…!!!

Andrés enciende un pitillo.

-Hay mucha soledad, Jefe, y el «Dimetrocol», ayuda a la gente a sentirse menos sola….La droga debía de estar muy cortada y Sara tuvo un mal viaje, el peor de todos…ES EL DESTINO JEFE, EL DESTINO.

* DIMETROCOL: Droga sintética creada por los laboratorios Reprolex que facilita a los moribundos una muerte dulce, mediante la creación en su cerebro de ser un virtual que hace que la persona no se sienta sola en el tránsito. El Dimetrocol, fue introducido de manera ilegal en la calle hace unos dos años y vendido como el «colocón definitivo». Ha matado ya a más de 2000 personas, la mayoría hombres y mujeres menores de treinta años.

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