ELECCIONES ¿TE LA JUEGAS O NO?

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Muchas veces me he preguntado si realmente cambiaría algo en mi vida el resultado de unas elecciones.

Directo elecciones Madrid 4M: Diario de la campaña electoral
Diario de la campaña electoral – Telemadrid

Lo he pensado hasta hace no muchos años, desde la crisis que duró desde 2008 hasta 2016, (si realmente salimos de ella, idea que me replanteo ante mis dudas).

Claro está que si salimos de ella no fue ni airadamente ni por mucho tiempo. Recuerdo que Felipe dejó pasó a José María, éste a José Luís y por último apareció Mariano. En medio de este último paso, yo ya estaba trabajando. Como la madurez viene antes o después, me pregunté qué estaba pasando. La crisis anterior, la que hubo en torno a 1996 me cogió con unos veinte años y, como no faltaron los ingresos en casa, ni se me pasó pararme en serio delante de los telediarios. «Para qué» si eso no va conmigo.

Ahora, en mi día a día, me levanto, desayuno y me voy a trabajar. Termino mi jornada laboral y vuelvo a casa o hago recados. El fin de semana, la compra, me encargo algo más de la casa y de los hijos y quedo con la familia o con los amigos. Podría ser un plan típico de una familia tradicional. Aunque podría ser otro cualquiera.

Echando la vista atrás me doy cuenta de que la industria ha cambiado mucho. La forma de producir tiende a centralizarse lo más posible, menos trabajadores y con una preparación más específica. Por lo tanto, tienen que aparecer las empresas subcontratadas. En éstas, en las que el salario es bajo y poco estable, es en donde te sueles encontrar con más extranjeros. Personas que aunque tengan una carrera o estudios prácticamente trabajan de pinches.

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Sí, ahora me detengo más en los detalles; me doy cuenta de que cada vez se cruzan conmigo más personas que provienen de Asia, África y América, y no solo por la calle, estas personas también atienden en los negocios: unos llevan un kiosco, otros están detrás de la barra de un bar y otros pocos regentan los tan famosos bazares chinos. Algo que también he notado, cuando hago los recados o voy a la compra, es que esperas encontrarte un bazar o una ferretería abierta cerca de tu casa y resulta que ha cerrado. En la calle donde vivo no se nota tanto, pero si te das una vuelta por las calles paralelas, en las que no hay tanto movimiento de gente, negocio que cierra no vuelve a abrir. Por otro lado, no dejan de abrir grandes centros comerciales, aunque los nuevos se coman a los viejos, o no tan viejo.

Si pasamos a la educación, esa EGB en la que aprendí a leer y escribir, ahora llamada primaria, ha cambiado mucho. El colegio, siendo el mismo, está lleno de carteles, de hojas dibujadas y de mensajes. Pero lo que hacíamos sobre papel ahora empieza a ser casi lo anecdótico. Sin embargo, la educación no ha mejorado tanto como parece ni siquiera como debería, a pesar de que hay más medios y menos alumnos por clase.

El mundo laboral, la sociedad y la educación ha cambiado mucho a mi alrededor. Quizá no tanto como en otras grandes ciudades como Madrid o Barcelona, pero sí que ha cambiado. No sé si para mejor o para peor. También noto, no sé si será por la edad, que los cambios son cada vez más rápidos y nos afectan de una forma más profunda. De una manera que llega a asustar. Me da la sensación de que estamos nosotros más en la nube que la propia información.

Por eso, y para terminar, veo muy necesario que la sociedad se empape de lo que en ella hay, pero sin perderse en ese mar de estímulos, de luces y de pantallas. Hay que empaparse de crítica, pero de una critica tan feroz como sana. Hay que ser más inteligente que aquellos que nos intentan coaccionarnos de alguna manera.

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Los inventos y descubrimientos como la brújula, la imprenta o la electricidad han revolucionado el mundo, lo han puesto de patas arriba. Han cambiado hasta la religión. Por eso, es necesario tomar las riendas de todo aquello que nos afecta y no lo podemos hacer si no nos interesamos por lo que sucede a nuestro alrededor, hay que dejar atrás los cantos de sirena que nos llaman a estrellar nuestra nave contra las rocas. Todo esto se traduce en un solo acto, tan sencillo como molestarse en ir al colegio, pabellón o ayuntamiento que te toque, coger un papelito, el que tú quieras, y meterlo en un cubo trasparente junto con otros muchos. Este hecho puede ser tan profundo o tan banal como se quiera, pero cuanta más profunda y libre sea la crítica que la sociedad haga de sí misma, mayores serán las raíces que la sujetan ante los huracanes que la acechan. De lo contrario la primera tormenta fuerte arrasa con todo.            

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