EL PODER DE LA PALABRA

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La palabra tiene el poder de dar forma a nuestro universo interior y exterior.

Imagen: efyc.jrmartinezriera.com

En algún momento del camino del transcurrir la historia, se perdió el magisterio sobre la fuerza enigmática de las palabras.

Podríamos pensar que el conocimiento del habla y del sonido es quizás el secreto mejor guardado de todos los misterios antiguos.

Pero, ¿Qué importancia tiene?

Albert Pike, en su libro “Morals and Dogma” indica: «La PALABRA conduce y controla el Universo, todas las esferas, todos los mundos, todas las acciones de la humanidad y de cada criatura animada e inanimada». Parece entonces, que relaciona LA PALABRA con LA ACCIÓN.

Imagen: nomadasconraices.com

¿Adaptamos la acción a la palabra, al revés, o vamos a lo loco?

Las convicciones correctas llevan a intenciones correctas que deberían ser inmediatamente seguidas por acciones correctas.

Si nos centramos en su poder, el elemento esencial de convicciones, intenciones y acción, más allá del inventario de formas y medios, debería encontrarse en el significado otorgado a nuestra identidad y a nuestro propósito.

Hay que darle alma, para ser una realidad, no solo un motor, a nuestra palabra; de no ser así la cohesión y solidaridad humana no tienen la fuerza suficiente.

Imagen: © Alberto Ruggieri Works/Corbis

El poder de nuestra palabra nace menos de la extensión de nuestro discurso o de su elocuencia y más de lo que significa: nos socializa, ilustra y solidariza en valores que unen o separan; pero también nos representa socialmente.

De hecho, nuestra palabra es fuerte si se basa en un sentido de identidad, que defienda ética y humanismo. La confianza y la motivación humanas multiplican por diez cualquier otro recurso.

Estos aspectos intangibles crean significado y federan energías para darnos una solidez adamantina.

Al preferir la fragmentación, la época moderna crea una sociedad egoísta. Tal vez sea bueno mostrar nuestro gusto por lo audaz, incluso el hambre por lo utópico, y nuestra apuesta por una sociedad armoniosa.

Se exigen otras cualidades al Verbum para dar sentido y dinamismo al poder de nuestra palabra: debe haber una razón de ser y un propósito (el «por qué») en lugar de gesticulación o un inventario de fortalezas (el «qué»).

Debería ser una disciplina o un pegamento que no se derritiera en el calor de la acción, como la cera puesta al sol.

El Poder de las Palabras

Única grabación de la voz de don Miguel de Unamuno – El poder de la palabra (1931):

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