EL PODER DE LA INSIDIA

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«Insidioso es el que prepara cautelosamente los medios de hacer daño; su instrumento es la asechanza». José Joaquín de Mora

Imagen: comportamientonoverbal.com

Últimamente, el fenómeno de la mentira y la capacidad y tendencia humana a la insidia han dado lugar a numerosos artículos, investigaciones y encuestas.

 

Pero la tesis de la insidia fue expresada hace 2.500 años por Platón, quien muestra al insidioso como un manipulador que busca el bien común. En su “República”, la mentira en política preserva el control y la justicia del Estado en manos de los gobernantes (que son los filósofos).

Cuando alguien decide practicar la insidia, debe determinar cómo expresarla, (conocimiento lingüístico); estimar cómo entenderá el oyente la expresión, (habilidad pragmática); calcular el cambio en las creencias provocado (lógica epistémica dinámica); y poseer las habilidades cognitivas para realizar estos cálculos (ciencia cognitiva y psicología cognitiva y del desarrollo).

El receptor, a su vez, intentará determinar si el hablante está mintiendo, siguiendo pistas, por ejemplo, cantidad de detalles proporcionados, tono, consistencia interna y necesitará estimar la probabilidad de que el hablante mienta en la situación específica, para detectar la mentira. “Lie Detection from Multiple Cues: A Meta-analysis”, escrito por BM DePaulo en 2003, es una fuente soberbia de estas pistas.

Todos estos aspectos involucrados en el acto de practicar la insidia están conectados.

Imagen: laverdad.es

La mentira debe distinguirse de otras acciones y otros actos de habla similares. Engañar sin mentir, con un comportamiento no verbal es, por ejemplo, actuar como si no vieras a un vecino entrometido al salir de un after. Mentir es diferente a fanfarronear y una omisión tampoco es una mentira.

¿Existen diferentes tipos de mentiras? :

Mentiras piadosas. Son las pequeñas cosas falsas que decimos en un esfuerzo por no herir los sentimientos de alguien o simplemente para ser educados. Se dicen sin intención maliciosa y sirven a propósitos sociales.

Platón introdujo el concepto de la «noble mentira», solo aceptable para la élite en su afán de armonía social. Otro término, «mentira piadosa» se viene utilizando desde el siglo XVIII; aparece impresa por primera vez en 1741, según el Oxford English Dictionary, cuando se examinó el contraste entre mentiras blancas y negras.

Es también, la mentirijilla, la que se cuenta los niños; pero los niños necesitan asimilar su significado para aprender a manejar las relaciones; si no ven cómo funcionan las mentiras en la sociedad, corren el riesgo de ser ingenuos y no comprender cómo otros podrían manipularlos.

Promesas rotas. La mayoría de las promesas incumplidas no están motivadas por la mezquindad ni se repiten de forma rutinaria. Las promesas son uno de los mecanismos psicológicos humanos más antiguos que fomentan la cooperación y la confianza. Nunca deberían usarse para manipular a otras personas; los desacuerdos entre las partes pueden conducir a la justificación de que no se pueden, no se necesita o no se deben cumplir.

Mentiras intencionadas o instrumentales. Parece ser que la mayoría de las mentiras serias se originan en malos comportamientos que los mentirosos pretenden ocultar, para lograr un provecho personal. Mienten instrumentalmente quienes desean obtener algo evitando el castigo de una mala praxis. Para que las mentiras que protegen al prójimo se consideren serias, deben sobrepasar verdades más feroces que viandas incomibles o vestimenta ridícula.

Las mentiras hacia uno mismo (autoengaño). Algunas personas inventan historias de aventuras de fin de semana para parecer más emocionantes o deseables, o intentar formar parte de un grupo; otras, fingen indiferencia o evitan expresar una opinión contraria a la de los demás.

Imagen: lamenteesmaravillosa.com

Los rumores. Son una forma engañosa de socavar el trabajo o la credibilidad de alguien. Si se permite continúen, pueden convertirse en una atmósfera de desconfianza e incluso miedo, especialmente cuando perjudican el trabajo o la reputación de alguien.

La exageración. Es la más común usada por las personas que quieren transformar historias aburridas en fantásticas. Se considera que una exageración es una mentira cuando intencionalmente se intenta engañar a otros para que crean que los acontecimientos ocurrieron como no sucedieron.

Existe una delgada línea entre la exageración y la mentira absoluta. Las historias que contienen mentiras escandalosas e increíbles pueden llevar a resultados nocivos; las mentiras descaradas dañan las relaciones sociales.

El plagio. Es el embuste de apropiarse de la autoría de algo, es presentar las palabras o ideas de otros como nuestras.¿Dónde trazar la línea divisoria entre el uso justo o fraudulento de las palabras e ideas de otros? ¿Hay una gran zona gris? ¡Y si todos somos culpables de desviarnos hacia esa área gris del plagio involuntario! ¿Puede existir un plagio más intencional que otro?

Mentiras compulsivas. La mentira patológica, mitomanía o pseudología fantástica, es el comportamiento crónico de la mentira compulsiva o habitual. Un mentiroso patológico parece mentir sin razón aparente.

Un estudio de 2016 sobre lo que sucede en el cerebro cuando se miente, descubrió que cuantas más falsedades dice una persona, más fácil y frecuente se vuelve la mentira. Los resultados también indicaron que el interés propio alimenta la deshonestidad.

Quien miente se compromete con algo que cree que es falso, mientras que los insidiosos (quienes engañan) evitan ese compromiso, y esta diferencia puede marcar una diferencia moral. Pero, existe conflicto con las dos posiciones principales que los filósofos han defendido en la ética de la mentira y el engaño: unos aseveran que mentir es, en virtud de su naturaleza, peor que engañar, y los otros que no existe una diferencia moralmente relevante entre mentir y engañar.

Parece ser entonces, que deberíamos analizar caso por caso, teniendo en cuenta diversas consideraciones, incluida la confiabilidad de los respectivos medios de engaño, la pretensión (anulable) de veracidad del destinatario y lo que expresa la elección de mentir o engañar.

Pero la insidia, ¡oh la insidia!

En el tejido de las emociones humanas, más allá del carisma, y en las catacumbas de la sugestión, hay seres capaces de seducir mediante una dolorosa ruptura con los lazos humanos. Los hay incluso con carisma, ese don divino que se otorga en la tienda de los líderes.

Ha surgido un «equilibrio del engaño». La insidia ocurre cuando un individuo transmite información a otro con la intención deliberada de inducir a error, y puede tomar muchas formas, que van desde la falsificación absoluta hasta la equivocación o la evasión.

Una forma de insidia ocurre cuando entre los interactuantes existen objetivos en conflicto y uno de ellos trata de persuadir al otro para que adopte su perspectiva. La insidia en contextos persuasivos difiere de la que se produce en otros contextos, donde el ocultamiento o el equívoco pueden ser otras tácticas.

Imagen de Rosell para «La insidia» de Julio Llamazares

Cuando se piensa en una «buena» acción o en tomar una decisión «correcta», se entra al territorio de la filosofía moral. Las ideas de la ilustración influyeron extraordinariamente en el pensamiento ético moderno. La moralidad está relacionada con las acciones humanas: existen ciertos principios que pueden separar las acciones humanas y, por tanto, las decisiones «correctas» de las «incorrectas». Jeremy Bentham y los utilitaristas iniciaron el principio de utilidad, e Immanuel Kant inventó el imperativo categórico, creando así cada uno tradiciones con un gran impacto en la ética y en la toma de decisiones de hoy en día.

Si los líderes piensan que sus posiciones de poder les elevan por encima de la necesidad de cortesía, respeto y cuidado, sucumben a la insidia. Cualquier persona capaz de controlar la influencia de su ego logra algo especial: la acción correcta por las razones correctas.

NO A LA INSIDIA – Veritas: la verdad bajo acecho

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