EL PIN IDEOLÓGICO

 

Que los herederos de Don Pelayo quieran imponer el PIN PARENTAL no sería descabellado cuando lo que buscan no es la libertad de educación, sino todo lo contrario, educar a los niños en el nacional catolicismo de una época de la historia de España que parece impregnar su sangre con el virus de creerse moralmente superiores a los demás.

Image by Stefan Pütz from Pixabay

 

Así que, nos encontramos ante la encrucijada o dilema de siempre: ¿qué es lo moralmente aceptable y qué no lo es?.

La moral proviene del latín moris como el conjunto de creencias, costumbre, valores y normas de una persona o de un grupo social que sirven de guía en nuestra forma de actuar, o lo que es lo mismo, para saber diferenciar entre lo que es correcto y no lo es. La moralidad, por tanto, sería el conjunto de principios o ideales que ayudan al individuo a distinguir el bien del mal, a actuar de acuerdo con esta distinción y a sentirse orgulloso de la conducta virtuosa y culpable de la contraria.

Los estudiosos del tema distinguen tres elementos en el desarrollo moral, como son los afectos morales de los cuales se ocupa el psicoanálisis, que pone énfasis en conceptos como el inconsciente, los recuerdos de la infancia y la relación materno filial, lo que nos lleva a la transmisión de ciertas reglas de comportamiento dentro de la familia nuclear; el razonamiento moral del que se ocupa la Teoría del desarrollo cognoscitivo, como el proceso por el que una persona va adquiriendo conocimientos sobre lo que le rodea y desarrollar así su inteligencia y capacidades que, comienza desde el nacimiento y se prolonga durante la infancia y la adolescencia y, finalmente, el comportamiento moral o teoría del aprendizaje social y el procesamiento de la información, como motor del propio aprendizaje basado en la acción no solo de los padres, sino también, de los maestros y de los miembros de la comunidad.

El problema surge cuando se impone a los miembros de un grupo social, no sólo lo que debe hacer, sino que va más allá, indicándoles como pensar y sentir, lejos de la exploración intelectual que cada individuo debe llevar a cabo de manera objetiva, lógica, racional, imparcial o mediante la evidencia empírica; convirtiéndose en un sermoneo, bien desde el fanatismo intolerante y radical o desde un buenismo irracional donde sólo importa la actitud y no los resultados. Sermoneo que no solamente encontramos en la religiones basadas en dogmas de fe con el premio y castigo de la salvación o la condena eterna, sino en cualquier tipo de adoctrinamiento ideológico tanto de derechas como de izquierdas.

En definitiva, lo problemático no es cuando la moral se usa como normas funcionales que permitan y fomenten el crecimiento y el desarrollo de las personas dentro de un grupo social, sino como imposiciones o verdades absolutas que va en contra de la propia libertad del individuo. Dicho de otra manera, cuando se pretende el alineamiento vinculando a la persona o a un colectivo a una tendencia ideológica, política o de otro tipo, fuera de la tolerancia y la responsabilidad de nuestros propios actos y sus consecuencias.

Así pues, es fácil sustraer la libertad de la persona con aparentes normas o formas de comportamiento vinculados a ideologías que persiguen el borreguismo social y no la responsabilidad y el credimiento del individuo como ser social; por moralistas ideológicos o religiosos, tanto de izquierdas como de derechas, que no son más que hipócritas manipuladores que buscan intereses o preferencias alejadas del interés público o social, sino la satisfacción del interés particular del grupo al que pertenecen fomentando la división o fragmentación social, buscando en la debilidad moral alejada del liberalismo, la manipulación del individuo y de los grupos a que pertenece, para el conseguir adeptos a su causa.

 

© Oda Sales Para PLAZABIERTA.COM

De esta forma estamos ante una realidad social todavía peor que el PIN PARENTAL que quiere imponer la ultraderecha, que es el PIN IDEOLÓGICO que los diferentes Partidos Políticos usan, rechazando  a todo aquel que no encaja en su perfil de buen ciudadano o patriota de pro o, al menos señalándolo como diferente y peligroso por rojo o facha, y con más inquina, si cabe, de mierda, con perdón, el que ni siquiera piden ellos cuando sacan toda la hiel que llevan dentro en el lugar que mejor se pueden esconder como cobardes que, al final son, en las redes sociales. Dicen, ambos, que luchan por la libertad, una libertad basada en la imposición del totalitarismo de sus ideas, mejor dicho, ideologías y, aquí lo digo sin pedir perdón, de cloaca. Y no es casualidad que los extremos se den la mano, porque se parecen en mucho…

 

 

 

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