EL PERSONAJE

 

«Pensar es difícil, es por eso que mayoría de la gente prefiere juzgar»

Carl Gustav Jung

Como indica la ONU:

«Enfrentarse al cambio climático: Una responsabilidad compartida y global»

Muchos de los que escribimos en medios digitales, periodistas o no, solemos caer en un error muy frecuente que es juzgar al personaje, a la persona pública, tanto para ensalzarla como para tocarla y hundirla -recurriendo al juego de los barcos que hacían nuestras clases más amenas ante el profesor pesado-. En el primero de los casos, bienvenido sea, porque el lector ya se encargará con su propio criterio juzgar al personaje en cuestión en base a información recogida de aquí o de allá, del algunos medios, que ya han efectuado un juicio, según criterio marcado por una determinada línea ideológica editorial que, por lo normal es la que mejor satisface la nuestra.

Las dos caras de Greta Thunberg.- Composición Plazabierta.com

Al final, hemos creado un personaje con unos envoltorios que, en muchos casos no se corresponde con la realidad, distorsionándola de una manera u otra, según la mencionada línea. Y todo esto viene a la sazón de las opiniones vertidas en estos últimos días de la Cumbre del Cambio Climático de Madrid, contra la activista Greta Thunber, en Redes Sociales, a propósito de su «infancia robada», que lejos del arte de dialogar, se ha entrado a juzgar a esta niña en comparación con millones de niños que en muchos lugares del planeta tienen que mendigar o se mueren de hambre, como si fuera ella la responsable de todas las pestes que a lo largo de los tiempos han destruido y siguen destruyendo a la humanidad y su hábitat.

 

Somos fruto de una evolución-involución, en la que podemos participar de forma favorable o desfavorable y, lo que es peor, porque no se puede cambiar, ya hemos participado en uno y otro sentido, por lo que somos en cierto modo responsables de esta enfermedad, con pronóstico grave, estando en el momento crítico de decidir dar un paso serio de toda la humanidad en este sentido, sino queremos sufrir un desahucio que no nos dejará en la calle sino en la más inhóspita destrucción de carácter irreversible.

O, acaso alguien me puede negar que no haya cometido un pecado ambiental, como tirar un envoltorio o una colilla a la vía pública, de no hacer un reciclado adecuado de nuestra basura, de consumir millones de toneladas de plástico que, “sin querer”, dejamos en el aquel parque o merendero. Ya no digamos de aquellos mal nacidos, y aquí no pido perdón, empresarios y banqueros, estos últimos colaboradores necesarios, que con tal de sacar el mayor rendimiento económico cometen verdaderos atentados terroristas ambientales, con nocturnidad y alevosía, sirva a modo de ejemplo las empresas energéticas, y no precisamente las limpias, con la permisibilidad en muchos casos de los propios poderes públicos.

Pero ahora resulta que esta niña, que tampoco goza de mi entera simpatía, como tampoco gozan de ella determinados grupos de presión ideológicos teñidos de verde, no sólo porque no me gustan que me presionen, sí que me eduquen, que me conciencien, que me convenzan  de su causa o al menos de la necesidad de su lucha, repito “necesidad” de su lucha, que para eso están y, que no me llamen asesino porque me gusta la carne de vaca, por participar en el asesinato en masa de estos u otros animales para la producción de la industria alimentaria.

Entre otras cosas porque asesinato es la acción de matar a alguien, es decir a una persona física, siendo una modalidad de homicidio, ya que incorpora una serie de rasgos específicos, como son la planificación o premeditación del crimen, el ensañamiento con la víctima y algún tipo de motivación por parte del asesino.

Aquí vuelvo a retomar el tema del envoltorio de los personajes, y el hecho de que esta niña, Greta Thunberg -y que conste que la llamo niña por la diferencia de edad con la mía, se haya convertido en un icono de lucha contra el cambio climático que, incluso o no fruto de marketing publicitario auspiciado por sus progenitores, ¿qué mal comete y ha cometido porque se halla desplazado a la última cumbre del cambio climático a Madrid en velero, la más larga de la historia, al que ha sido necesario sumar ciertas embarcaciones de seguridad, por cierto no ecológicas, al impulsarse por combustibles fósiles, aparte de quienes están detrás del millonario patrocinio hecho en su causa y de su travesía por el atlántico?.

Photo by Markus Spiske on Unsplash

Nadie puede negar que todo marketing publicitario tiene un valor que hay que pagar, que en toda lucha se puede ser  más o menos purista, coherente, pero pienso que su suma a la lucha contra el cambio climático, es lo que verdaderamente cuenta. Dicho de otra manera, prefiero ver a Thunberg que al desagradable presidente de los EEUU, Donald Trump, prefiero a Thunberg antes que a determinados activistas incendiarios de plazas, sicarios ideológicos encargados de cortar cabezas a todos bicho viviente que no piense igual que ellos.

Es cierto que, desgraciadamente en este mundo en el que ya los jóvenes se están imponiendo a los que pasamos la cincuentena, funcionan por iconos, quizá esto lo que habría que cambiar, como parte de nuestra responsabilidad de dejar un mundo, sino mejor, al menos igual que los de mi generación recibimos.

El hambre del mundo no se terminará porque Greta haga o no una travesía ecológica por el Atlántico, porque viaje en tren como medio de transporte a larga distancia menos contaminante, o en coche eléctrico alimentado por baterías altamente contaminantes de litio, porque sea verdad o mentira lo de su infancia robada, o sólo parte de una estrategia para reforzar su caché como  activista y de sus publicaciones y, si lo fuera, me parece más digno de respeto o de lástima, en último caso, que para degollarla en la plaza pública, porque quizá su lucha contra el cambio climático, nos lleve a una mayor humanización de los sistemas políticos, económicos y de producción, donde la justicia social impere a nivel mundial, donde no sea necesario tranquilizar conciencias con limosnas.

Cuando indicaba al principio que quienes escribimos opinando en medios de digitales, cometemos el error de juzgar al personaje, por supuesto, por el uso de la primera persona del plural, me incluyo, llevado por la pasión de la defensa de una justicia social que siempre procuro marquen mis opiniones, sobre todo políticas, olvidando que en el equilibrio esta el punto, y el hecho que esté desplazado hacia un lado o hacia el otro, haciendo de este mundo un mundo de injusticias, un mundo de contrates, de superabundancia y pobreza crítica, es responsabilidad de todos. Y la nuestra, la de los opinadores, procurar pensar más que juzgar.

TÚ Y YO, TAMBIÉN SOMOS RESPONSABLES DEL CAMBIO CLIMÁTICO.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here