Todos los Paraísos son siempre perdidos o prometidos. Se pierden por la soberbia y la desobediencia del hombre (caída y pecado). Se prometen al final de una vida de méritos y esfuerzo (salvación eterna). Pero no conocemos a nadie que haya dado testimonio ni de unos ni de otros. Entre tanto, en el aquí y el ahora, nos conformamos con paraísos recordados, soñados o deseados. Entonces, ¿por qué tantas tradiciones religiosas y culturales coinciden en este relato?

I.- Carl Gustav Jung (1) propone la idea del inconsciente colectivo, una estructura psicológica común a toda la humanidad (universal, hereditaria y simbólica), que genera arquetipos (patrones universales de pensamiento, conducta y experiencia) que se decantan y aparecen como mitos, sueños, arte y religión en todas las culturas.
Estas estructuras psicológicas profundas influyen en nuestra forma individual de percibir el mundo. Alguno de los arquetipos más conocidos son: el viejo sabio, la gran madre, el héroe, el jardín sagrado…
II.- Naturalmente, cuando nos referimos a lo simbólico-universal (mitos, sueños, arte y religión) se nos está planteando una relación dialéctica entre lo racional-individual (la razón) y lo simbólico-universal (el arquetipo).
La razón es la herramienta de la que nos valemos para estudiar e intentar entender la realidad formal (el mundo de la forma). Trabaja mediante demostraciones. Para la razón, la verdad es la meta o el resultado de esa demostración, obtenida a través de datos empíricos. La razón persigue una “coherencia lógica”. A razonar se enseña.
Por el contrario, el símbolo es la única herramienta válida para acercarnos (pretender entender quizá sea demasiado pedir) a la realidad que no tiene forma, a la esencia. El símbolo no pretende demostrar, sino mostrar, poner de manifiesto, dejar ver. En él no hay coherencia lógica, sino “convergencia ontológica”. El símbolo no se enseña, se experimenta.
III.- Fijémonos ahora en uno de esos Arquetipos (el jardín sagrado) que se da en casi todas las culturas y religiones conocidas: en Egipto los Campos de Juncos, en Grecia y Roma los Campos Elíseos, entre los nórdicos el Valhalla, entre los Celtas Ávalon, en el Islam el Jannah, en el Judaísmo el Edén (2), en el Hinduísmo Svarga, en el Budismo los Devas, en el Cristianismo el Cielo…
En todos ellos encontramos elementos comunes: un lugar de gran belleza y abundancia; un estado de paz y felicidad; la recompensa a una vida de fe y/o esfuerzo; la inmortalidad; la presencia de la divinidad; el acceso selectivo y limitado…(3).
IV.- En mi opinión, además de un arquetipo Jungiano, el relato del Jardín Sagrado es un elemento más (una parte de un todo mayor) que se refiere a lo que algunos llaman la Tradición Primordial o Primigenia. Tradición en el sentido de Transmisión.
La Tradición Primordial es una cosmovisión según la cual el Principio Supremo ha transferido a la Humanidad unas verdades, unos principios metafísicos que se articulan en forma de conocimientos, mitos, prácticas rituales o leyes que son recogidos, conservados, practicados y transmitidos ininterrumpidamente por un pueblo. La Verdad es una, pero se ha transmitido de modos diferentes en las distintas épocas y contextos culturales (4).
Al igual que el Viejo Sabio, la Gran Madre, el Héroe… los arquetipos serían reminiscencias distintas y complementarias que nos estarían informando de una Verdad Universal anterior a todos ellos y superior a cada uno de ellos. Se trataría de un conocimiento 0btenido directamente del Principio.
Podríamos decir que cada uno de ellos, cada símbolo, es un microcosmos que contiene virtualmente el macrocosmos.
V.- De ahí que para cada uno de nosotros el paraíso sea perdido: estamos muy lejos de ese momento/lugar ideal en que el hombre se separó de la Unidad/Verdad (y fue desterrado). Y que sea necesariamente prometido: la esperanza de una vuelta a ese estado/momento ideal es el acicate que mueve al hombre a intentar una conducta que merezca dicha meta.
Como decíamos al principio, entre tanto, en este momento, en este aquí y ahora, nos queda recordar, soñar, desear…
El principio de la Verdad Universal al que me estoy refiriendo sostiene que existe una realidad absoluta, que el ser humano es parte de ella y que todas las religiones y tradiciones son caminos hacia esa Verdad (5).
(1) “Arquetipos e Inconsciente Colectivo” y “El Hombre y sus Símbolos”.
(2) Génesis cap. 2 vers. 8 a 17: Luego plantó Yahvéh Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había formado. Yahvéh Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal… Tomó Yahvéh Dios al hombre y lo dejó en el jardín del Edén, para que lo labrase y cuidase. Y Dios impuso al hombre este mandamiento: de cualquier árbol del jardín puedes comer, más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él morirás sin remedio.
(3) Chat GPT.
(4) La Tradición Primordial: Jorge Rodríguez Ariza, “Aproximación a la Metafísica de la Escuela Tradicional y a su Lenguaje”.
(5) Frithjof Schuon: “Tras las Huellas de la Religión Perenne”.





Cuando todas las tradiciones coinciden en algo, ese algo es una verdad disfrazada de mito.
Un artículo muy interesante.