EL MIEDO Y LAS BODAS DEL ALMA 

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Sólo el valor nos hará libres, la LIBERTAD, en nuestros tiempos, está herida de muerte; hay que defenderla.

No hay nada de extraordinario en reconocer la debilidad que nos produce el miedo que sentimos, lo único sobresaliente de este reconocimiento, es que nos proporciona, si estamos preparados, el impulso  suficiente para querer cambiar, para querer ser el dueño y señor de nosotros mismos.

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Todo miedo es una declaración de ignorancia. Igualmente todo gesto de valor es una declaración de sabiduría. No hay nada más perverso en el ser humano, nada que lastre más su autenticidad y, por ende, su valía que el entregarse al miedo sin la espada del combate. Contra el miedo hay siempre que estar dispuesto a batirse. Además es necesario, como decía mi abuela: “Andar hacía él”. Todo aquello que se resiste, todo aquello de lo que huimos, persiste inexorablemente. Pero yo me declaro tan cobarde como todo ser humano. Lo único que nos diferencia a unos de otros, es la clase de miedos que padecemos y el coraje de enfrentarlos.

El miedo, o lo que es lo mismo el ego, está siempre presente en nuestras vidas, llenando nuestras mentes, controlando nuestros actos. Incluso haciéndonos creer  que muchas de las cosas que realizamos son hechos solidarios, valientes y heroicos aunque en realidad detrás de ellos se encuentre el “ego-miedo”. Nos pasamos,  por ejemplo,  la vida estudiando algo que no nos gusta  o trabajando en algo que despreciamos  sólo por el miedo que sentimos a contravenir aquello que los demás esperan de nosotros .  Afirmamos cosas de las que no estamos convencidos,  también por el miedo a perder prestigio o admiración o, en el peor de los casos, a ser despreciados. Nos da vergüenza defender nuestras posturas;  porque eso supondría ir contra lo establecido y se nos podría tachar de locos…….Son tantas las  cosas que nos dan miedo y que nos anulan; sin embargo son tan pocas las cosas que nos harían de verdad ser lo que estamos llamados a ser y la más importante de todas esas pocas cosas se llama VALOR. Que por contraposición nada tiene que ver con precio, el valor es sustancia, potencia, acto; el precio un simple accidente, aristotélico, superficial.

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En la vida necesitamos poco para conocer la dicha; pero  son enormes los  esfuerzos que realizamos todos los días en busca de la preciada felicidad; aunque la felicidad es una cosa y la dicha otra muy superior a aquélla.

Ser feliz no se separa de ser desgraciado, son sólo dos extremos opuestos; pero de la misma cuerda;  porque la felicidad se conquista y lo que se conquista se adquiere y se posee, siendo, por lo tanto, como posesión, susceptible de ser arrebatada o perdida, con lo que se pasaría a vibrar en la frecuencia más baja de dicha cuerda; o sea, en la desgracia.  Sin embargo la dicha es otra cosa.  La dicha no tiene opuesto; como la luz, no puede ser vencida por la obscuridad. La dicha es real,  omnipotente y eterna; la dicha no se conquista, la dicha se gana, la dicha se encuentra. Para nosotros la dicha, si la encontramos,  sólo dura un instante que se transforma en eterna búsqueda. Y ahí está la “magia” de las cosas verdaderas que te enganchan para siempre.

Que ¿cómo encontrar la dicha?… pues como se encuentra todo lo verdadero, desasiéndote de lo superfluo y dejando espacio para que se acomode. De qué forma, si no, ibas a vestirte con el finísimo y justísimo traje de la dicha estando vestido con todos los demás trajes: el de la cobardía, la  envidia, el odio….que no son más que modelos del miedo o, de lo que es lo mismo, del ego.

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El miedo o el ego, se alimentan de todos tus sufrimientos, “viven” por y para que sufras; porque sin esas obscuras energías que te atormentan sucumbirían en el abismo de la nada; en realidad no tienen ser, no tienen identidad; son nada,  creaciones de tu mente, algo irreal, sin sustancia, ni substancia. Lo sustancioso tiene elementos que lo componen y son elementos reales y lo substancioso está en la base misma de la sustancia es aquello que la sostiene, como el agua al aceite, como la  libertad sostiene y sustenta al amor.

Los errores o pecados  que considero más contrarios a la consecución de la dicha, son los que siguen:

  • Negar nuestro verdadero nombre y usar el que nos puso el mundo.
  • Hablar lenguas extranjeras y olvidar la nuestra.
  • Bailar al son que nos tocan y no al que nos gusta.
  • Esconder nuestro hermoso rostro tras una horrenda máscara.
  • Abrir los ojos en la obscuridad y cerrarlos en la luz
  • Beber aguas ponzoñosas y ensuciar las cristalinas.
  • Derramar el cáliz del amor en el abismo de la nada.
  • Tapar nuestra esencia con inmundicias.
  • Vivir en el gallinero y no en la cumbre del águila.
  • Ridiculizar a la libertad y reverenciar al miedo.
  • Estos diez pecados y todos los demás se corrigen con una sola virtud: “Serás valiente para amar tu esencia sobre todas las cosas y a todo lo creado como si de ti se tratara”.

El miedo o el ego, son lo opuesto a la irresponsable- temeridad o la soberbia;  pero justo lo contrario a la libertad, por eso donde hay libertad no puede haber miedo, igual que donde hay luz no puede haber obscuridad. Hablando de libertad, me resta, decir que la considero el útero del amor y, hablando de amor, decir que los griegos tenían tres palabras para definirlo:

  • Eros .- amor sexual, enamoramiento.
  • Amor filial a los hijos a los padres, hermanos, amigos, etc….
  • Ágape.- amor divino, sublime, que todo lo transforma y purifica.

La Felicidad, como algo del mundo material o de los sentidos que ven sus deseos satisfechos, se corresponde con los dos primeros; la dicha y la alegría solo conocen el último, el grado de vibración más alto. Sólo Ágape puede destruir el miedo o el ego y casarse con la libertad; son las bodas del alma.

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La libertad es mujer y el amor su desposado,

bailan y juegan dichosos en el Edén que crearon,

donde  engendran para el mundo a un Mesías libertario.

 

 

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