EL LECTOR

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EL LECTOR
Imagen: Filosofía Vegana - Blogspot

 

En el número siete de la calle de la Alegría, una casa blanca de una sola planta, con una puerta de madera muy estrecha y pintada de un verde muy chillón, vive desde hace más de cuarenta años Enrique, Enrique González de Dios. Es un hombre pequeño de estatura, con la cara llena arrugas, que más que por la edad, que ya es bastante avanzada, diríase son debidas a la sonrisa siempre eterna que lleva en sus labios, además del pitillo de «ducados», compañero y amigo fiel desde que se levanta al poco de salir el sol, hasta que después de cenar siempre a los nueve su pan de ajo, un par de vasos de «tinto» y un tazón de galletas con leche, da con sus huesos en la cama para soñar con el milagro que cada día sucede…..

Imagen: Filosofía Vegana – Blogspot

Enrique es soltero, soltero por vocación. «No es que fuera feo de muchacho no, que alguna novia de muy buen ver tuve y una ocasión estupenda se me presentó en el pueblo de casarme con Antonia, la hija del boticario, pero, pero yo, yo…en el último momento y hasta con el traje y los zapatos comprados, salí pies en polvorosa del pueblo……mucho me arrepentí luego, porque Antonia era una muchacha resultona y muy limpia y hubiérame dado muy buenos hijos…..Y ahora mira, más solo que la una, esperando que un día de estos la «parca» llame a la puerta de mi casa», me decía muy a menudo cuando me le encontraba sentado en un banco del parque o tomando un «chato» en el bar de la esquina…..Yo siempre quedábame un buen rato con él pues me gustaba su compañía sana y sencilla y creo que a él la mía…..

Había aprendido a leer muy tarde, «a los veintitantos o treinta años, antes de la guerra, cuando de recién llegado a Madrid, encontré trabajo de ordenanza en el Colegio de San Juan de la Cruz. Allí uno de los profesores, Don Tomás del Río, que todos los Santos le tengan en su gloria, viéndome hombre dispuesto y trabajador, me enseñó a hilar las letras al final de las clases….fue lo mejor que me ha pasado en la vida….», pero era lo que más le gustaba de esta vida. Cualquier cosa era buena para Enrique, Libros, tebeos, revistas, hasta los folletos de propaganda se los «tragaba» de «pe a pa»……..

…Cierto día en el que había hecho limpieza en mi casa y le llevaba unos cuantos libros, me le encontré al doblar la esquina. Iba como siempre, su pantalón de pana, su camisa de cuadros, las manos en los bolsillo, una sonrisa y el Ducados en la boca….

-Hombre Enrique! –le dije dándole la mano- a tu casa iba. Mira lo que te traigo……

-Muchas gracias zagal, me respondió cogiendo aquellos libros con verdadera delicadeza……anda mira!, «La sonrisa etrusca», éste me han dicho que es muy bueno….Lástima que ya no pueda leerlos…..

-Verás como te gustan….aquí tienes para por lo menos diez o doce días…..Cómo? Pero qué dices Enrique! Porqué?, Te vas a algún sitio? –le pregunte yo con cara de sorpresa-

…Y fue allí, en la calle, con el cielo cubierto de nubes y empezando a llover, cuando me contó su gran secreto……

Se acercó a mí y mirándome fijamente me dijo:

-Sabes que los libros me hablan a través de sus letras?…..Bueno no todos pero algunos sí…..

-Cómo Enrique? –le pregunté perplejo-

-Que sí, lo que has oído, que algunos libros me hablan, coño!!!….Mismamente el otro día leyendo estaba las páginas de deporte del «ABC», cuando en mitad de un artículo que hablaba del Real Madrid y de sus nuevos fichajes, metido a capón ponía «Hola Enrique, buenos días, hoy no te has afeitado…:» . Las letras duran muy poco tiempo, al mirar para otro lado y volver a ellas, estas han desaparecido……que te parece eh, que te parece!!!….

Yo no sabía muy bien que contestarle, pensé que la soledad le estaba volviendo un poco «majareta», pero claro no se lo dije e intenté hacerle razonar…..

-Pero Enrique cómo va a ser eso posible?….A ver si va a ser que estabas muy cansado o como ya tienes cierta edad te van haciendo falta gafas…..

-Que no Hombre, que no!!, que lo que te diga es verdad, que ya llevo así mucho tiempo……Los libros me preguntan cosas, me dicen el tiempo que va a hacer al día siguiente, las noticias del Barrio….Hoy ando un poco preocupado porque nada más levantarme me he puesto a hojear las primeras páginas de un libro que me prestó Manolito, ya sabes el chaval de la Juana, «Harry Potter y la Piedra Filosofal», se llama y, a mitad del capítulo uno y después de una frase acerca de las lechuzas, el libro me dijo «Enrique, despídete de las personas a las que quieres, porque mañana a eso de las cinco, mientras duermas la «parca» llamará a tu puerta y tendrá que irte con ella…..»……

Enrique cogió, acarició los libros que le había dado y me los devolvió…..

-Ten, dáselos a otro que tenga tiempo, que a mí apenas me quedan quince horas……Si te pasas luego por el bar del «Manuel» te invito a una caña y nos despedimos, hace?…..

Me dio una palmada en la espalda y siguió calle abajo……

Yo me quedé asombrado de lo que Enrique me acababa de contar pero al fin y al cabo no le di ninguna importancia, pensando «Este se ha chalado, Igual que Alonso Quijano se le secó el cerebro»……y doblé la esquina mirando el reloj y dándome cuenta de que llegaba tarde al trabajo….

-Leches!!!….

No tuve tiempo ese viernes de acudir a la invitación de Manuel y decidí ir a verle a su casa al día siguiente llevándole de nuevo los libros……

….Me levanté pronto aquella mañana; un café con leche, una tostada y me puse a leer el periódico……Nacional, internacional, cultura……allí vi un interesante artículo acerca de los libros de segunda mano. Di un sorbo al café y empecé a leerlo….»Desde hace más de un siglo España es uno de los países en el que……Buenos días Carlos, venga levántate y vete a casa de tu amigo Enrique que hace un buen rato que ha muerto y sólo tú tienes llave de su casa, hala corre, que también hay algo para ti…..más y mejores libros de segunda mano pueden encontrarse…..»….

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo. Me puse un abrigo y, todavía con el pijama puesto y en zapatillas salté a la calle hacia la casa de Enrique…..

Cuando llegué abrí la puerta a toda prisa y grité su nombre. Nadie respondió…….corrí a su cuarto y allí me lo encontré, muerto, tumbado en la cama boca arriba, con su eterna sonrisa y un ducados apagado en la boca….. Decenas y decenas de libros se apilaban alrededor de la cama…….en la mesilla había uno abierto. Lo cogí, era «La metamorfosis» de Kafka….»Una mañana Gregorio Samsa se despertó convertido en un enorme escarabajo…….Gracias Carlos, eres un buen amigo, que pena que no me haya dado tiempo a leer los libros que me dabas el otro día….corre marcha para tu casa que va a empezar a llover fuerte……..Eres un buen amigo.»……cerré el libro y me puse a llorar….

Después, me senté en una silla con el asiento de mimbre, cogí el primer libro de una de las pilas y comencé a leerlo….

Y a través de él y de muchos otros mi amigo, continuó contándome a lo largo de muchos años todos sus secretos y los libros sus más bellas historias.

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