EL GIROSCOPIO EMOCIONAL

0
32694
96

 

Que fácil es darnos el pisto de lo que sabemos, sobre todo cuando se trata de juzgar comportamientos y conductas ajenas, convirtiéndonos en los mejores filósofos, psicólogos, antropólogos, incluso en los mejores abogados y médicos; pero que difícil es juzgarnos a nosotros mismos y, aún peor aplicarnos las lecciones que damos a los demás. 

Sin embargo, no es mi intención  centrarme en el juicio sobre las conducta de otros, porque si fuese así estaría cayendo en el comportamiento del que pretendo alejarme, sino en aprender a estar en nuestro sitio sin perder ese eje que nos mantenga en una posición equilibrada. Para ello, permitidme que acuda por analogía a la figura del giroscopio que, como todos sabemos,  es ese  dispositivo que mide o mantiene la orientación de un objeto en el espacio en base a una rotación  alrededor de un eje, lo que permite determinar su posición angular.

Pues bien, trasladando este ingenio a nuestra cotidiana existencia nos exige fortalecer nuestra personalidad para mantenerlos en la línea de la firmeza y la tolerancia, rompiendo con esas rigideces de comportamiento tendentes a fragmentar nuestra propia existencia y la de quienes nos soportan, porque hasta el más resistente acero si no es forjado y templado de manera adecuada termina rompiéndose cuando es sometido a una fuerza exterior aunque sea en la misma proporción que la nuestra.

Foto de Jonny Gios en Unsplash

Somos tan dados a centripetar el mundo exterior que solemos perder la auténtica perspectiva de la realidad que observamos, pero también, tan débiles, que sucumbimos a fuerzas externas por conveniencia, moral lasa o una falsa prudencia basada en un buenismo patológico que, toleramos convirtiéndonos en cómplices o colaboradores necesarios, aún a sabiendas que no se pueden admitir. Cuando de lo que se trata, es de no perder la auténtica perspectiva de la esencia del mundo exterior, lo que exige un juicio lo suficientemente imparcial y, por lo tanto objetivo, previo un análisis desde todos los ángulos posibles para mantener el eje centrado como el del citado giroscopio.

En definitiva, no nos podemos dejar llevar por la apariencia de lo que observamos sin pasarla por el filtro de la razón basada en el auténtico conocimiento de los hechos, así como de un estudio de las fuentes en las pretendemos sustentar nuestros argumentos, relegando la emoción visceral a un segundo plano.

De la misma manera, no debemos tener reparo a girar sobre nuestro propio eje cuantas veces sea necesario por los  argumentos externos que nos ofrecen una perspectiva diferente y, por lo tanto, tampoco justificar nuestro cambio de opinión basado en ello, pues esta  conducta trasluce nuestra capacidad adaptativa y, sobre todo, la tolerancia necesaria de evitar confrontaciones absurdas y poco prácticas, sobre todo con la intención de evitar la  fragmentación a la que antes me he referido. Tengamos en cuenta que el giroscopio siempre gira para manter el equilibrio.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí