EL FARISEÍSMO QUE SE CONTAGIA

Cuando la sociedad es el tirano (Alfaguara) es el título del último libro de artículos de Javier Marías. Cada dos años reúne sus semanales textos periodísticos, es una oportunidad para seguir sus razonamientos lúcidos y penetrantes; a veces discutibles -es lo propio- pero nunca pomposos ni aduladores. Se trata de fomentar la personalidad y la inteligencia de los lectores, de servirles de trampolín para enriquecerse al pensar sobre lo que no se piensa o no se permite cuestionar.

Entre nosotros, hay quienes decretan -en manada y con tiranía- que nadie puede expresar opiniones contrarias a las suyas (que son las debidas), porque, de hacerlo, le crujirán no ya con desdén, sino con ira; una suerte de linchamiento. Estos ‘ángeles’ se constituyen en secciones de la ‘Guardia Revolucionaria de las Buenas Costumbres y los Dogmas Correctos’, siempre rectos e impolutos, dedicados a impedir que se formen individualidades originales, ‘pues todos debemos estar juntos en rebaño y dirigidos por pastores’ (que éstos engañen y sacrifiquen las vidas ajenas no les importa, al contrario: lo que se busca es descerebrar). Dice Javier Marías: “qué poco pagan sus crímenes quienes los manipulan, los despreciables proselitistas religiosos o políticos”

Para toda esta operación de sometimiento y entontecimiento se requiere acogotar o acomplejar al personal con consignas inamovibles e indiscutibles, cultivar mastuerzos y exasperarlos en la discordia y el resentimiento. Y para todo ello hay que vaciar el sentido de las palabras y cargarlas de insidia.

Como señala el escritor, quien adultera y controla la lengua, adultera y controla el pensamiento. Este es el problema y, como el propio Javier Marías, recalca: “algo lleva demasiado tiempo fallando en la educación, y las conquistas y avances en el terreno del pensamiento, de la igualdad social, de las libertades y derechos, de la justicia, nunca están asegurados”.

Hoy es un tópico hablar de ‘la generación mejor preparada de la historia’, una jactancia que harta y da pena. ¿Tenemos idea clara de cómo distinguir lo que es significativo de lo que es superfluo?

Hay entre nosotros una extrema izquierda que es falsa y reaccionaria, que se declara infalible y pontifica sobre todo. Presumen de ser antisistema, pero son fariseos impenitentes. Que conste.

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