EL EVENTO

0
36016
87

Tropezó con una piedra y voló como una gallina unos cinco metros; después el suelo y él fueron uno durante, aproximadamente, unos cuarenta y cinco segundos. Rodó y rodó toda Arrexoana abajo, dándose mamporros a izquierda y derecha, hasta quedar muy escoñado a las sombrías orillas del arroyo de Tordea. 

Foto de Shawn ‎ en Unsplash

Allí, presa del frescor y del agua mansa, se dejó casi morir de placer en aquel lugar, a salvo de aquel abrasador día de agosto.

Le dieron las tarde y ocho para cuando dolor y placer cedieron.

Lavó sus heridas, bebió del agua y tiró renqueante cuesta arriba con la cabeza puesta en la casa.

En el segundo repecho, justo antes del carballo viejo de As Granxas y ya con el resuello de corbata, el tiempo tropezó con una piedra, y voló unos cuantos metros, revolcado de ostias, quedando a dos pasos contados sin esmero de las estigias aguas del arroyo de Tordea.

Quedó perplejo ante aquella especular imagen, y todo lo que se le ocurrió fue acercarse a una piedra y volver a tropezar, dejándose vencer por la Gravedad hasta de nuevo, caer en cuajo a fuerza de estar en todas partes, en las frías aguas del ahora, aquel arroyo sin nombre.

Y regresó la muerte en forma de plácida sombra. Y el aire se tornó espeso, respirable sólo para aquellos que saben pronunciar en junto las cinco letras de lo que no sucede.

Y al abrir los ojos, la nada seguía en su sitio.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí