EL EGO Y LA CONCIENCIA

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Desde la antigüedad clásica con Platón y Aristóteles hasta la modernidad con Freud, los grandes pensadores, de una manera u otra han identificado tres esferas que dan sentido a existencia del ser humano como tal. La alegoría de Platón al carro alado (apetito, coraje y razón), las tres almas de Aristóteles (vegetativa, sensitiva y racional) o el psiquismo de Freud (ello, yo y superyo), no son otra cosa que la forma de identificar las tres esferas, cuyo epicentro es el ser humano, y que le mueven en sus acciones.

Mar encadenado. © Feliciano Morales

Aunque las fronteras entre estas tres esferas son difusas dependiendo de donde pongamos el centro de nuestro análisis, bien podríamos identificarlas como la esfera de lo vital, la esfera del EGO y la esfera de lo racional.

La esfera vital es la que diferencia al ser humano de un cadáver o de una roca, otorga al SER la capacidad de modificarse a él mismo y a su entorno, lo convierte en actor del mundo. Genera los impulsos que animan al ser humano a satisfacer sus necesidades físicas inmediatas, es la parte humana determinada por la biología y son pulsiones que nacen de la propia existencia del SER. De esta esfera nacen las necesidades que permiten al individuo mantenerse vivo y perpetuarse como especie, sin embargo en esta esfera, el ser vivo no es consciente de estos impulsos.

Estos impulsos primitivos están ahí y son la base fundamental sobre la que se construye el hombre, no hay por tanto que renegar de ellos, ya que finalmente son los que darán sentido a nuestro campo de acción, entendiendo como tal al comportamiento ético que deriva de, y a su vez construye, la moral que guía cada uno de nuestros actos, por eso, como veremos más adelante, el ser humano también tiene la capacidad de proyectar estos impulsos en los otros y entender que están presentes en nuestros congéneres.

No hay que entender estos impulsos primitivos como las pasiones mismas, ya que estas solo toman cuerpo cuando entran en acción las otras esferas que dan sentido a un ser humano.

La esfera del EGO permite al hombre tener consciencia de su existencia, por tanto le hace reconocer las pulsiones que nacen de la esfera vital, lo que unido a la percepción de estímulos recogidos del exterior del SER, le otorga la capacidad satisfacer deseos inconscientes de la esfera vital, dando al SER una sensación de placer. Aunque el EGO pone en acción los mecanismos que permitan maximizar el placer, debido a la capacidad de recibir estímulos externos, también gobierna la capacidad de modular e incluso llegar a anular las pulsiones internas y los estímulos externos para conseguir la autoconservación de su existencia. El EGO actúa decidiendo que pulsiones o estímulos hay que satisfacer en cada momento, para conseguir el mayor bienestar, anulando a unos o dando prioridad a otros, todo en aras de la preservación de su existencia. La memoria para el EGO juega un papel fundamental pues es la herramienta que le permite decidir en base a la experiencia que pulsiones o estímulos censurar y cuales potenciar. Sin embargo esa memoria puede ser percibida por el EGO como otro estímulo externo, por lo que la autopercepción evocada por el EGO puede considerarse como una alienación, de forma que el ser humano puede llegar a identificarse como su EGO

Es en esta esfera donde las pasiones tienen su campo de acción, ya que la evocación de un recuerdo placentero puede desinhibir pulsiones que de otra forma sería bloqueadas.

La esfera de lo racional está presente exclusivamente en el ser humano, y permite que, a partir de conceptos generales, podamos interpretar y recrear situaciones particulares, evaluando las consecuencias, tanto para el propio individuo como para el entorno que le rodea, es decir, amplía no solo el campo de acción y percepción, sino que lo hace suyo.

Esta capacidad de hacer propio algo que biológicamente le es ajeno al individuo choca frontalmente con la esfera del EGO.

Foto de Dalila Moreira en Unsplash

La razón nos permite por tanto definir un marco de referencia de lo que es correcto, de forma que mediante el intelecto podemos determinar la forma en la que debemos dirigir nuestra acción, y dominar de esta manera las pasiones que nos incitarían a hacerlo de forma diferente. Este marco de referencia es lo que llamamos la ética. Sin embargo el cuadro de acciones que definen nuestra presencia en el mundo también queda determinado por las necesidades placenteras que pretende alcanzar el EGO, siendo este cuadro de acción lo que denominamos Moral del individuo. Esta disociación entre lo que debería ser universal, pues la ética al estar guiada por la razón debería confluir en un único esquema para todos los seres humanos, y lo que es particular para el individuo, genera un conflicto en el ser humano

La crisis que crea esta confrontación entre el ego y lo racional, nace de las discrepancias que se producen entre ese marco de referencia y nuestro marco de acción, y es aquí donde el concepto de CONCIENCIA entra en juego, pues gracias a ella somos capaces de modular e incluso pasar por encima de las decisiones que tomaría el EGO.

Un ejemplo didáctico al respecto de esto es cuando somos capaces de poner en peligro nuestra vida para salvar a otro.

Ninguna de estas tres esferas es más importante que otra, pues eliminando una eliminas al ser humano. Sin embargo cierto es que dado que el EGO hace de interfaz entre las otras dos, la tendencia del ser humano es la de identificarse con él. Dejarse caer en este error es lo que en última instancia hace que el hombre se abandone a las pasiones, la vanidad y el egoísmo. Solamente el cultivo del conocimiento, como archivo de experiencias y diferenciación racional de lo que es correcto e incorrecto permitirá tener una CONCIENCIA fuerte que poco a poco vaya acercando nuestro marco moral al marco ético, y como experiencia que es, cada vez que esta nos avise de un desvío de nuestras acciones para con la ética, debemos hacer el esfuerzo consciente de adiestrar a nuestro EGO, para que entienda como satisfactorio el acercar nuestras apetencias a lo que la razón nos indica que es lo correcto.

 

1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo, magníficamente estructurado.

    El Ego; cómo distinguirlo de la voz de la razón, cómo estar seguros de no confundir, asimismo, ética y moral…

    Yo intento desdoblarme, para conocerme, pero pocas veces estoy segura de dónde realmente se halla mi verdadera mirada; salvo cuando me duele algo, sin causa externa,… sé entonces que mi conciencia (la voz del alma) me habla.

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