LA COVID19 Y LA TEORÍA DEL CAOS

#EnCasaconPLAZABIERTA

 

Fue allá por el 23 de febrero, poco más de dos meses, interminables para la mayoría de la población, cuando el Ministro de Sanidad pedía calma a los ciudadanos, afirmando además el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del ministerio, Fernando Simón, que se había descartado que España se planteara el cierre de fronteras para contener al virus, ni se propondrían otras medidas extraordinarias como las de restricciones de vuelos o cancelación de actos masivos.

 

Y, aunque también asegurase que España estaba preparada para  “cualquier escenario posible” con las medidas dispuestas, lo que no significa que se tuviesen que aplicar; fue como el aleteo de la mariposa que metafóricamente se utiliza para explicar la teoría del caos como posibilidad que éste provoque un tornado al otro lado del mundo. En este caso los casi veinticinco mil muertos y más de doscientos quince mil afectados.

La teoría del caos ideada por Edward Lorenz es, más que una teoría, un paradigma que supuso en su momento una revolución científica, al reflejar que muchos sistemas hasta ahora considerados deterministas y previsibles tienen severos límites en dicha previsibilidad. En definitiva, el arbitrio y la imprevisibilidad subyacen la experiencia humana. Sin embargo, en ese país de imprevisión total donde nunca hay Plan B, aunque  nos digan que sí, se trato al gigante de la epidemia como a simples molinos de vientos y he aquí los resultados, el descalabro de un gobierno que tenía todo controlado y, por ende, el caos más absoluto.

¿Cómo tantas eminencias, ministros, directores generales, comité de expertos no fueron capaces de prever que los hechos y la realidad no se ajustan a un modelo lineal?, que no todo es controlable, mucho menos los mercados, si faltan las personas.

Mantener abiertas las terminales aéreas internacionales, sobre todo aquellas con línea directa con países afectados, así como permitir determinados actos públicos de masas, no fue más que una predisposición a que el fenómeno de la pandemia se sucediera de una determinada manera. ¿Cuál fue el modelo previsible que vio el Gobierno de España para creer que nosotros íbamos a ser distintos a China,  Italia, Irán o Corea del Sur, en aquel momento?, ¿cuáles fueron las medidas extraordinarias y estrictas que se tomaron?. Al parecer no eran relevantes los ciento treinta y tantos casos detectados en nuestro país, como afirmó por aquel 23 de febrero, el responsable de Emergencias Sanitaria; ”tantos” porque ni siquiera estaba determinado el número exacto, al igual que tampoco lo está ahora con total exactitud.

Pero, da la causalidad que no sólo la teoría del caos nos advierte que los resultados previsibles pueden cambiar por un montón de variantes, por lo que el prever tan ilustres servidores públicos que no era necesario tomar medidas extraordinarias, fue una auténtica osadía, aparte de una imprudencia de tan enorme dimensiones que no puede quedar impune,  ¿Por qué creernos inmunes ante una progresión aritmética de afectados en los países que nos precedían en el contagio?, una de dos, o no sabían por dónde se andaban o como siempre fueron manejados por un capitalismo al final herido gravemente, que casualidad, por un virus comunista.

Ni teoría del caos, ni ninguna teoría, y no es que se pretenda echar leña al fuego o hablar de política, a tal caso de los políticos inútiles, sino simplemente darnos respuesta a la pregunta de porqué en otros países más previsores como los países nórdicos el nivel de contagios ha sido menor, también podría decirse que los ciudadanos de allí son más cívicos que los de aquí, aunque la verdad es que en estos países existe una combinación casi perfecta de prosperidad, bienestar social, libertad y estabilidad política, que no se encuentra en ninguna otra parte del mundo. Mientras en otros países como el nuestro continuamente se están poniendo parches en todo y la política se reduce siempre a un “tú más”.

En algunos de los países referidos se apresuraron a implementar una cuarenta laboral y escolar y a cerrar sus fronteras, aquí no había motivos para hacerlo, dijeron nuestros dirigentes.

Al final nos hemos dado cuenta que la sanidad pública española no es tan buena como la pintaban, “de las mejores del mundo” decían algunos, de la privada no hablaremos porque lo único que les interesa es hacer caja. Sólo la respuesta de los sanitarios ha evidenciado que lo mejor que tiene nuestro sistema sanitario son sus profesionales que sin recursos ni protección, de forma infatigable y arriesgando su vida, con 41.000 afectados y legiones de ellos que aún no han sido testados,  han estado al pie del cañón intentando minimizar los efectos por la falta de unos recursos esquilmados por una política de recortes de los que ahora se encolerizan contra los responsables del gobierno. Entre todos la mataron y ella sola se murió, quizá también la acción de los que precedieron al actual gobierno tampoco debería quedar impune. Pero al final todo se diluye, en aplausos y en caceroladas y, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Que vergüenza.

 

 

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