EL CAZADOR CAZADO

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Una persona feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y la plena humanidad en mujeres y hombres.

Gloria Steinem

Como todo debate sobre un tema sensible a la opinión pública y con el objeto de que no se me malinterprete, vaya por delante mi total rechazo y condena a cualquier conducta que suponga un ataque a la libertad tanto de hombres como de mujeres, a la igualdad entre ambos sexos; pero sobre todo a esas acciones y comportamientos abyectos que sobrepasan el limite del consentimiento de la mujer en cualquier esfera de su persona, sobre todo en lo que a su sexualidad se refiere, en este caso ante la falta de autocontrol que algunos machitos manifiestan por tener por cerebro sus genitales y que ciertas corrientes feministas atribuyen a la herencia de antiguas generaciones patriarcales, lo cual no niego, pues las evidencias judiciales y legislativas lo ponen de manifiesto en un pasado no muy lejano, incluso posterior a la declaración de derechos y libertades que promulgó nuestra carta Magna de 1978.

También es de destacar que de puertas para adentro, en cada hogar, la educación recibida nos termina marcando para el resto de nuestras vidas, y que no en todos ha sido en contra de los derechos de la mujer, como en mi caso que desde niño aprendí de mi padre que  predicaba con el ejemplo de la colaboración mutua y en condiciones de igualdad entre todos los miembros del núcleo familiar, hombre y mujeres, por lo que nunca he necesitado de una norma que me dijera como actuar y de las consecuencias punitivas de su infracción.

Pero como cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre, sobre todo de nuestra madre que es la que nos pare, por lo que cada persona somos un mundo diferente según la educación recibida, y nuestra propia evolución personal, resulta lógico la promulgación de normas que nos marquen los límites de nuestros derechos y libertades en relación a los derechos y libertades de los demás.

Ahora bien, la evidencia es que la prolija  promulgación de normas y su excesiva carga ideológica restan  eficacia al sistema normativo atentando contra la propia seguridad jurídica y contra ciertos derechos fundamentales, como la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo y con todas las garantías legales y procesales; con consecuencia desastrosas, sobre todo ante denuancias falsas.

No hay qué ser muy hombre y muy mujer o tener una carrera universitaria  para entender que nuestros derechos y libertades terminan donde empiezan los derechos y libertades  de los demás, o lo que es lo mismo, el deber de respeto a la esfera privada de los demás viene marcado por el respeto a sus derechos, en particular los que delimitan su privacidad, que la norma no puede delimitar más allá del consentimiento, cuestión que en caso de conflicto corresponder probar a la parte agraviada que denuncia, a la que, sin duda, debe prestarse todo el apoyo y protección social necesaria cuando se sobrepasan los límites marcados en la relación, pero bajo una supervisión procesal y con todas las garantías para las partes.

Es por ello que la excesiva carga ideológica de ciertas normas como la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual, conocida como la «ley del no es no » ponen de relieve unas consecuencias que puede ser irreparables, no sólo desde la perspectiva legal, sino aún peor,  desde la condena social que ciertos líderes de ciertos partidos de la extrema izquierda se jactaron al redactarlas o participar en su redacción y que ahora sufren en sus propias carnes.

Y no es que quiera hacer una defensa de los señores Errejón y Monedero, a los que siempre he considerado como unos charlatanes de feria, sino de la defensa de los derechos fundamentales a los que me he referido. Así que, la condena social que ahora sufren les sirva para medir las consecuencias de sus propios actos, de lo que dieron y lo que hacen o se presume que han hecho, de su cargada y manida ideología normativa, y de las consecuencias penales que les puede acarrear. Pero sobre todo, para que se den cuenta que para ir de prohombres por la vida hay que tener una conducta intachable y prudente, y ser realmente un hombre.

1 COMENTARIO

  1. Un gran aplauso para este artículo.

    Cuánta hipocresía en aquellos que predican e imponen sin lógica lo que no practican!!!

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