EL CAMINO

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Fotocomposición Plazabierta.com

Dice el verso de mi Querido Hermano Antonio Machado: “caminante no hay camino / se hace camino al andar”, y andando uno se encuentra que no todo el camino es fácil de transitar. Las piedras, la sinuosidad del camino, sus múltiples bifurcaciones hacen plantearte si la dirección que hemos tomado es la adecuada. Pero que si queremos alcanzar la meta ansiada, la que nos ha llevado a iniciar el camino, el caminante está obligado a perseverar a pesar de las dificultades, superarse y confiar en sus fuerzas.

Así es el camino de la vida, sin embargo, algunos lo recorren por inercia, otros como esos burros con orejeras que le limita su campo de visión a lo que tienen delante, moviéndose por el único deseo de alcanzar esa zanahoria que le han colgado delante de sus narices, una zanahoria que sacíe su hambre en ese espacio tiempo en el que se encuentra, es decir, en  el  hoy y en el ahora. También los hay que, completamente ciegos por su incapacidad mental, por falta de oportunidades, por su falta de intención, viven en una línea continua como la de un encefalograma plano.

La transmutación de los estados mentales que provoca el camino al caminante que lo ha iniciado para mejorar como ser humano, es lo que realmente hace fuerte a quien lo recorre, la fuerza de la mente y del  espíritu, además del deseo de cambiar interiormente, es la verdadera  energía que hace que no abandonemos ese proyecto personal de cambio.

Habrá quien, cuando lea esto, piense que pretendo «catecumenizar» al personal y, nada más lejos, porque el cambio del que hablo es el cambio hacia la luz del saber, del ser, de descubrir que nuestro peor enemigo es nuestra propia ignorancia, nuestro yo bloqueado por malas experiencias, por traumas, por nuestro miedo a lo nuevo, en definitiva, el miedo al propio cambio. Tampoco lo hago desde el pedestal de una superioridad moral, sino de la experiencia, del deseo propio de querer cambiar.

También habrá quien diga o piense ¿por qué tenemos que cambiar?. La respuesta no puede ser otra que, el inmovilismo nos lleva a una actitud pasiva, monótona que, quizá nos mantenga en un estado mental de confort, pero no de una auténtica felicidad que sólo nos la da la intención de descubrir nuevas cosas. Intención que en si misma nos proporcionará un sincronismo hacia nuevas realidades. Si no deseamos ser felices no podremos llegar a serlo, la fuerza dinámica que se expresa influye en nuestras sucesivas existencias, dentro de la línea espacio temporal de nuestra vida.

La vida es un camino, la cuestión es recorrerlo de modo consciente o llevado sólo por la inercia. Puedo asegurar que la consciencia como conocimiento de nuestra propia existencia es lo único que nos proporcionará un c ambio personal hacia el perfeccionamiento moral y espiritual. La tranformación necesaria para vivir mejor y más feliz y, por contagio, hacer mejor la vida a los demás. Pero, cuidado con los ángeles y demonios que encontraremos en el camino, algunos con el disfraz de sanadores, otros vestidos de monjes, otros con la desfachatez de la negación ignorante, otros desde la provocación de su propia insatisfacción… porque la verdadera consciencia sin ningún tipo de prejuicio es la que se busca a través del libre pensamiento, sin dogmas impuestos, sin drogas morales e espirituales que alinean a las personas.

 

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