EL ARTE QUE LLEVAMOS DENTRO

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El arte se ha visto influido de una manera directa por la figura humana desde el principio de los siglos.

“Body Worlds, el ritmo de la vida”

Así, en las pinturas rupestres que aparecen en las cavernas podemos ver que la figura humana está representada de una manera frecuente y común. Es una representación esquemática y simbólica con una fuerte carga ritual.

Desde entonces las distintas corrientes culturales ancladas geográficamente han desarrollado y representado de distintas maneras la figura humana, pero es en la Grecia clásica, y sobre todo en las esculturas, donde se desarrolla con todo detalle la representación humana buscando un ideal fisonómico. Es decir, la figura humana se representa de forma realista pero idealizada.

La Venus de Milo

Sin embargo, en el arte medieval la representación de la figura humana toma un cariz más ilustrativo, aunque esto suponga un alejamiento de la realidad, pero es en el Renacimiento cuando realmente toma importancia suprema la representación humana y no solo la representación externa, sino también la interna. Así, la anatomía humana se representó con todo detalle las estructuras que la componen (Músculos, huesos, vasos sanguíneos, nervios, etc.).

Imagen: http://historia.nationalgeographic.com.es/

Durante el Barroco se añadió a la representación humana la espiritualidad y la reflexión buscando el movimiento, la tensión y la energía. Con el inicio y desarrollo del Romanticismo la representación se aleja del ideal de belleza y se acerca a lo sentimental y emotivo. Podemos decir que aparece lo sublime como aquello que genera sentimientos y emoción aunque no sea necesariamente bello. A partir de aquí podríamos pasar por las distintas corrientes artísticas y como cada una de ellas ha llegado a plasmar la figura humana, pero eso será tema de otro artículo. En este me voy a referir fundamentalmente a la representación más auténtica del cuerpo humano.

Hace unos días tuve ocasión de asistir a la exposición de “Body Worlds, el ritmo de la vida” que se celebra en Madrid. En esta exposición se muestran figuras humanas reales mediante una técnica que permite una conservación perfecta del cadáver y que se domina plastinación y que es básicamente un método técnico de preservación del material biológico.

En esta exposición tuve la ocasión de observar las figuras desde dos puntos de vistos distintos, uno como médico y otro como artista. Me voy a referir únicamente a la impresión que como artista me causó la observación de este material humano y el sentido artístico que llevamos materialmente dentro y que muchos desconocen. Voy a intentar descubrir este arte interno con algunas imágenes de esta misma exposición.

“Body Worlds, el ritmo de la vida”

En esta imagen observamos la figura humana en una posición imposible debido a la separación del hombro con el cuello. Sin embargo, desde un punto de vista artístico, la imagen es muy atrayente. Lo que primero nos llama la atención es la simetría que muestra y que es una particularidad del ser humano y de muchas otras muchas especies. La imagen nos muestra esta simetría de una manera nada sutil, incluso brusca pero con un resultado visualmente atractivo.

“Body Worlds, el ritmo de la vida”

En esta figura, lo que nos llama la atención es la expresión. A pesar de que el modelo carece de piel, observamos cómo se mantiene la expresión facial, limitada claro está, pero persistente. La musculatura pectoral aparece sin ninguna inhibición. Aquí apreciamos una característica general de todo ser vivo que es precisamente la ausencia de líneas rectas. La curva impregna a todo ser vivo.

“Body Worlds, el ritmo de la vida”

Si en la imagen anterior nos llama la atención la expresión, en esta apreciamos esa misma expresión pero más marcada, con más sentimiento. En este modelo se ha mantenido toda la irrigación arterio-venosa facial que es la que nos proporciona este sentimiento de emotividad. Sin duda, así como  la curva es la forma que impregna a todo ser vivo, el rojo es el color predominante en nuestro cuerpo.

“Body Worlds, el ritmo de la vida”

Aquí nos vamos al detalle. He mantenido los rótulos que indican la estructura que estamos viendo. Si nos abstraemos de lo que representa la imagen y nos centramos en la impresión que nos produce podemos asimilarlo a una representación pictórica o escultórica de “modern art” con una visualización de lo que sería un bosque frondoso pero sin hojas, inanimado. La profundidad, la oscuridad y lo misterioso y escondido son los protagonistas de esta obra.

“Body Worlds, el ritmo de la vida”

Esta fotografía representa el acercamiento a la propia individualidad del ser humano. Su soledad, la lucha del YO por conectar con una realidad, tal vez, sin filtros, desconociendo lo que implica esta búsqueda. Las imágenes redondeadas y oscuras dentro de la estructura nos marcan esa caverna cuya exploración es insondable pero que conocemos su existencia y ese conocimiento nos lleva a la propia soledad e insatisfacción.

“Body Worlds, el ritmo de la vida”

Por último, esta lámina nos transmite la alegría en la visualización artística. La relación del color rojo externo con los colores neutros internos nos sugiere ese compromiso del arte en buscar los esencial, lo único y tal vez, lo eterno.

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