EL ARTE DE SOLTAR LASTRE…SI FUERA A MORIR MAÑANA

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Nadie ignora que para subir más alto hay que soltar peso; pero ¿Sabemos de verdad qué peso debemos soltar?

En la vida como en las ideas, todo es: “relativo a…” (es decir, todo va ligado a su precedente o impulsor).

Cuando  pensamos en subir escalafones, en que nuestro nombre figure en el listado de puestos “importantes” o en ser una referencia de algo bueno para los demás;  se nos encienden las bombillas de la ensoñación. Nos visualizamos cumpliendo nuestros sueños, arrebatando al destino la barita de medir; haciendo que nuestra talla sea la idónea.

La Puerta del Cielo, un agujero ubicado en la montaña Tianmen de Zhangjiajie,

Pero lo anterior, a menudo, se queda en la imaginación. Como mucho, soltamos lastre de algunos miedos; aun así la mayoría no hacemos nada práctico para precipitar al mundo de lo real ese saquito de arena desde nuestro globo aerostático. Lo mismo sucede cuando debemos quemar VOLUNTAD en forma de helio, hidrógeno, propano,… según el combustible de nuestro globo.

Comenzaba preguntado por el peso que debemos soltar. Ahora me pregunto: ¿Vale la pena soltar ese peso para conseguir más altura?

Son preguntas que nos hacemos muchas veces en distintas circunstancias y además adaptamos las respuestas casi siempre a aquello que creemos “nos conviene”, sin pararnos a pensar en qué es lo conveniente. Quizás porque lo conveniente cuesta más trabajo, resulta más ingrato o, en apariencia, no nos convence como forma de conseguir más ligereza; y, por ello, volar en otros estratos atmosféricos…sea como sea, nuestras excusas  son  variopintas.

Reflexionando sobre lo anterior todavía me surgen otras incógnitas: ¿Coincide mi altura con la altura que sueño alcanzar? Y, ¿cómo no?: ¿yo soy artífice de mi altura?

Bueno, basta ya de preguntas…ahora tocan las respuestas:

1º.- Cuando se trata de saber el peso que es idóneo soltar hay que hacer una correlación entre lo perdido y lo conseguido y ésta debe llevarnos a concluir que lo conseguido es mejor. Es así de simple, tan simple como un sentimiento.

2º .- Saber si vale la pena lo perdido es sencillo; sólo hay que fijarse en la sensación de alivio. Si la sentimos, sí vale la pena y no, si lo contrario. El alivio lo sienten el corazón sin eléctricas y dolorosas punzadas, el estómago sin acidez y la espalda relajada con ganas de ponerse recta. Ah, y, lo más importante, el entusiasmo sentido al soltar el peso.

3º.- Cuando imaginamos nuestra talla unas veces nos medimos por debajo y otras por encima. Encontrar el metro adecuado, que no nos engañe, es también simple: nos miramos al espejo y sobre todo a los ojos que reflejan ese espejo. Ahora nos preguntamos: ¿si fuera a morir mañana estaría aquí haciendo lo que hago o soltaría este lastre? Cuando estamos ante la “huesuda” el juicio se nos vuelve de una claridad transparente; sin “Velo de Isis” que lo oculte. Yo suelo sentarme a veces en una mecedora imaginando que tengo ochenta y tantos años y que me quedan posiblemente unos pocos días o meses de vida…entonces me doy cuenta de lo que puedo y debo hacer y de lo que no.

Todas las decisiones que tomamos tienen dos componentes; por un lado, el deber; por otro, el placer. Pero, ¿cuál de ellos hará que nuestro espíritu vuele a las alturas merecidas? Sí, esta es otra pregunta: ¿merecemos un jardín como el de Epicuro disfrutando del placer de la subida o estamos obligados a asumir estoicamente nuestro destino aferrándonos a nuestros saquitos de arena? Yo abogo por consultar, como decía más arriba, a los órganos internos y a la mecedora.

Siempre que en la vida me he atrevido a VOLAR MÁS ALTO o lo que es lo mismo a soltar todo lo que me impedía ese vuelo, no me he arrepentido. Sí que me ha dado vértigo la ligereza, sí que he sentido el miedo de salirme de la atmósfera y perder mi hábitat natural; pero todo acto de valentía o de coraje me ha llevado a saberme más capaz, a sentirme más valiosa, más libre…

Una petición u oración preciosa, muy difundida,  que digo a mi manera: “ Luz interior, dame la fortaleza de soportar aquellas cosas que debo soportar; la rebeldía, la valentía y el coraje de cambiar y combatir aquellas cosas que debo cambiar o combatir; pero  dame además la sabiduría de distinguir entre ambas”.

Sí, la vida tiene de todo y a veces no todo es necesario, otras hay que aferrarse al mástil del barco como Ulises y no perdernos por el canto de las sirenas; no ser ligeros. El tranquilo jardín de Epicuro está en nuestra alma, pero también debe estar ese mástil al que nos atamos estoicamente y esos saquitos de arena que nos mantienen a alturas atmosféricas adecuadas.

No obstante en la mayoría de los casos es mejor soltar que aferrarse. Sobre todo porque aquello que nos pertenece o nos conviene viaja a nuestro lado sin que tengamos que asirlo o sintamos su peso y lo que no, son pesadas cadenas cuyos grilletes tienen un candado herrumbroso del que hemos perdido la llave…!!!busquémosla!!! Sólo nosotros tenemos la respuesta de dónde se halla.

¿Si fuera a morir mañana…? ¡Qué gran pregunta!

 

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