EL 90 CUMPLEAÑOS

0
49
el Padre de Rafa
su padre y el alzheimer

Ayer, papá, fue tu cumpleaños. Ayer, papá, era el día en el que todos, tus hijos, tus nietos, algunos sobrinos, deberíamos habernos reunido para celebrar que hacía noventa años que habías nacido.

Somos tan dados a las efemérides redondas. Somos tan previsibles y tan aficionados a marcar el camino con mojones que significan tan poco en realidad. Estamos tan preocupados por encontrar un motivo de felicitación que solemos dejar pasar, sin siquiera percatarnos, todos los momentos  rutinarios, normales, en los que deberíamos congratularnos en previsión de aquellos venideros en los que la ausencia de normalidad, la ausencia de felicidad o esperanza, harán que volvamos la vista atrás para buscar el último momento en el que debimos de felicitarnos, de felicitarte.

Ayer, papá, fue el cumpleaños de las ausencias, el cumpleaños en el que el cuerpo de mi padre cumplió noventa años de vida, el cumpleaños al que mi padre, el homenajeado, no asistió por incapacidad, por enfermedad, por abandono.

Hoy se, entonces no lo podía saber, que deberíamos de haber celebrado tu ochenta y ocho cumpleaños como el último que celebraríamos con mi padre, como el último en el que tú participarías con el resto de la familia de tu onomástica. Aunque fuera mermado, aunque fuera parcialmente, aunque a ratos te ausentaras para visitar ese lejano lugar en el que se vive una permanente infancia.

Ayer, papá, fue el cumpleaños de las ausencias, el cumpleaños en el que el cuerpo de mi padre cumplió noventa años de vida, el cumpleaños al que mi padre, el homenajeado, no asistió por incapacidad, por enfermedad, por abandono.

Felicidades, papá. Felicidades.

Estamos tan alejados que sé que mi mensaje no te puede llegar. No hay teléfono ahí donde resides, en ese imaginario lugar al que tu mente ha ido a refugiarse. Aun así no quiero que pase el día sin felicitarte, sin recordarme que, aunque no te olvide en ningún momento, esta fecha, dicen las convenciones sociales, las costumbre arraigadas, la práctica desde niños, es un momento en el que felicitarte es más obligatorio, en el que felicitarte exige un homenaje, un rito, una práctica especial, una parafernalia de expresiones y actitudes que este año están más encaminadas a que los demás intentemos un día de normalización que a que tú te sientas acompañado.

No sé si ha habido tarta. No sé si ha habido regalos. No sé si habrás tomado el batido, que  a diario se consigue que tomes entre gritos, agravios y engaños, de forma plácida y con ganas. No sé si, a pesar de no percibirlo, tú también habrás decidido celebrarlo. Me temo que no, papá. Yo creo que, si tu cabeza te alcanzara, celebrarías los cinco o los seis años. Sin tarta. Sin regalos. Sin fiestas ni más compañía que la que tu propio ensimismamiento pudiera proveerte.

Ayer, papá, fue tu cumpleaños y yo no estaba. Ayer, papá, cumpliste noventa años, y tú tampoco.

El Equipo de Redacción de Plazabierta.com se une a la Felicitación al padre de nuestro Colaborador/redactor Rafael Villar, al que estamos sumamente agradecido por compartir con todos nosotros sus sentimientos. Gracias Rafa

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí