DESPUÉS DEL 26J. NO HABLAMOS DE IDEOLOGÍA

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Ha pasado la campaña y la resaca, las consecuencias y los análisis van quedando atrás, en aras de seguir corriendo hacia el destino final que es un gobierno que dure al menos unos meses, a poder ser unos años, porque a nadie se le escapa que sería milagro acabar legislatura.

Hemos tenido una campaña bronca, sucia, abigarrada de boconadas de mierda que unos y otro han repartido a paladas. Se ha debatido sobre Venezuela (que desapareció cuando se apagaron las luces de los colegios electorales) se han sacado cosas de quicio, como las manos de Pedro Sánchez  con unos argumentos que enrojecerían hasta a un psicópata. Todos contra todos, con basura, ni una sola palabra sobre lo que es importante para el ciudadano, como la hucha de pensiones, seguir con recortes variados, paro, medidas  de reactivación  económica. Nos hemos dejado embaucar con los espejuelos de colores sin buscar la chicha de las cosas; han potenciado el voto del miedo unos, o de la defensa otros, sin profundizar en el meollo, y hemos votado en consecuencia.

El debate entre ideología es válido, y actual. Las teorías económicas (creo que a eso nos referimos cuando hablamos de ideología) son discutibles. Quienes creen en la libertad del mercado dejando que fluctúe en base a la iniciativa privada, con la menor intervención estatal posible, se le califica de liberales (o neocons, con las connotaciones de moralina desfasada que conllevan). A los que claman por el intervencionismo estatal en todas las facetas de la economía, se les considera en el otro extremo del espectro político.  Luego están los mixtos,  que propugnan economías donde la función pública se quede con los estamentos básicos del estado, dejando  a la intervención privada gran número de servicios. Socialdemócratas, diríamos que se consideran estos últimos .

Lo que acontece en nuestro país excede a los términos ideológicos. Nuestra política es un nosequé de mixtura, donde se liberalizan empresas para entregar a amiguetes a cambio de suculentas mordidas o puertas giratorias para un futuro. Se privatizan servicios que quedan en manos expoliadoras sin control, con el consiguiente descalabro tanto económico como social. Ejemplo de lo que apunto está en las  empresas de transporte aéreo. Iberia se privatizó con cierta alevosía, vamos, que se liquidó sin mucho miramiento. En estos momentos operan  compañías  en nuestro país, donde la suerte es que se tome el avión  llegando a destino sin incidencias. No hay control, no hay rigor por parte de Fomento, que no asegura el equilibrio entre servicio público y lícita plusvalía económica. En casi todas las empresas se opta por una política empresarial suicida, cortoplacista, basada en el enriquecimiento rápido,  que conlleva a que se  produzcan desastres como el ocasionado en los últimos días en el Prat. Podemos hablar de sanidad, podemos hablar de constructoras, que se ocupan de obra pública… de lo que quieran. Donde pongamos los ojos veremos un desaguisado,  primando el beneficio cortoplacista antes que el rigor empresarial, la investigación, o el gusto por el trabajo bien hecho. Y eso, queridos míos, no es ideología, es pura y llanamente, chapuza.

 

«Donde pongamos los ojos veremos un desaguisado,  primando el beneficio cortoplacista antes que el rigor empresarial, la investigación, o el gusto por el trabajo bien hecho. Y eso, queridos míos, no es ideología, es pura y llanamente, chapuza.»

En estos tiempos se recurre a la descalificación de forma rápida. Si eres de derechas, enseguida te califican de facha, si eres de izquierdas, el insulto es: podemita, populista, bolivariano… Nos enfurruscamos unos contra otros, sin ver que lo verdaderamente insultante es ser un chapucero/a. No es de ideología de lo que hablamos, porque los partidos que han gobernado este país  se han colapsado por amiguismo, por corruptelas, por una  manera de hacer política que solo veía una forma de enriquecerse, de conseguir poder y prebendas para el futuro del interfecto o de amigos y familiares. Y eso no es ideología. Es pura y llanamente, sinvergonzonería. Como ejemplo puede servirnos ese ministro de Interior, en plan Pepe Gotera y Otilio, dejándose grabar en su despacho, o la encargada de la Oficina Antifraude que convive con defraudador; las concesiones de obra sin concurso público o amañado hasta la nausea.

Hasta que no seamos capaces de limpiar, de arrancar las malas hierbas (sí, parafraseo a Echenique, sin complejos) no avanzaremos. El creer en una forma económica y/o  ideológica casi es lo de menos en estos momentos,  lo verdaderamente importante es limpiar, cosa que no es posible si los encargados de hacerlo son los mismos que ensuciaron. Luego, si tal, ya discutimos de ideología, de momento tenemos tanta basura que no sé si queda tiempo para florituras.

 

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