DESNUDAR A UN SANTO

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El indudable éxito obtenido por el presidente del gobierno en su negociación en Europa, consiguiendo la excepción ibérica para establecer un cálculo diferente en el precio de la energía, apenas da para tapar esa carrera contra sí mismo que el gobierno lleva sosteniendo desde hace ya un año. Sin duda la guerra de Rusia no ha ayudado a que la coyuntura internacional sea favorable al desenvolvimiento económico de la situación, lastrada por una pandemia que conllevó a un empobrecimiento de las pequeñas empresas y de las clases más desfavorecidas de la sociedad, incluida la clase media en su parte más vulnerable, pero la inoperancia general de un gobierno instalado en la complacencia cuya mayor aportación ha sido, es, y parece que seguirá siendo, la mentira propagandística, está llevando a la zona más vulnerable de la sociedad a un callejón sin salida.

Hay dos refranes que me vienen a la cabeza, cada vez que oigo que el gobierno toma alguna medida para paliar la situación, que además intenta vender como jugada maestra, y que resulta ser tardía, ineficaz y claramente perjudicial a medio y largo plazo, cada vez que compruebo, una vez más, que la única seña distintiva de la medida es el parche populista: “Desnudar a un santo para vestir a otro” y “Pan para hoy, hambre para mañana”.

La única solución que existe para un problema económico, dentro del sistema actual, es aumentar la generación de riqueza, el empleo, el dinero circulante, buscar los mecanismos que consigan una mayor productividad, una mayor capacidad de las empresas para producir, emplear y poner en circulación bienes y servicios que contribuyan a una fluidez enriquecedora del dinero. Y eso, en nuestro país, pasa por afianzar y favorecer a la pequeña empresa, que es la genera el trabajo y mueve la mayor parte de nuestra economía, pero lo que el gobierno está haciendo es justo lo contrario.

Subidas de impuestos, reales y anunciadas, promulgación de leyes populistas que provocan gastos absolutamente superfluos en informes y adaptaciones que en nada contribuyen al sostenimiento de la capacidad de esas empresas, aumento de subvenciones y ayudas que lastran el mercado laboral. Y, como consecuencia final, pérdida de confianza, pérdida de poder adquisitivo y desmoralización social y económica en una espiral nociva.

Me pregunto, muchas veces, varias veces a diario, si alguien en el gobierno, en sus inmediaciones, en sus círculos habituales, ha estado en toda su vida en situación de vivir las consecuencias de las medidas que toman, a pie de calle. Si alguien, en los ministerios, desde el ministro hasta la mayoría de los funcionarios, tiene la experiencia necesaria para comprender como una medida, habitualmente de corte populista, ideológico, sectario (y vale para cualquier ideología), afecta a los más pobres de la sociedad, a las empresas más pequeñas, a las clases baja, media-baja y media-media. No, yo creo que no.

La medida de bajar veinte céntimos la gasolina, no solo es inútil, populista, es que además es pan para ayer y hambre desde ayer mismo. Las gasolineras ya han descontado una semana de subvención aumentando los precios de forma inmediata al anuncio y antes de que entre en vigor la medida, que además ignora que, en un mercado alcista, como el que vivimos, esos veinte céntimos apenas representan nada para una situación a corto plazo respecto a los costes de las empresas y, por ende, a su repercusión en los precios al consumidor. La gasolina ya está casi tan cara, con la subvención descontada, como el día que s e anunció la medida, inadecuada, ineficaz y populista.

No se han tocado los impuestos, que sería la única forma en la que el descuento se adaptara de forma automática al precio variable del mercado y que el incremento de costes de transporte, servicios y materias primas, no sufran una permanente revisión que devenga en precios al consumo, o sea, en inflación, que empobrece y lastra a la sociedad, que cercena de forma grave la capacidad de trabajo del pequeño empresario, del  autónomo y del comprador de diario, que compromete el empleo y la supervivencia.

Al parecer, lo dice el presidente del gobierno, la culpa de todo es de Rusia, de la guerra, y de la pandemia, incluso del clima. Al parecer, al parecer del presidente del gobierno. Y nada tiene que ver su permanente improvisación, promoviendo medidas  para paliar a corto plazo lo que necesita un plan a largo plazo para evitar una tendencia hacia un empobrecimiento general de la sociedad, hacia una brecha social de difícil evaluación.

Bueno, no todo, no todo es culpa de Rusia. Aumentar las subvenciones, cualquiera que viva el día a día lo sabe, lastra el mercado laboral, de por sí, ahora mismo, escaso de profesionales y de obreros especializados. Claro, la situación es difícil, y los más necesitados, necesitan más dinero para poder sobrevivir. Pero fallan los controles, fallan las perspectivas, fallan los objetivos que convierten, en los casos de picaresca, que abundan, la subvención en un ingreso alternativo a un empleo, y sin obligaciones. Fallan las políticas de subir impuestos sin otra medida que impida que esa subidas se acaben, inevitablemente, repercutiendo en los precios finales, para que los paguen los subvencionados, que a su vez necesitaran más dinero, que implicará una mayor presión fiscal sobre las empresas para aumentar la recaudación y poder aumentar las subvenciones, y en ese proceso las empresas más débiles se vendrán abajo, aumentando el número de necesitados de subvención, lo que su vez supondrá… una espiral imposible, difícil de parar, imposible de parar con medidas cortoplacistas.

Un claro ejemplo de estas actitudes, y ya lo anticipé hace unos meses en otro artículo titulado “Un gobierno a la carrera”, fue el acuerdo a finales del año pasado, con la patronal del transporte, y que supuso, de facto, un encarecimiento sobre toda mercancía transportada, y un abandono del pequeño trasportista, que sigue abandonado tras el acuerdo actual, junto con él, los reparadores, los repartidores, los pequeños autónomos y sectores que necesitan del vehículo para llevar a cabo su trabajo.

Cualquier sociedad que prime la subvención sobre las medidas de crecimiento productivo, que incentive la picaresca sobre el trabajo, que olvide que la brecha social solo se puede solucionar con una clase media lo suficientemente fuerte para regulara el enriquecimiento de la clase más poderosa, y utilice a esa clase media como carnaza populista, como chivo expiatorio de su necesidad de presentar medidas populistas, solo tiene una política: “pan para hoy, hambre para mañana”

Bueno, en realidad dos políticas, y la segunda es “Desnudar a un santo, para verter a otro”

1 COMENTARIO

  1. Me pregunto cuántos lustros se seguirán añadiendo a los previos en los que la desorganización social continuará limitando el bienquerer social para con el bienestar social. Las marionetas políticas de nuestro país, como Perro Sánchez, saben perfectamente «lo que se hacen»: son actores muy bien pagados. Saben que lo que dicen no se lo cree nadie; pero es indiferente por completo. En España nos va demasiado el postureo, la apariencia, la fachada… Lo de la acción, la responsabilidad y la organización para luego, primero una cañita y unas papas. Saben desde el primer momento que todas estas medidas son inútiles; bueno no, ciertamente son muy útiles, tan solo debe variarse el prisma que se usa para juzgar los OBJETIVOS que persiguen tales acciones «políticas». Saben perfectamente que están arruinando a la sociedad gracias a todas las incongruencias que vienen acumulándonos, no solamente desde los últimos dos años, sino desde hace décadas y décadas; y además se ríen en nuestra cara a través de la caja tonta, cosa longeva también. Seguramente esté usando esta respuesta para proyectar mi cabreo, discúlpame Rafael por usar este espacio para ello: me he acordado del Frente Popular de Judea y del Frente Judaico Popular.
    Nos hago memoria y evoco el momento en el que cientos de jubilad@s marcharon hace no mucho desde el norte y desde el sur a través de sendas columnas para encontrarse en la capital del Reino y luchar, con sus no tan débiles piernas y sus indestructibles corazones, contra todas estas y más injusticias innecesarias. También hicieron uso de su voluntad y talante. A ver para cuando les tomamos en serio la partida y jugamos nuestra mano con intención ganadora. Estoy terriblemente seguro de que nos están esperando con los brazos abiertos y con la mirada ilusionada.
    Gracias Rafael.

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