DESDE EL CONOCIMIENTO DE UNO MISMO HASTA LA PIEDRA FILOSOFAL.

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Conocer a otros es inteligencia, conocerse a sí mismos es sabiduría. Manejar a otros es fuerza, manejarse a sí mismos es verdadero poder.

(Tao Te Ching)

El proceso de explorar y comprender nuestras propias emociones, pensamientos, fortalezas, debilidades, valores y motivaciones, exige una profunda introspección sin la cual es imposible conocer nuestro verdadero “yo” interno, y evolucionar en la construcción de nuestra propia identidad y en nuestras relaciones sociales.

Para Sócrates, el hombre que ignora su verdadera naturaleza está condenado a la ignorancia y la esclavitud interior. Se trata de un proceso de individuación que nos permite tomar conciencia de cómo somos realmente, y de esta manera integrar nuestras sombras mediante el reconocimiento de los arquetipos que nos habitan.

Sin entrar en los 12 modelos de personalidad que según Jung son los conocidos arquetipos, cierto es que todos en nuestro interior guardamos ciertos modelos originales o primarios, o tendencias innatas de cómo deben ser las personas, convirtiéndose en patrones universales por medio de los cuales podemos obtener o delimitar los que definen nuestra personalidad.

Sin  embargo, estos patrones universales de pensamiento y comportamiento que residen en el inconsciente colectivo, no son entidades fijas que se deban seguir ciegamente, sino que lo apropiado para tener una personalidad delimitada “propia” es tomar conciencia de ellos y elegir como se manifiestan en nuestra vida. Es decir, no se trata de eliminarlos, sino de ser conscientes de su influencia y evitar quedar atrapados en sus patrones rígidos. Tomemos como ejemplo el arquetipo del “inocente”, el cual caracteriza por presentar una fe y confianza casi absoluta en el mundo que lo rodea. Su principal meta en la vida es ser feliz, por lo que tiende a mostrar una actitud positiva y despreocupada respecto al entorno en el que vive; sin embargo, pienso que este arquetipo no se desdibuja si se tiene cierto escepticismo como una manifestación prudente para protegernos ante cierto grado de maleficencia del mundo que nos rodea.

Dicho de otro modo, tomando como referencia los arquetipos y moldeándolos según nuestra propia experiencia llegaremos al conocimiento de uno mismo. Principio básico de la sabiduría que permitirá nuestro encuentro con la piedra filosofal, como un símbolo del estado de plenitud y armonía del ser humano consigo mismo y con el universo. Su obtención no es el fin de una búsqueda externa, sino el resultado de una profunda transformación interna.

Permítaseme acudir de nuevo, a ese acrónimo que  ya he utilizado en otros análisis del comportamiento humano, en su ascenso a la perfección espiritual: V.I.T.R.I.O.L, frase latina atribuida al alquimista Basilio Valentín (nacido en Alsacia, hacia 1394) que se lee como Visita Interiora Terrae Rectificando Inveniens Occultum Lapidem, es decir: explora los interiores de la Tierra, rectificando encontrarás la Piedra Oculta, siendo ésta el culmen del progreso del espíritu, del alma, de ese interior que envolvemos de ciertos disfraces de apariencia, desnudándolo de lo superfluo para llegar a lo realmente importante, el equilibrio con nuestro yo interno.

Conclusión

El viaje desde el conocimiento de uno mismo hasta la piedra filosofal es, en esencia, el viaje de todo ser humano hacia su plenitud. No se trata de una fantasía esotérica, sino de un proceso profundamente humano, que exige honestidad, introspección y voluntad de cambio.

La piedra filosofal no es una sustancia mística escondida en algún rincón del mundo: está dentro de nosotros, como posibilidad latente, como meta de nuestro desarrollo más auténtico. Solo a través del autoconocimiento podemos acceder a ese tesoro interno que nos permite no solo transformar nuestra vida, sino también contribuir a la transformación del mundo.

Así, la alquimia se revela como un camino simbólico hacia la libertad interior. Conocerse a sí mismo es encender la chispa que, con trabajo y paciencia, puede convertirse en el fuego alquímico capaz de forjar el oro del alma: la piedra filosofal.

 

2 COMENTARIOS

  1. Hermoso artículo.

    Sin duda, el trabajo más arduo y meritorio es el descubrimiento y pulido de la identidad interior.

    Gracias por recordarlo.

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