¿DE VERDAD SOMOS LEALES?

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Tal vez pedir lealtad en los tiempos que corren sea demasiado pedir, incluso creo que ni siquiera habría que pedirla, porque la nobleza que exige tal valor es algo que se tiene o no se tiene. ¿Cómo se va a pedir respeto a quien no se lo tiene a si mismo?, ¿cómo se va pedir defensa de un proyecto, de una persona o de una institución cuando alguien no es capaz de respetar su propia imagen y la imagen de lo qué representa?.

Respeto, fidelidad, posicionamiento y valentía son manifestaciones de la lealtad, no de forma inconsciente o de manera contraria a la normas o reglas que la sustentan, a la moral y al orden natural y, en último caso, al orden social que hace posible la convivencia entre los seres humanos, anteponiendo  a la justicia  cualquier sentimiento de satisfacción de nuestro propio ego. De no ser así, sólo seremos cómplices de actitudes o comportamientos  ajenos indebidos.

La lealtad como valor es una virtud, cuyo motor es la conciencia, lo que nos lleva al compromiso de defender y ser fieles en lo que creemos o en quienes creemos, sobre todo cuando las circunstancias son adversas, con valentía y decisión, pero también con discreción y respeto frente a injerencias indebidas que tratan de socavar los cimientos en los aquella se construye, como son las propias reglas internas de actuación y de comportamiento debido.

La lealtad no exige blandir banderas para demostrar que somos fieles, menos aún con confrontación fanática a lo contrario, porque no hay mejor arma que la razón y el sentimiento noble, incluso frente a quienes consideramos opuestos, bien por compasión frente a su lucha interna de falta  de conciencia que les lleva al enfrentamiento con nuestra lealtad, quien sabe si por odio o envidia, o bien para evitar agresiones innecesarias al proyecto, institución o persona a la que somos leales.

Ahora bien, la fidelidad como sentimiento más profundo, manifestación de la lealtad, nos obliga a decantarnos por un bando, no sólo porque hay o puede haber un conflicto de intereses, sino porque la fidelidad es un vínculo en el que no tiene cabida quienes son o pueden ser enemigos o polos opuestos, que dañan o pueden dañar dicho vinculo, sobre todo a la persona o personas con las que lo mantenemos.

No podemos dejarnos  influir por la estrecha línea que existe entre el amor  y el odio, pero tampoco se puede negar el riesgo que corren los que profesan la lealtad frente a la traición, pero como he tratado de decir antes, el sentimiento más noble frente al odio o la envidia es la compasión por quien lo sufre, por el trabajo absurdo de mantener su ego por encima de la honestidad. Así que ya sabéis,  no os voy a decir eso de que, o estáis conmigo o estáis contra mí, sino que, a quien no sepa donde está, que haga un esfuerzo por aclararse.

 

 

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