DE LA NEW AGE Y OTROS DEMONIOS I

Por el ámbito del crecimiento personal circula un letal veneno, absolutamente dirigido por el YO social, que comenzó su ponzoñoso trabajo en el momento en que apareció la religión de moda… La New Age.

Fuente: pxhere.com

El propio concepto de crecimiento personal es un destilado de esa misma religión… Es como para darle una individualización, y de esta manera separarla un poco de otras religiones que insisten en que al paraíso se llega en comunidad.

Curiosamente los adeptos a esta religión también acaban insistiendo en eso mismo, consiguiendo que la única diferencia entre su religión y todas las demás estriba en el nombre que le dan a su deidad… En este caso la llaman “Universo”.

Dejemos claro desde ya que las religiones conceptualizadas como tal no hacen sino separarnos de los preceptos que descubrió el inspirador de esa idea. Así, de Buda nos separa el Budismo, de Cristo el Cristianismo, y de la Nueva Era nos separa la New Age.

Y para entender bien esto, hay que comprender uno de los más poderosos mecanismos del YO.

Como ya sabemos, el YO no quiere que te salgas de tu zona de confort. Ahí puede protegerte, aunque sea impidiendo tu crecimiento, y que todo sea terreno conocido.

Sin embargo, hay momentos en la vida, elegidos o no, que nos sacan de nuestra zona de confort. Y en ese momento, el YO, que no ha conseguido detenernos, rápido como el rayo llega hasta nuestra nueva experiencia, la captura, y se la carga… Con el único objetivo de llevarte para atrás, o como mínimo que te quedes donde estás, siendo el quien nuevamente dirige el asunto.

¿Un ejemplo de todos los días?

Venga.

Cuando una persona le señala a otra un error que ha cometido, la primera reacción es que esa persona se sienta mal… Eso es tan común que todo el mundo pensará “Claro, es normal”.

Sin embargo pensemos un poco… ¿No debería ser motivo de alegría que alguien nos señale el error? Eso nos da la posibilidad de avanzar. Pero no, nos sentimos mal… Luego nos argumentamos que está bien, que hay que ser humilde y esas cosas, pero en definitiva la primera reacción interior ha sido negativa.

Pues ahí tenemos un perfecto ejemplo de la velocidad a la que se mueve el YO en nuestra mente.

Ver un error es salir de la zona de confort, dado que si te lo han señalado desde fuera, es porque desde dentro no se veía… Y el YO, raudo y veloz se ha subido a su caballo, y ha capturado la experiencia para que al sentir culpa o vergüenza nos volvamos para atrás, o nos quedemos donde estamos en una interminable pelea con nosotros mismos.

¡Punto para el!

Y en el caso de la New Age, y realmente de todas las religiones, es exactamente eso lo que pasa.

Alguien tiene una buena idea, la lleva a la práctica, experimenta los resultados positivos de esa forma de actuar, pensar y sentir, y la vive y la trasmite, queriendo o sin querer.

Y a partir de ahí, el humano clásico, que necesita institucionalizarlo todo, crea una religión, convirtiendo la EXPERIENCIA de Buda, o de Cristo en una CREENCIA. Una bonita idea en la mente…

Pero es una idea, y como idea es manjar del YO, ya que la mente es su indiscutible territorio.. Es como ponerle una tortilla de patatas al YO… La hace suya, la devora y te hace pedir más.

Y para comprobar que las religiones están creadas por el YO, no hay más que observar el papel que estas han desempeñado en la evolución de la humanidad… Creo que sobran los ejemplos.

Y ahora es donde vamos a meter realmente el dedo en la llaga, ante el previsible aluvión de adeptos iluminados de la New Age que vienen a decirnos “Que nooooo…. La new age solo habla de libertad, iluminación y trascendencia”.

¡Qué curioso! Exactamente igual que el resto de religiones.

Así que vamos a probarlo. Aunque eso será en el siguiente artículo.

 

Recordad seguir a la Rana… ¡ELLA CONOCE LA VERDAD!!

 

 

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