
Dedicado especialmente a mi primogénito.
Todo el mundo aficionado a la fotografía y algunos otros que no lo somos tanto, sabe o estamos informados de que la velocidad de obturación de una cámara es el tiempo durante el que el obturador de la misma permanece abierto y permite que la luz llegue al sensor.

No obstante el comienzo, este artículo no va de fotografía al uso, sino de una cámara que imagino tiene una velocidad de obturación infinita, cuyo tiempo de exposición, por tanto, sería cero al producirse la apertura y el cierre instantáneo del obturador.
Lo anterior supondría que la luz no tuviera tiempo de atravesar ese obturador y llegar al sensor de la cámara, ya que (“se supone”) viaja en paquetes discretos o fotones, como dice la ciencia, de velocidad finita (aprox. 300.000 km/s).
Mi imaginación no se sitúa en el frente de la “realidad” ni en la retaguardia de la ciencia. Me gustaría avanzar en la vanguardia; pero creo que en ese caso sería carne de cañón al carecer de conocimientos suficientes para sortear las balas del frente del “conocimiento verdadero”. Aun así, me gusta volar sin alas, porque es gratis, y, si de antemano admito que el viento que me lleva sólo existe en mi mundo particular, no falto a la verdad, uso mi verdad.
¿Dónde me lleva mi verdad imaginaria?:
- Creo que el tiempo cero sí se podrá captar con una cámara de velocidad infinita de obturación que, en algún momento de la eternidad científica (humana o no) se construirá o se habrá construido (según se viaje al pasado o al futuro). La imagen del comienzo debe existir y esa imagen, según la contemplo, coincide plenamente con la imagen del final; todo comienza donde acaba, porque el tiempo es sólo movimiento circular.
- La velocidad o energía potencial es también el tiempo cero, donde el obturador de una cámara de velocidad de obturación infinita, simultáneamente, está abierto y cerrado. Por él pasa la “división infinita de la luz”, o “energía cinética” inacabable.
- Para mí el fotón no es la unidad mínima de energía lumínica, lo imagino “dividido” en paquetes infinitos; eso supondría luz absolutamente continua y de velocidad infinita (sería luz y oscuridad al mismo tiempo), por tanto, no medible con los medios actuales, y, ¿podría medirse acaso el infinito?; creo que entonces no sería infinito…
Con lo expuesto, me suelto del paradigma de la observación y la medición. Creo que acaba de derribarme un balazo del frente físico experimental y teórico contrario; pero no me importa, aquí soy libre. Nada más libre que volar con la imaginación.
Sigo imaginando y ahora veo:
- De manera lógica, en la eternidad todo sería posible, por eso me atrevo (aunque con total y absoluto respeto y reverencia hacia la ciencia) a no poner travas o palos “lógico científicos” en el engranaje de mi pensamiento. No me para estar equivocada para otros puntos de vista ajenos. Ato mi carro platónico a la última y primera “chispa” de luz eterna, es mi estrella imaginaria de la verdad…de mi verdad. ¿Acaso la verdad no es al mismo tiempo absoluta y relativa?; sí lo es, porque en el tiempo eterno todo movimiento puede darse en toroide de centro espiral y fractales infinitos.
- El movimiento depende de un Ente movible o que se mueve por sí, se inicia desde un punto y todo punto es una perspectiva. En el espacio infinito toda perspectiva es a la vez absoluta al espacio y relativa a sí misma.
- Paradójicamante, un fotograma es una imagen sin movimiento, congelada en el tiempo. En mi particular pasado existen muchos fotogramas de tiempo cero. Me gusta también imaginar que les doy vida y viajo hasta los efectos de todos los movimientos causales con los que podría descongelarlos; pero eso será otra historia que me gustará contarme en otra ocasión.
Son mis imágenes de espacio, tiempo y movimiento. En ellas la luz y la oscuridad son lo mismo, sólo se diferencian en la perspectiva de la observación.
Una vez leí, y anoté para futura reflexión (que queda en lo anterior reflejada), lo siguiente:
“La magia del fotograma reside en su capacidad de suspender el tiempo, revelando realidades invisibles y convirtiendo un instante ordinario en eterno.”
Cerrando ya esta conversación conmigo misma y con quien me esté leyendo, sólo me resta decir que:
TODO ES LATIDO DE LUZ, LATIDO DE ETERNIDAD.





