CONVERSACIONES CON EL ALMA: REFLEXIONAR TAMBIÉN ES SENTIR

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Todo pensamiento está imbuido de una emoción y toda emoción nos lleva a un pensamiento. El corazón y la cabeza nunca se separan, aunque pueda parecerlo; observando nuestros pensamientos y sentimientos desde el testigo consciente que somos, nos damos cuenta de esa unión de sentimiento y razón.

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La voz del testigo es muy honda; por eso, como la luz de las estrellas lejanas tarda en llegar a nosotros, pero cuando llega sabemos sin lugar a dudas que habla el alma. Ella es la testigo, la notario, la registradora. Ella toma buena nota de todo cuanto acontece desde nuestro latido ventricular hasta las sinapsis neuronales. El alma no sólo vive en nosotros, sino que además nos configura.

El registro de nuestra alma traslada a nuestros movimientos, gestos, voces y miradas lo que en ella han vertido nuestra razón y nuestro corazón; por eso se distingue enseguida quién es quien; y de momento sabemos, sin que una persona tenga que abrir la boca, qué clase de información guarda su alma. La interacción es energética e instantánea, sin que la inicien la razón ni el corazón, aunque ambos procesen al instante la corriente energética que nos ha llegado.

Cuando decimos tener una intuición, un pálpito o una iluminación, en realidad deberíamos decir: me ha hablado el alma; porque no es nuestra mente la que anticipa el conocimiento instantáneo, tampoco lo hace el corazón; ellos son el soporte carnal de la información que el programa álmico ofrece a nuestros sentidos.

Se nos hace difícil comprender que somos “tres personas distintas en una sola verdadera”; pero a imagen y semejanza de nuestro Origen Sagrado eso es realmente lo que somos: alma, corazón y razón. Considerando al corazón y a la razón no meros soportes materiales, sino entes que desprenden de sí la información que recogerá el Alma y ella procesará amasando el barro de nuestra configuración física.

Todo proceso necesita energía y a la vez la desprende. Nuestra alma es pura Energía y, para que nos demos cuenta ante el espejo de en qué nos estamos convirtiendo, emite a través de los ojos luz u oscuridad. Si no somos capaces de ver en nuestras miradas el bien o el mal, es que aún no estamos preparados para comprender; pero, como en todo proceso, es sólo cuestión de tiempo, y muchas vidas, que lo hagamos.

Cuando hablo con el alma y la interrogo, ella nunca me responde con palabras; lo hace con señales: éstas son inequívocas; por ejemplo, aparecen en la hora capicúa de un reloj; en las palabras que exactamente necesitaba escuchar o leer en el momento adecuado; en los encuentros aparentemente fortuitos, pero que devienen imprescindibles…

Las sincronías o sincronicidades son el lenguaje del alma; de lo divino que llevamos dentro y nos provee de la energía de vida de la que disponemos. Hay que estar atentos, debemos ser conscientes de cuanto acontece a nuestro alrededor y comprender que es producto de nuestro pensar, de nuestro sentir y de nuestro hacer.

Sí, somos los hacedores de nuestro destino. Buscamos incansablemente la libertad y se llega a ella, como dijo el Maestro, a través de la verdad; la verdad que, como tal, no tiene cara B, porque no es moneda de cambio, sino prenda que avala nuestra valía.

Se nos dio al nacer un pasaporte cuya fotografía era la configuración álmica que habíamos heredado de otras vidas y de otras acciones. Después fuimos adquiriendo un aspecto mejorado con el tiempo o, por el contrario, desmejorado. Todo depende de nuestro “libre” albedrio, aunque a la vez, paradójicamente, estamos condicionados por nuestra genética y nuestra epigenética.

Lo bello no se maquilla, se muestra tal cual es, no necesita argumentos foráneos. Nada más lejos de la verdad que aquello que se dice o hace para gustar. No me refiero, por supuesto, a maquillar un rostro cuya piel no es muy agradable; me refiero a maquillar nuestras intenciones, a esconder nuestros verdaderos sentimientos y nuestros auténticos pensamientos.

Todos somos un producto de nuestros pensamientos, sentimientos, acciones, reacciones…

Marco Tulio Cicerón dijo: “El rostro es el espejo del alma, y los ojos son sus interpretes”.

En pocas palabras ajenas encontré un hermoso resumen a mi pequeña reflexión:

  • Una persona no es bella por el marco de su cuerpo, sino por la arquitectura de su alma (Autor desconocido).
  • Si tu alma está presente en cada uno de tus actos, jamás te arrepentirás de nada (Autor desconocido).
  • El hombre no puede encontrar un lugar más tranquilo o sin problemas que en su propia alma(Marco Aurelio).

Siempre que me esfuerzo por estar presente, mi corazón y mi mente van de la mano; es mi alma quien observa.

 

 

2 COMENTARIOS

  1. decía Don Miguel que sólo pensando con el corazón y sintiendo con la cabeza se puede llegar a descubrir un atisbo de la Verdad. Un hombre hambriento sólo puede pensar con las tripas, por eso Sancho es más revolucionario que Don Quijote.
    Sin embargo, no comparto que la intuición sea un mensaje del alma. O sí. Pero en tal caso el alma ha de ser ese mensaje que llevamos tatuado en el ADN con información que tenemos sin haber adquirido conscientemente: es el inconsciente colectivo. Es la información que las especies se transmiten genéticamente como medio de supervivencia. le llamamos Alma a eso? … podría ser.

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  2. El inconsciente colectivo jungiano, los registros akashicos, la nube de internet…; todo es información, igual que el ADN; igual que el alma, lo mismo que el Ente Primigenio.

    la existencia pluriuniversal es sólo información. lo que me pregunto es si esa información es real y, por ende, inalterable o producto de individuales y colectivas interpretaciones.

    Yo siento el alma como individual, pero a la vez compartiendo esencia con el alma colectiva; como las hojas de un árbol, todas parecidas, pero ninguna exactamente igual.

    Agustín de Hipona: «De la cabeza al corazón y del corazón a la cabeza».
    Unamuno: «Piensa el sentimiento, siente el pensamiento».

    Sí nos paramos a reflexionar, todos los sentimos…

    Muchas gracias por tu magnífico comentario.

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