CONTINÚA EL DESASTRE SANITARIO

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Siempre, cuando tenemos que pasar por el mecánico, no de nuestro vehículo, sino de nuestro cuerpo, y nos encontramos con colas más largas que las de la ITV, cansados del sistema sanitario al que nos han llevado la hermandad PP-PSOE -recuerdo a los lectores que fue este último partido que inició los trámites para la privatización-; solemos echar nuestras prestes contra los profesionales sanitarios que, aunque hay de todo, son los que menos culpa tienen en todo este entramado de despropósitos que han convertido nuestra sanidad, una de las que mejor funcionaba a nivel mundial, en un auténtico desastre.

 
 

Decir que son los que menos culpa tienen, significa que, en cierta manera, también tienen cierta responsabilidad por permisivos con unas condiciones laborales cada vez peores, no en cuanto a  las económicas, que a algunos no afectan al suplementar con el trabajo en la privada, mediante una compatibilidad de la que no gozan la mayoría de los empleados públicos, con jornadas interminables que denotan una fatiga que repercute en los pacientes; sino más bien, por soportar la masificación de casi todos los servicios de salud, reduciendo sus tiempos de consulta a un hola, siempre que se dé con alguien agradable y educado, y a un adiós, que muchos no entendemos que les de tiempo a un diagnóstico certero que, en definitiva no hace mas que repercutir en su prestigio profesional y, como no, en nuestra propia salud.

No obstante, a pesar de todo, igual que no nos faltan pelos en la luenga para despotricar contra el sistema sanitario, debemos resaltar la profesionalidad y hacer vocacional que desde celadores, pasando por auxiliares, enfermeras y médicos, hacen que todo este engranaje funcione de la mejor forma posible.

En todo caso, debemos ser conscientes, que igual que atribuimos cierta responsabilidad a dichos profesionales, también, nosotros, los ciudadanos, como usuarios del servicio la tenemos, no sólo por meter en la urna la papeleta para dar el mando quienes se han cargado el “istalache”. Aunque dudo, que sabiendo que quienes se dedican a la política no valen para otra cosa, ni siquiera para la política, sino sólo para chupar, pueda venir alguno que solucione este caos.

«debemos resaltar la profesionalidad y hacer vocacional que desde celadores, pasando por auxiliares, enfermeras y médicos, hacen que todo este engranaje funcione de la mejor forma posible.»


Pero como dicen que la esperanza es lo último que se debe perder y, aunque el tema de los Santos se lo dejo a mi santa suegra, que por cierto, con resultados muy favorables, incluso para esta protestona, aunque deje parte de su pensión en luminarias al pie de los Santos; encenderé también yo una vela a Santa Rita, para que, como patrona de los imposibles haga algún milagro.

En la próxima marcha blanca que se haga en tu ciudad a ver si te apuntas, porque en definitiva de todos depende de que las cosas vayan mucho mejor, no siendo suficiente sacar la banderita española cuando juega nuestra selección de fútbol o cuando se trata de reivindicar la unidad de España. La lucha social por nuestro derechos también es una forma de demostrar nuestro patriotismo.

 
 

1 COMENTARIO

  1. Cierto. Hay que reconocer las cosas en su justa medida. Reconocer cuando funcionan bien o viceversa. Tenemos grandes profesionales en nuestra sanidad, podría dar algunos nombres, experimentados y vocacionales que con su entrega a los pacientes impiden que el sistema sanitario degenere todavía más.
    Mi respeto y gratitud para estas personas por trabajar en unas condiciones limitadas.
    A los políticos, a los que han gobernado y a los que gobiernan, a quienes tienen la responsabilidad de haber llevado a la ciudadanía a sufrir esta penosa, por no decir desastrosa, situación, les diría: que si de mi dependiera les enviaría directamente a sus casas, sin aforamientos ni demás prebendas, cobrando el paro mientras preparasen el curriculum vitae para ejercer otra función más acorde a sus capacidades, no me cabe duda que las tendrán mejores que para la política.
    Por mi parte solo puedo garantizarles que mi voto no lo volverán a obtener JAMÁS.

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