CONSCIENCIA Y SUFRIMIENTO

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Es el sufrimiento, y no la inconsciencia, la cara reversa de la moneda, cuya cara frontal conforma la consciencia.

Sufrir es padecer conscientemente; más bien, a conciencia.

 

El sufrimiento y la consciencia no pueden concebirse como inseparables, ya que son una misma cosa; ambos conceptos son raíces y tronco, ramas y hojas, flores y frutos del mismo árbol. Quizá, de ambas, una esté más reseca que la otra o la cubra una capa de musgo mayor o sea más vieja o esté mejor posicionada e inclinada en dirección a los rayos solares o sea visitada más frecuentemente por abejas y otros insectos o luzca más jugosa y sepa menos agria.

Percibir comprendiendo, con comprensión; comprender la percepción, lo percibido. Uno se mete en el mar y, objetivamente, su bañador y su piel se mojan, pues irremediablemente entran en contacto con el agua salada. A continuación, o simultáneamente, uno percibe que su bañador y su piel se han mojado; al mismo tiempo, o tal vez más tarde, puede comprender que su bañador y su piel se hallan empapados. La comprensión de esta percepción, la percepción de esta comprensión y nada más son la consciencia.

Uno puede comprender que percibe y percibir que comprende, incluso cuando no es capaz de expresar a que equivale o en que se traduce, de dónde proviene y qué significa, tal comprensión. Uno puede saber que se ha mojado sin saber cómo expresar, sin conocer la explicación al significado del concepto de hallarse mojado. Uno se moja y percibe y comprende que se ha mojado. Sin añadiduras.

Todo el mundo padece, temporal o crónicamente, de/a: un dolor de muelas, una pancreatitis, un picor agudo, estrés, un vecino inoportuno, sí mismo, el miedo a la muerte, terrorismo psicológico, acoso personal, escolar y/o laboral, de soberbia, de insensatez… En cambio, no todo el mundo sufre al respecto. ¿Cómo iba el mismo número de personas a sufrir lo que padece si no todo el mundo es consciente, y muchos no quieren serlo, de lo que, aquí o allá, ahora o entonces, apenas o terriblemente, padece?

Yo, en relativas ocasiones y cada una de ellas en mayor o menor medida, padezco de esporádicos arrebatos de celos, de inseguridades oscuras, de leves molestias musculares, de intensas descargas emocionales, de vergüenza propia y ajena, de absurdas imposiciones político-socioculturales acientíficas, de estupidez, de desgana, de impulsos sexuales compulsivos, de volátiles reacciones agresivas, de apatía, de períodos existenciales críticos, de nervios, de falsas pajas mentales, de angustia, de falta de pragmatismo, de incomprensión, etc; menos veces que más también las sufro, pues soy consciente de estar padeciéndolas, algunas a conciencia.

La pregunta al padecimiento es: “¿De qué padeces?”

Al sufrimiento son: “¿Por qué sufres?” y “¿Para qué sufres?”

El padecimiento tiene remedio, pero el sufrimiento exige solución. El sufrimiento precisa ser abrazado, para que pueda marcharse ofreciendo una genuina sonrisa a su resentido, y entonces ya, ex compañero.

En resumidas cuentas, tal y como alguna vez he oído decir: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.”

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