CONFIESO QUE HE PECADO (II)- LA COCINA, LA MAGIA, LA FÍSICA CUÁNTICA Y LA QUEIMADA

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Me da qué pensar, últimamente, al hilo de la moderna costumbre de hablar de física cuántica, sin tener ni idea de física cuántica, la inmensa cantidad de correlaciones, de implicaciones, que la cocina tiene con tradiciones, con sapiencias, con desconocimientos ancestrales transmitidos oralmente y cuyo significado se va perdiendo en esa misma transmisión, más preocupada de la literalidad que del significado.

Todo el planteamiento podría resumirse en dos preguntas, en una pregunta reversible ¿existiría la cocina si no existiera la magia?, ¿existiría la magia si no existiera la cocina? Creo que no, sinceramente. Cuantas más vueltas le doy, más me parece que estoy hablando de dos facetas de un mismo conocimiento; es más, ya rizando el rizo, llego a la conclusión de que no existiría la ciencia si no existieran la magia y la cocina, porque el primer gran tratado científico que podría escribir la humanidad, aún antes de que supiera escribir, versaría sobre el tratamiento de los alimentos para su conservación, y, como consecuencia última, su manipulación para conseguir sabores y preservar texturas.

¿Qué fue primero, el escabeche o la piedra filosofal? En este caso, la disquisición sobre huevo o gallina, no tiene razón de ser. La evolución es el arte de sobrevivir, y la inteligencia acaba siendo el arte de sobrevivirse, como hemos podido comprobar a lo largo de la historia. Y eso nos lleva a concluir que el hombre aprendió a sobrevivir, comer, procrear, imponer, antes de llegar a ser hombre, pero lo primero que tuvo que aprender cuando ya alcanzó ese estatus, fue a preservar, a prever, a transformar, y su primera necesidad, como la de cualquier otro animal, fueron los alimentos.

Pero me desvío. ¿Qué tiene que ver la cocina con la magia? Pongámonos en situación. En realidad, y a nada que nos paremos a pensarlo, son una misma ciencia con un diferente objetivo, son un mismo resultado con una diferente aplicación. Esa parte de la magia que estudia las preparaciones, mediante una formulación que enumera proporciones, tiempos, ingredientes, para lograr un ungüento, un elixir, una poción, un jarabe o un licor, no parece ser otra cosa que un recetario de alimentos para el alma: para el amor, para la riqueza, para el éxito, o para la dominación, en vez de servir para alimentar al cuerpo.

¿Qué es la alquimia, si no una aplicación de cómo cocinar ciertos ingredientes para extraer de ellos transformaciones provechosas? Y llegados a este punto, a este camino o discurrir, podemos establecer un nexo, una cierta identidad, entre la magia, la alquimia y la química, como representante de la ciencia, que racionaliza y sistematiza todo el conocimiento mágico para hacerlo perfectamente reproducible. ¿Acaso Fleming descubrió la penicilina? No, identificó el principio activo, sistematizó su obtención y aplicación, y describió su utilidad, pero su uso mágico, sus poderes curativos en bruto, tal como se encontraba en la naturaleza, era un conocimiento ancestral. Y lo mismo podemos concluir de anti infamatorios, febrífugos o antisépticos que los chamanes, brujos, o brujas, y hechiceros aplicaban, cocinaban y prescribían en las formas mágicas que la transmisión oral les legaba.

Bueno, pero la cocina es otra cosa. Sí, y no. Es otra cosa porque el objetivo de la cocina, en primer lugar, era preservar los alimentos en el tiempo, y en segundo lugar, hallar texturas y sabores que hicieran de la ingesta de lo cocinado un acto social, y, finalmente, un placer y una constatación evolutiva sobre el dominio del hombre sobre los elementos que lo rodean, un arte.

Un ejemplo. Una bruja, pone en su caldero, mágico, burbujeante, un puñado de hierbas, cola de lagartija, garras de murciélago, alas de mosca, alguna raíz, y una pizca de azufre, lo deja hervir convenientemente, y remueve de vez en cuando, para extraer un brebaje que cure los males del estómago. Una cocinera, en su caldero, puesto con la cantidad de agua conveniente en el fuego del hogar, un puñado de sal, un trozo de estómago de cerdo, una pata de buey, polvo de pimiento seco molido, estambres de flores moradas, machacados, una mezcla de hierbas aromáticas, una mezcla de carnes y sangre de cerdo embutidas en tripa del mismo animal, lo deja hacerse durante el tiempo adecuado, y obtiene unos callos majestuosos que invitan al placer y al exceso, y curan el hambre durante una digestión placentera. La misma cosa, con diferente perspectiva.

A la cocinera la guardaremos en nuestra memoria durante años, siglos si ha transmitido su receta, y a la bruja, a nada que se descuide, la quemaremos en la hoguera, pero ambas han aplicado las mismas técnicas, pero con diferentes objetivos.

Pero, entre tanta identidad, entre tanto paralelismo, sería conveniente, casi inevitable, encontrar alguna fórmula que puedan compartir la cocina y el laboratorio mágico, tal vez científico. Y la hay, los gallegos la conocemos desde hace siglos y la manejamos con la reverencia de su parte mágica y con el placer de su parte culinaria. Una preparación que aúna todos los requisitos de todos los ámbitos de los que en estas letras estaba identificando. Estoy hablando de la queimada.

Es imposible hacer una queimada sin apreciar su sentido mágico, su conexión con los entes mágicos, -fadas, feiticiceiras, bruxas y meigas-, sin asomarse a los mundos espirituales, poniendo para ello en juego los cuatro elementos, la tierra, simbolizada en el barro del pote para elaborarla, el agua, representada por el aguardiente que es el ingrediente elemental, el fuego transformador, unificador, que permite que ese aguardiente, tratado por el fuego y matizado por el azúcar, se convierta en una bebida que calienta el estómago, y la mente,  y permite atisbar entre la llamas esos mundos inaccesibles para lo cotidiano. Y por último, y no menos importante, el aire, ese aire en el que las llamas danzan, abren portales mágicos, y configuran caminos al son que el cocinero, con el cucharón, los va insinuando con sus movimientos.

Seguramente hay, habrá, más preparaciones mágicas que, como la queimada, visiten la realidad mágica desde la inocuidad de una cocina, pero cada uno habla de lo que más conoce. Me vienen a la cabeza las cuervas, los carajillos, o las zurras, bebidas, todas ellas, con un poso ceremonial.

Y llegados a este punto alguien se preguntará, me preguntará: vale, pero ¿qué tiene que ver todo esto con la física cuántica? Todo, para un gallego es casi evidente, lo llevamos viviendo desde nuestros más ancestrales tiempos, lo llevamos compartiendo desde tiempos remotos, pero nadie nos entendía. Llevamos siglos conviviendo con la magia, con su entorno, con sus personajes, viviendo sus paisajes, bebiendo sus brebajes, e intentando que los demás comprendieran, pero hasta que los físicos no descubrieron los fundamentos cuánticos, nadie se había dado cuenta. Y ahora, posiblemente, tampoco.

Veamos; nunca se sabe si un gallego va o viene. Las partículas cuánticas no deciden su carga hasta que son observadas. La Santa Compaña es una intromisión de otro mundo en este, con una interacción evidente. Los fantasmas podrían ser una manifestación de un diferente estado cuántico de la vida, que alcanza, en momentos concretos, a interactuar con estos. Se puede, casi se debe, no creer en las brujas, pero existen. Dadas las características de las partículas cuánticas, casi puede inferirse que la existencia, o inexistencia, de algo depende le existencia, o inexistencia, de un observador que lo provoque.

No sé, mi ignorancia, evidente dados mis comentarios, no me permite saber, cuántas partículas cuánticas observo en el baile dirigido de las llamas de una queimada. No sé, la imaginación me ayuda, pero no es suficiente, cuántos mundos, cuántos estados de la materia y de la antimateria, puedo entrever mientras el cazo revuelve y airea la llamas azules del alcohol, las amarillas del azúcar, las entremezcla, las separa, las lanza y las decanta. No sé cuantos entes mágicos me observan mientras ejecutan en otras realidades este mismo encantamiento del fuego que absorbe la vista y la complace. Pero si hay dos cosas que si sé: la belleza de la danza solo se ve superada por el placer de la ingesta; con los vapores del alcohol que emanan del brebaje, no hay rincón de la eternidad que no resulte visitable.

Receta para un brebaje mágico que conecte realidades (QUEIMADA)

Aguardiente, su cantidad dependerá del número de celebrantes, azúcar, unos doscientos gramos por cada litro de aguardiente, un mechero, cerilla o candela de cualquier tipo, si el oficiante es hábil, y el aguardiente bueno, no hace falta más. Se permite el uso de un limón, cortado sobre el aguardiente para que el zumo que se desprende, como si fuera una sangre ritual, se vierta sobre el aguardiente. Y nada más, absolutamente nada más. Se vierte todo en un recipiente cerámico: primero el aguardiente, después el azúcar y finalmente el limón. Cuando el azúcar está en el fondo, se toma una pequeña cantidad de azúcar y alcohol, procurando no remover, con el cazo, y se ladea este para aplicar la llama en su borde. Cuando la llama azul prende en el contenido del cazo, se acerca este al resto del aguardiente, con lentitud, procurando que el fuego no se derrame, si no que salte por simpatía al aguardiente del cacharro, y se observará cómo va prendiendo y cogiendo fuerza, antes de empezar a remover. Si se hace antes de tiempo puede apagarse. Cuando el fuego coge fuerza, la magia dependerá del oficiante, de la mirada de los observadores y solo habrá que vigilar el equilibrio buscado entre las llamas de los distintos elementos. Finalmente, muy importante, estamos ante una bebida mágica, no cometa el grosero error de apagar las llamas ahogando el fuego, si la preparación está en su punto correcto bastará, imprescindible, un potente soplido para que se considere llegado el momento de la ingesta. En ese momento, ya, el aire estará impregnado de presencias, de secuencias, de querencias. Beba y deje que se manifiesten.

P.D. Aunque hay quién necesita un conjuro, su uso es equivalente a recitar la fórmula mientras preparamos un compuesto químico. De todas formas, y dada la tendencia del hombre a verbalizar sus deseos, les adjunto una invocación de cosecha propia, aunque lo mejor es que cada uno haga la suya. Feliz viaje por la magia cuántica.

Hermanos, amigos.
Entes del bosque contiguo.
Espíritus de las piedras,
espíritus de los antiguos,
Hadas, duendes y otros entes.
Presencias e intuiciones.

Ya se ha prendido el fuego, del pote brota la llama
Esta noche en este momento del fuego surge la magia
Reclamemos a todos los mundos que desde lejanos confines
Desde los tiempos pasados o justo desde nuestro lado
Puedan ahora acudir porque el fuego los reclama
Unámonos todos hermanos en fraternal alianza
Y al amparo de la llama, hagamos todos un ruego
Con humildes y medidas palabras

Invoquemos sobre el fuego:

A su espíritu primero porque en él reside la luz
Es parte de la alianza, es calor y es el hogar
Y en sus entrañas cambiantes no solo está la verdad
Está también el amor y es símbolo de juventud.

A los seres que no vemos y tenemos alrededor
Aprovechad el momento y dando formas al fuego
Trasmitidnos vuestros miedos, transmitidnos vuestros ruegos
Para que siendo conscientes de ellos podamos serviros mejor.

Invoquemos también al amor,
Para que asomado a la llama
Nos acerque a quien nos ama
Y se expanda alrededor.

Invoquemos a la estrella del norte que es guía y referencia
Y a la bóveda celeste y a su camino estelar
Y a todos los peregrinos que siguiendo su presencia
Recorrieron su destino y encontraron su lugar

Y ahora esperemos hermanos
A que el fuego vaya mermando
Y cuando en esta bebida
Su esencia esté contenida…
Bebamos hermanos, bebamos
Brindemos por los seres humanos
Brindemos por la naturaleza
Por el amor, por la belleza

Que se pulan las aristas
Que el cincel talle con tino
Y que el tiempo, ese ladino,

Se emborrache y nos pierda de vista

1 COMENTARIO

  1. De la queimada decir, que, realmente, sé por experiencia que es mágica.
    De la cocina, que, sin duda, es uno de los mejores laboratorios de la salud.
    Y en cuanto a las partículas subatómicas: todas bailan con las meigas, hechiceras o brujas, según sus invocaciones o conjuros dicten.

    Excelente y divertido artículo.

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