Desde el corazón valiente nunca se miente, nunca se falla. Desde el corazón valiente se dice y hace lo que se siente y no se hiere; porque habla y actúa el Alma.

Atreverse a sentir es conectar con lo auténtico. La razón es entonces una práctica herramienta que no elige destino, sólo sugiere camino:
Donde esté tu libertad, allí latirá tu corazón más fuerte y sonreirá tu Alma.
¿Qué nos hace libres?:
De forma particular, me hace libre sentir que no sólo soy un cuerpo con una mente. Para mí: la TRASCENDENCIA es, sin duda, LIBERTAD; algo que siempre supe, aunque hubo un tiempo muy lejano en el que era necesario que lo negara, para irrefutablemente confirmarlo; como esa reducción al absurdo de las operaciones lógicas.
Sé que tengo alma y que ella lo sabe todo sobre mí. Lleva registradas y grabadas a fuego todas mis memorias. Ha escrito un libro al respecto y sobre él posa sus manos de agua; un agua tan limpia como la verdad de mis sombras y mis luces.
Pero la herramienta lógica de mi mente dice:
– Si tú tienes alma, también la tiene una piedra, una hormiga, un murciélago, un águila…
– Claro, -le respondo- debe ser así.
Creernos la única especie elegida por el Universo para latir con su Latido, para experimentar individualmente lo que la Mente Universal absorbe de la existencia colectiva, es absurdo. Sí, sin duda, todo, absolutamente todo aquello donde vibran átomos, tiene alma. Porque el Alma del Universo, que todos y todo compartimos, no es más que Energía, no es más que Luz llena de registros e información.
Creo que la vida es hermosa, pero también creo que no lo es igualmente para todos y cada uno de nosotros, independientemente de la especie a la que pertenezcamos tenemos vidas distintas, porque según el lugar que ocupemos y la función que desempeñemos estaremos más o menos a gusto.
Esas diferencias en los individuos de cada especie serian injustas si sólo dispusiéramos de una vida, si sólo tuviéramos la oportunidad de EXPERIMENTAR COMO RAMA Y NO COMO SEMILLA.

Ya sabemos que en cada gota de agua se encuentra la esencia del océano; por eso, como fractales que somos de la existencia eterna, en cada cuerpo donde átomos se juntan para vibrar también se encuentra la esencia de la Vibración Primigenia.
Si uso la razón para entenderlo, yo no sé qué es Dios (el Demiurgo Platónico, la Energía Universal… o como cada uno queramos llamarlo), sólo sé que, buceando en mí, he encontrado una certeza de SER que escapa por completo a mi entendimiento.
También sé que las certezas del “mundo material”, “medible”, “tangible”, “comprobable”…, deben ser sometidas al “Sólo sé que no sé nada” socrático.
Si ni siquiera sabemos qué es la materia; si lo que ayer era tautología científica hoy es refutable… ¿dónde está la verdad?
Yo sólo tengo una verdad y no es la que Descartes pensó en su: “Cogito ergo sum”. Es la que siento cuando digo: “Siento luego existo”.
Hay leyes que se esculpen en símbolos con rayos de luz en el frontispicio de mi templo interior. Las más importantes de esas leyes dicen:
– En este mundo de sombras, la luz del Alma disipa las dudas y regala las certezas.
– Si algo se sabe es que se ha comprendido, aunque no se haya entendido.
– Negar o afirmar: sólo con el sentimiento que del Alma nace.
Todos tenemos un hermoso caleidoscopio desde el que mirar. Si los colores que te muestra son grises u oscuros, gíralo hasta que por él pase la luz como por bellas vidrieras. La vida sin la luz del Alma es sombría y triste, cuando perdemos esa luz nos pesa como un costal de piedras a la espalda.
Al preguntarme, si merece la pena la vida (y me refiero a todas las vidas humanas y no humanas) sin la Trascendencia, sin la Justicia Universal (que hace pasar por el tamiz del tiempo todas las experiencias hasta que se completa el fractal a plena imagen y semejanza), siempre me respondo: “No sería justo, no sería justo…”
Sólo me queda añadir que, para mí, hay algo que me da todas las certezas y es:
La sal de las lágrimas, ya sean de tristeza o de alegría. Esa sal debería conservarse como hacían los alquimistas de antaño en un frasquito. Es una esencia muy valiosa y con ella se puede purificar cualquier duda, cualquier dolor.
SAL: “Salis” en latín; “halas” en griego; “Sara” en sánscrito; Alma sin comillas en mi particular castellano.

Desde el corazón valiente, a través de mi alma, hablo y pregunto al Alma del Universo, a Dios, y me responde con un rayo de luz, a veces con un arcoíris. Él, yo lo sé, es Luz y por eso con Luz me responde suempre.




