CON CÁNCER, SIN MIEDO

4
32936
128

 

Un diagnóstico inesperado, una mirada serena y un deseo intacto de seguir compartiendo el camino.

Imagen aportada por el autor del texto

Nunca me han gustado demasiado las sorpresas, aunque suelo aceptarlas con buen talante. Pienso que, en cierta manera, contribuyen a desestabilizar tu forma de vida. Evidentemente, no todas son iguales: las hay agradables y desagradables.

Hace unos días me sorprendieron con una de las segundas: tengo cáncer.

La médica que me lo comunicó evitó emplear esa palabra. Prefirió decir “tumoración maligna”. Como esas expresiones podían prestarse a equívocos, le pregunté:

—¿Es cáncer?

Ella me miró, esbozó una leve sonrisa y respondió:

—Sí, cáncer.

Si he de ser sincero, la noticia no me conmovió ni mucho ni poco. Las evidencias médicas, tras un examen concienzudo, avalaban el diagnóstico. Era simplemente lo que había. Otro médico, cirujano especialista en la materia, me habló de la urgencia de intervenir para eliminar al inoportuno invitado. Como es lógico, acepté actuar cuanto antes. Y en eso estoy ahora: esperando que me citen.

He tenido una vida larga, rica en experiencias intelectuales, culturales y deportivas, en todos los campos que me han apetecido. Por eso, tratando de ser justo, no puedo quejarme de nada. Tampoco de que esta piedra —esta china— me haya salido al paso. Y aun así, espero seguir caminando durante muchos años más porque, parafraseando a Descartes, daría todo lo que sé y he hecho por una décima parte de lo que ignoro y me queda por hacer.

Veo mi cáncer como uno de esos lestrigones, cíclopes o poseidones de los que habla Kavafis en su poema “Ítaca”. Y, siguiendo su consejo, no lo temo. Es una realidad que hay que mirar de frente, actuar con sensatez y asumir que, de algún modo, modificará mi forma de vivir, al menos a corto plazo. Pero la vida continúa. Y debe seguir con plenitud, sin renuncias ni huidas. Sin dejar de ser uno mismo.

Nuestra existencia, desde que nacemos, está tejida de experiencias que nos modelan. A veces las elegimos; otras veces, nos eligen ellas a nosotros. Pero todas, si las acogemos con conciencia, nos enriquecen. Y tal vez, gracias a ellas, podamos iluminar —aunque sea brevemente— el camino de quienes se cruzan con nosotros.

Si esa luz sirve o no a alguien, es algo que no debe preocuparnos demasiado. Compartir lo que somos y tenemos, sí: creo que es una obligación esencial de todo ser humano hacia sus semejantes.

Soy optimista por naturaleza. Y eso me lleva a pensar que seguiré compartiendo estas páginas que nos brinda Plazabierta, este espacio donde las voces se cruzan, se escuchan y se acompañan.

¡A por ello!

 

 

4 COMENTARIOS

  1. Es una actitud sabia y, por ende, valiente, la suya. Nada enseña tanto como la enfermedad. Nos hace verdaderamente fuertes de espíritu.

    Le deseo una pronta recuperación.
    Gracias por compartir la experiencia.

    1
    0
  2. Querido Teófilo:
    Desde el afecto que te profeso y desde la experiencia de llevar más de diez años peleando por no sucumbir a una «sorpresa» idéntica a la tuya, te envío mi apoyo y mi abrazo más fraterno. Ánimo. La vida es siempre lucha y resistencia. Hoy, además, contamos con herramientas médicas, quirúrgicas y farmacéuticas que producen auténticos milagros. Yo soy beneficiario de uno de ellos y tú lo serás también. Cuéntame a tu lado. Caminaremos quizá un poco más despacio que antes, pero seguiremos caminando juntos. Ayudándonos mutuamente.
    Un fortísimo abrazo.

    1
    0

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí