COMER SANO, CONSCIENTE Y A GUSTO

Hace más de dos siglos, el repostero francés Nicholas Appert desarrolló ‘el arte de conservar durante años todas las sustancias animales y vegetales’. A partir del envasado se formarían las industrias conserveras. Nicholas Appert llegó a ser premiado por la República Francesa por lograr suministrar comida en buen estado a los ejércitos napoleónicos. No tardó el inglés Peter Durand en patentar las latas de conserva, si bien la explicación científica llegaría medio siglo más tarde: con Louis Pasteur y su procedimiento de pasteurización. Los avances siempre llegan tarde para muchos seres humanos, por de pronto para los antepasados. Muchos no lo tienen en cuenta.

Leo ‘Dieta y meditación’ (Siruela), libro de Madonna Gauding que nos propone captar la belleza de los alimentos y el placer sensual de comer, y que atendamos al sonido, el color, el olor y el sabor de lo que nos rodea. Habla del arte de comer suficientemente despacio y prestar atención a lo que estamos haciendo. Más allá de automatismos, es una llamada a concentrarse en el momento ‘presente’, de cada uno y de nuestro alrededor. Evitar la ansiedad y la ingesta emocional del hambre dolorosa. Una dieta consciente repele la comida rápida. Cabe considerar que el no estar conectados con nuestras sensaciones, y con nuestro cuerpo, impide el acceso de las señales de saciedad, lo que nos lleva a comer mucho más de lo necesario y promueve la obesidad. El placer puede ir de la mano con el hambre fisiológica, pero no con la emocional.

Se trata de establecer una relación sana con el cuerpo (siempre imbricado con la mente), con el alimento y con el propio acto de comer, para lo cual se postulan alimentos sanos, frescos y apetecibles. Recomendaciones de Gauding son: ser meticuloso lector del etiquetado de los productos que consumimos; procurar productos integrales, sin aditivos ni sustancias químicas; comer menos carne roja y más pollo y pescado: “No es necesario ser vegetariano para comer de forma sana”.

El saber popular dice mejor solo que mal acompañado. También con la comida. Pero comer con buena compañía permite templar nuestro ritmo, conversar en torno a una mesa, escuchar y ser escuchado. “Deleitarse en la sensación de verte amado y aceptado tal y como eres”. Esta es una posibilidad irrenunciable: Comer sano, consciente, a gusto y mucho mejor si se está ‘bien acompañado’.

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