CARTAS SIN FRANQUEOS (XIV)- LOS POPULISMOS

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Me comentabas el otro día que es difícil saber qué es populismo y qué no. Es más, que no tenías muy claro que hubiera un populismo de izquierdas y un populismo de derechas. Llevo días, desde que lo hablamos, intentando encontrar la manera de explicártelo, de explicármelo, aunque basta con ver un par de sesiones de informativos de televisión, o leer un par de diarios para hacerse una idea bastante aproximada.

Antes de pasar a los ejemplos ilustrativos sería conveniente que establezcamos una base teórica para que nos sea más fácil el acercamiento; populismo es todo aquello que comparte tus ideas, pero con lo que tú jamás compartirías lo métodos para conseguirlo. Y aunque se crea que el populismo solo existe a nivel político, no es cierto, los populismos, sus hermanos gemelos, existen en todos los ámbitos de la vida humana. Al fin y a la postre, el populismo político no es más que el hermano refinado del charlatán de feria.

El charlatán de feria saca un artilugio, te hace una demostración asombrosa de su utilidad y facilidad de manejo, te convence de que es exactamente lo que llevas esperando toda la vida, te lo vende, y cuando llegas a casa, e intentas usarlo, te percatas de que eres incapaz de lograr el mismo espectacular efecto que has visto durante la demostración. Seguramente el artilugio es válido, es igual, exactamente igual, al que le viste usar, pero lo que no te contó es cuánto tiempo necesitó para lograr la pericia demostrada. Te engañó, te ocultó el método por el que tú vas a acabar arrinconándolo en algún recóndito y oscuro lugar de tu casa y de tu memoria. Seguramente no vuelvas a acordarte de él hasta una limpieza general o una mudanza.

O sea, que en el populismo todo está en el charlatán, en su habilidad para manejar el objeto y la situación, y, por supuesto, en la capacidad de empatía con el público expectante. Perdón, y en el ambiente, no olvidemos que el ambiente es fundamental. El charlatán de feria necesita del ambiente de feria, que supone una predisposición a la compra, para ejercer su hechizo. El político populista necesita un ambiente de crisis, de frustración, de decadencia, para su florecimiento. Necesita el descontento, la mediocridad, la confusión, para colocar su mensaje.

Pensemos, y soy consciente que en los actuales tiempos de abundancia excesiva es difícil, que un padre tiene un hijo que ansía un artículo de difícil adquisición. Pongamos, en los tiempos de mi niñez lo era, aunque ahora no, que fuera una bicicleta. Las distintas actitudes del padre ante el reto nos llevarán a ilustrar los distintos populismos.

El padre normal considerará que la opción es comprar la bicicleta, para lo cual necesita un dinero determinado que, directamente, o mediante ahorro, podrá adquirir.

El padre populista, antes de plantearse cualquier posibilidad, identificará enemigos externos, aquellos que son culpables de que su hijo quiera una bicicleta y no la tenga, o que, simplemente, ya la tienen y él, el padre, por distintos motivos, considera que no se la merecen. Cierto, eso no va a conseguir que su hijo la tenga antes, pero tampoco ese es el objetivo del agravio.

El padre populista de derechas se fijará en que ciertos niños inmigrantes, o de familias desarraigadas,  tienen bicicletas porque se las regalan ciertas instituciones o asociaciones, o porque directamente las roban. ¿Qué tiene eso que ver con su compromiso de comprarle la bicicleta a su hijo? Nada, roben las que roben los inmigrantes, regalen las que regalen las instituciones, en las tiendas seguirá habiendo las mismas bicicletas y al mismo precio. ¿Las bicicletas que tienen esos niños son del último modelo o bicicletas recicladas, o sobrantes? Da igual, el agravio es que hay niños a los que se les ha regalado la bicicleta y al suyo tiene que comprársela.

El padre populista de izquierdas pondrá automáticamente su atención en que hay niños que tienen más de una bicicleta, alguna incluso que fue de sus padres, por lo que parten en una situación de ventaja, ya que disfrutan de bicicleta desde que han nacido ¿Qué tiene que ver eso con su compromiso de comprarle la bicicleta a su hijo? Nada, tengan las bicicletas que tengan otros niños, las hayan comprado o heredado, en las tiendas seguirá habiendo las mismas bicicletas y al mismo precio ¿Hay niños que tienen  dos y hay otros que tienen trecientas sesenta y seis? No importa, lo importante es que hay niños que tienen más de una y el suyo aún no tiene ninguna.

El padre populista de izquierdas, además, negará que pueda haber niños inmigrantes que roben bicicletas, o instituciones que las regalen. Y al padre populista de derechas dirá que no importa cuántas bicicletas tengan algunos niños siempre y cuando sean del país.

Y mientras se quejen, mientras sean sus niños los que no tengan bicicletas, todo estará dentro de lo cabal, pero ¡ay de nosotros! si en algún momento esos padres alcanzan la potestad de legislar sobre las bicicletas, porque puede que el mercado de las bicicletas lo resista, pero no la libertad de los niños.

Recuerdo, cuando era pequeño, que mis padres me enseñaron como usar mi conocimiento del gallego para mejorar mi ortografía en castellano. ”Todo verbo similar que en gallego lleva una f  y en castellano es una  vocal, se escribe con h”, decía mi madre. “fariña, es harina, desfeito, es deshecho”, porfiaba ¿Y esto a que viene? Pues esto  viene a que a veces cierto conocimiento del lenguaje nos facilita una mejor percepción del mundo que nos rodea.

Los populistas siempre hablan de repartir, jamás de compartir.

Los populistas hablan de la igualdad como uniformidad, jamás como equidad

Los populistas siempre hablan de imposiciones, nunca de tolerancias.

Los populistas siempre hablan de fronteras, nunca de límites.

Los populistas siempre hablan de agravios, nunca de causas.

Los populistas siempre ven como defecto ajeno lo mismo que en ellos es virtud.

Los populistas siempre describen  y exigen su libertad, nunca hablan de la libertad, de la de los demás, de la de todos

De todas formas, nunca intentes utilizar estos argumentos con un populista, siempre considerará que los culpables, las culpas, son otras, de otros, de los otros.

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