CARTAS SIN FRANQUEO (LXXIII)- LOGROS Y OBJETIVOS

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Me cuestionabas, a raíz de mi último artículo, que no hablara en concreto de negocios y de objetivos sociales en la empresa, que es un tema candente. Bueno, primero habrá que definir que es una empresa, que es un empresario y que son los objetivos sociales, porque empresa es todo aquello que se emprende con unas pretensiones determinadas.

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Una empresa es aquella iniciativa que se enfoca al logro de unos objetivos. En este mundo, patéticamente ideologizado, hasta la pérdida del lenguaje y de la perspectiva, cuando se habla de empresa se presupone un objetivo económico, y no es cierto, eso, además de una empresa, es un negocio. Insisto, empresa es toda actividad que se inicia con unos objetivos, y estos no son necesariamente económicos, también pueden ser éticos, sociales, solidarios, académicos u organizativos. En muchos casos, casi siempre, pueden ser mixtos, dado que el desarrollo de uno de los objetivos puede comportar un logro económico. Existe, salvo para empresas temporales, aquellas en las que la consecución del objetivo primario supone el cese de la actividad, un objetivo no declarado, implícito, que es que la obtención del objetivo principal genere unos recursos suficientes para perdurar en su desarrollo. Un laboratorio tiene como objetivo primero lograr un medicamento que se considere necesario, pero sin perder de vista que la sostenibilidad de la empresa pasa por generar recursos, con la venta del objetivo logrado, para lograr nuevos medicamentos, y así sucesivamente.

En el transcurso de esta doble actividad, lograr el objetivo y obtener resultados, pueden generarse beneficios extraordinarios, beneficios que van más allá de cubrir los costes, salarios, impuestos, adquisición de equipamiento, estructuras, e inversiones, es decir, los beneficios que empiezan a producirse cuando los ingresos superan los costes ordinarios y la reintegración del capital inicial desembolsado, siempre teniendo en cuenta que, en la mayor parte de los casos, de ese beneficio hay que descontar los ingresos de los empresarios, si no tuvieran sueldo, y el porcentaje de interés del capital inicial. Si aún así sigue habiendo beneficios, lo que solo suele suceder en las medianas y grandes empresas, es el momento de hablar de logros, es decir, de cómo vamos a disponer de esos beneficios extraordinarios. Y aquí sí, es cuando las ideologías intervienen, cuando el segundo elemento a definir de esta carta entra en escena: el empresario.

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Hasta aquí nos hemos preocupado de entender qué es una empresa, no valen ideologías, no valen consideraciones personales, no vale otra cosa que un estructura enfocada a un objetivo, con una sola norma, eficacia, porque sin la consecución del objetivo nunca habrá existido la empresa. Se le podrá llamar proyecto, o intento fallido, o fracaso, pero no empresa, salvo que nos atengamos a los términos legales, que a efectos administrativos traza unas fronteras insostenibles en el mundo real.

Y si no se le puede llamar empresa a todo intento de lograr un objetivo, tampoco se le puede llamar empresario a todo aquel que inicia una empresa, ni siquiera a todo aquel que logra objetivos en la empresa iniciada. Para mí, empresario es aquel emprendedor capaz de iniciar una actividad sabiendo los sacrificios, personales y económicos, incluso sociales, que debe realizar para cumplir los objetivos, y que busca unos logros más allá del lucro personal, o de la simple supervivencia. Esos saqueadores de su propia actividad que vacían la capacidad de supervivencia de la empresa en aras de una acumulación de enriquecimiento personal, sin otras miras que su propio beneficio, suelen ser especuladores en busca de un enriquecimiento rápido y personal, o trabajadores en necesidad que no encuentran otra salida en el mercado, pero cuyos proyectos suelen carecer de perspectiva y de logros, incluso de otro objetivo que no sea el puramente económico.

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Y una vez conseguidos los objetivos:

  1. Lograr un bien, sea ético, económico, o material, que la sociedad demanda, o necesita, o del que carece.
  2.  Lograr que la sociedad se interese por él y lo incorpore a su demanda.
  3. Obtener una remuneración adecuada a los costes de producción.
  4. Asegurar la supervivencia de la empresa y su capacidad de oferta.

llega el momento de los logros, llega el momento de separar al empresario con unas miras de emprendimiento, del simple auto empleador, o del especulador, llega el momento en el que las convicciones personales de cada empresario marcan el destino de su beneficio, y por tanto el destino socio-económico de ese bien excedente, que se llama beneficio extraordinario.

Suele existir la convicción, solo en aquellos cuya visión teórica de la realidad se convierte en una ceguera práctica, que los logros también deben de ser comunes, y marcados desde un principio, pero la realidad es que los logros solo son reales cuando la cuenta de resultados permite aplicarlos, e intentar subvertir el orden, o negar la realidad, solo llevan a un fracaso sin objetivo, sin beneficio.

Éticamente me gustaría crear una ONG con capacidad suficiente para acabar con las fronteras, con los refugiados, con las inmigraciones ilegales, pero el análisis de mis fuerzas puede explicarme que no tendré más opción que evitar un número determinado de muertos en el mar, acoger a unos cuentos con garantías de que sean atendidos, y garantizar el futuro de todavía menos. Éticamente me gustaría erradicar la guerra de todo el planeta. Éticamente dedicaría mi vida a lograr una sociedad equitativa. Éticamente. Pero mi mente empresarial, analítica, me explica que lo primero que tengo que hacer es ponerme en marcha con un proyecto viable, a mi alcance, por muy limitado y nimio que me parezca, para, si logro resultados, ampliar mi apuesta. Recurriendo a la sabiduría popular, evitar que mi perspectiva de lo mejor, me impida pelear por lo bueno. Y esta suele ser una visión teórica, políticamente populista, de empresas que todos podemos compartir, pero que nunca serán realidad sin seguir los pasos adecuados, ni aunque intente hacerse por ley, como últimamente sucede.

Pero, para ser más concretos,  y basándonos en una empresa tradicional de objetivo económico, e intentando ser coherente con la realidad, veamos los principales logros a acometer empresarialmente, siempre teniendo en cuenta que el orden, la asignación de recursos, o el cumplimiento de unos en detrimento de otros, siempre dependerá de las convicciones del individuo, no de la empresa.

  1. Reinversión en la actividad
  2. Fondos de seguridad para cubrir la supervivencia de la empresa
  3. Mejora del nivel de vida y ahorros del empresario.
  4. Diversificación del negocio, para preservar la actividad de los vaivenes de mercado.
  5. Mejora de las condiciones laborales, horarios, instalaciones, conciliación familiar…
  6. Mejora del nivel de vida de los trabajadores, reparto de beneficios, mejoras salariales…
  7. Reinversiones sociales. Patrocinios, fundaciones, donaciones, proyectos sociales…

Pero, querido amigo, insisto, paso a paso, siguiendo el trayecto sin pretender saltarse las paradas, evitando que el ansia del logro, la convicción de que el logro es lo que importa, nos lleve al fracaso de ni siquiera contemplar los objetivos, porque en ese caso, todos pierden, nadie gana.

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