CARTAS SIN FRANQUEO (CXXXVI)- CARTA AL INTERIOR

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Querid@ Dula: brindo por cualquier lucha que signifique libertad, pero por eso mismo no puedo adherirme a la tuya. No puedo permitirme luchar por la incoherencia mientras contemplo la muerte física e intelectual a la que está sometido todo el planeta por parte de los mediocres representantes del poder real –y disimulado-, no puedo ser incoherente, ni quiero permitírmelo, ni siquiera en un ejercicio de banalidad, cuando a cada minuto que pasa yo mismo he perdido o estoy en peligro de perder alguna libertad individual más –y son muchas las cedidas en aras de la pretendida seguridad desde el 11S- y considero que hemos sobrepasado el límite del Gran Hermano y estamos al borde del Gran –estado- Padre.

Necesitamos valores, y coherencia, y compromiso con ellos, para no legar a nuestros hijos una versión revisada de “Un Mundo Feliz”, y si me empeño en el muro es porque, aunque el muro sirve a veces para encarcelar, también sirve para contener, y yo me veo más como el cerdito aplicado que hizo su casa de ladrillo para contener al lobo-poder. Y necesitamos libertad, libertad real, libertad individual, libertad relacional, libertad fuera de estructuras caducas, adocenadas y basadas en el miedo y prejuicio. Estructuras empáticas y no políticas, relaciones fraternales y no competitivas, fines justos y no prepotentes.

¿Son estas suficientes lagrimas?, ¿hay suficiente ausencia de estrellas?, ¿Esperamos a que sea más húmedo y oscuro?. No me basta con saber lo que no quiero ser, con ser importante, necesito saber lo que quiero ser porque eso es lo que están intentando impedirme.

¿Ves lo que has conseguido? Que me ponga trascendente y exquisito.

Respecto al espejo, Nimodo, tiene dos aplicaciones, como Río en el que contemplarme y hacer un análisis de mi mismo, un enfrentamiento con la propia realidad, del que casi todos salimos con airosas mentiras, o, como Alicia, usarlo como umbral desde el que asomarse, o incluso pasar a otros mundos. En este último caso el espejo y la oruga son equivalentes, son límites, iniciaciones, que hay que pasar cuando uno quiere alcanzar cotas más altas de perfección o de conocimiento. Iniciaciones, Dula, no reiniciaciones. Construir coherentemente con lo ya construido, no plantar ladrillos al azar.

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