CARTAS SIN FRANQUEO (CXCIX)- LA DOCTORA IA, SUPONGO.

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Hace ya algún tiempo que mi amigo Antonio, Antonio Zarazaga, médico y erudito, me ponía sobre aviso respecto a una lacra que la medicina moderna promueve, la medicina anticipativa, y me lo advertía porque esta práctica crea enfermos que nunca han padecido la enfermedad, en base a la posibilidad estadística de que esa enfermedad se acabe produciendo.

Imagen creada con chat gpt

Me decía, mi amigo Antonio, que la medicina anticipativa era una vuelta de tuerca sobre la medicina preventiva, pero que hechos estudios rigurosos sobre sus efectos, no se apreciaba una estadística que avalara su utilidad, y me remitía a un blog sanitario “Primum Non Nocere” (primero no hacer daño) que había recogido varios escritos sobre el tema.

Claro, yo no soy médico, soy claramente paciente, y por tanto, como lego en temas de salud solo me queda depositar mi confianza en personas cuya trayectoria y rigor me permiten hablar desde la ignorancia con la confianza de no disparatar, y una de esas personas, es mi amigo Antonio.

Y escribo esto desde la preocupación, desde un cierto horror, al haber leído en algunos medios de opinión que la IA va a poder anticiparnos las enfermedades que sufriremos dentro de veinte años. Así, sin anestesia ni nada, un programa informático nos va a predecir nuestras dolencias futuras, y, supongo, siguiendo la línea lógica, que nos prescribirá toda una batería de fármacos para anticiparnos a las indeseadas dolencias.

Así, a bote pronto, y sin parar mucho en profundidades, se me ocurren dos preguntas básicas:

  • ¿En qué facultad de medicina cusó la IA sus estudios médicos? ¿Qué publicaciones la avalan? ¿Qué trayectoria puede certificar su competencia?
  • Y los laboratorios ¿qué opinan sobre el tema?

No, de la OMS ni hablamos. En este tema no necesito mencionar a tan cuestionable (he dicho cuestionable, no corrupto, aunque eso es lo que he dicho, y no siempre digo lo que pienso) organismo para darme cuenta de donde está la conveniencia del anuncio, ni de hasta dónde puede llegar el disparate.

Y empezando por el final, por el disparate, si Hari Seldon levantara la cabeza que nunca tuvo, ya que es un personaje de ficción, no daría crédito a lo que estaría viendo. Y, ya que se lo preguntan, y esta presunción es anticipativa, Hari Seldon es un personaje de la saga “Fundación” escrita por  Isaac Asimov, que crea la Psicohistoria, ciencia capaz de predecir lo que sucederá, la evolución de la humanidad, anticipando sus momentos críticos, y las posibles soluciones.

Hari Seldon inventa una nueva ciencia basada en la estadística aplicada con complejos sistemas de corrección y particularización, y, pero ni la IA, ni sus programadores, son Hari Seldon, no inventan nada, ni su inteligencia, la natural, de la otra ya ni hablamos, da para inventar una nueva ciencia, y se limitan a crear escenarios estadísticos basados en la explotación masiva de estudios sin conexión aparente, con lo que nos podemos llegara a encontrar, permítaseme la exageración, la boutade, con que si con diez años te ha dolido un pié, y con diecisiete desarrollaste una alergia, y con veinte se te calló el pelo, con sesenta vas a tener un cáncer de vesícula.

Porque si algo ya sabemos de la IA, es que no es inteligente, y que se equivoca con cierta frecuencia ya que no es responsable de sus respuestas, ni las filtra, ni se las cuestiona. “El que tiene boca se equivoca”, dice el dicho, pero la IA se equivoca, y se equivoca mucho, aún sin tener boca.

La medicina preventiva se basa en un estudio genético más o menos riguroso, y en unas pruebas que intentan un diagnóstico precoz de algunas enfermedades, las más habituales entre ciertos grupos de población

La medicina anticipativa simplemente analiza estudios estadísticos de grupos de población en busca de correlaciones, cuya veracidad siempre dependerá del ojo del observador, para anticipar posibles enfermedades futuras que puede que nunca lleguen a desarrollarse. Y, sin duda, en este búsqueda estadística y de correlaciones, la IA se convierte en una herramienta de gran capacidad, pero absolutamente carente de credibilidad.

Hari Seldon propuso un futuro que se cumplía con un rigor matemático, en tiempos, y en acontecimientos, e incluso él previó desviaciones de comportamiento debidas al componente individual, personal,  del elemento que compone esa sociedad, el ser humano, la persona, el individuo, pero a la IA le falta la inteligencia imprescindible para individualizar la información, rigurosa hasta donde lo sean los estudios en los que se basa, exhaustiva, sin duda alguna, hasta el paroxismo, obtenida y ofrecida a quién la haya demandado.

Si algo podemos tener claro es que la interpretación estadística siempre tiene la posibilidad de decir lo que el demandante de la información requiera. Basta con hacer un datos sobre todo, basta con intercambiar el orden de prelación del análisis, para que las repuestas obtenidas digan lo que el analista desea que digan.

No lo sé, pero lo sospecho, que tras esta noticia estarán los laboratorios, auténticos beneficiarios de una medicina anticipativa que capte, e incluso genere, a los hipocondríacos presentes y futuros, dispuestos a lo que sea por evitar una enfermedad que nunca han padecido, ni puede que nunca llegaran a padecer.

Yo, por lo de pronto, no voy a suponer, como Stanley al encontrarse con Livingston, que la IA es capaz de diagnosticar enfermedades futuras, solo es capaz de hacer una propuesta estadística de las mismas. De momento, y por mucho que e anuncie a bombo y platillo, la doctora IA ni ha empezado la carrera.

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