Nadie sabe exactamente qué es el arte, cuáles son sus reglas, cuáles son sus características. Es más, nadie sabe cuándo, y por qué, el arte se hace patente en una obra, pero lo que sí es evidente es que para considerar a cualquier trabajo como una obra de arte, de cualquier arte, hacen falta tres cualidades: creatividad, personalidad y belleza, y estas improntas apuntan a una característica de individualidad autoconsciente.

Una de las grandes cuestiones que se ha suscitado con la irrupción de la IA es que el arte podía ser sustituido, dominado, acaparado por esta técnica, dándole la opción de convertirse en una suerte de artista universal, supremo e indiscutible, en una especie de genio intemporal e inalcanzable, pero esto, según mi criterio, es cómo atribuir al lápiz, la pluma, el pincel, el violín, la fragua, o el cincel, la autoría de una obra.
Efectivamente, sobre todo en la música, en las artes plásticas, o en la arquitectura, menos en la literatura, debido a sus características, la IA actual podría aportar una nueva forma de trabajo, sobre todo para aquellos posibles creadores que renuncien a la técnica personal, bien por convicción, o por carecer de la habilidad suficiente para plasmar una idea.
Imaginemos un posible compositor que no sepa solfeo, un posible pintor que no sepa pintar, un arquitecto que no sepa dibujar, o un narrador que no sepa escribir, en todos estos casos la falta de pericia técnica puede ser suplantada por el uso de una IA, que complementaría la creatividad del autor, aportando una técnica de la que él carece. Y ahí está la cuestión a plantear, la IA puede mejorar, incluso suplantar, la falta de técnica del creador, pero en ningún caso su creatividad, ni crear una personalidad que no le sea sugerida. Incluso, respecto a la belleza, puede ser un hallazgo casual en un desarrollo, o puede ser consecuencia de un uso artístico de la herramienta.
Me intento explicar. Supongamos que mi cabeza es creativa en cuanto a ideas que me gustaría plasmar en una imagen, pero soy un absoluto zote en cuanto a mi capacidad para dibujar, podría por tanto usar una IA, dándole instrucciones concretas sobre lo que quiero plasmar en un dibujo, corrigiendo, retocando, hasta conseguir la imagen que yo he ideado, que correspondería a mi creatividad, tendría el estilo que yo le pudiera dar, y alcanzaría el nivel de belleza que mi vocación de perfección permitiera. Sería, entonces, candidata a ser una obra de arte, siempre y cuando yo hubiera sido capaz de lograrla. Sin duda, la IA habrá sido una herramienta, una técnica en el mejor de los casos, al servicio de mi creación, y en manos de un artista, igual que decimos que es un óleo, una acuarela, un pastel, o un lápiz, podríamos decir que es una IA, referida a la técnica empleada en su plasmación.
Sucedería lo mismo en una escultura, no voy a dar todos los pasos del proceso creativo, sus alternativas, o en un edificio buscado por un arquitecto.
Todo ello no son más que posibilidades en la utilización técnica de una herramienta que por primera vez se puede considerar colaborativa, pero técnicas sin más.
Tal vez, desde el punto de vista del espectador, sea más fácil ver las posibilidades, que ya describo en un cuento mío escrito en 2009, y titulado “Arte Digital”, y que explora un mundo en el que las posibilidades digitales van sustituyendo a los creadores hasta caer en una absoluta lasitud creativa.
En ese cuento exploro la posibilidad, en el mundo de la música, en el mundo de la interpretación, de crear versiones de obras eligiendo mis propios intérpretes, incluso creando intérpretes mediante la mezcla de características de varios ya existentes. Dejo a su imaginación, la mía ya fue publicada en este medio, una versión reducida, el 06/07/2017, y está a su disposición, las infinitas combinaciones que serían posibles, y la brillantez inicial de sus resultados.
Peros estamos en lo mismo. No hay creación, solo hay variaciones de algo ya existente, combinaciones de algo que ya sucedió, permutaciones de actos que originalmente fueron diferentes. Ni creatividad, ni otra personalidad de quién solicita la mezcla, ni una belleza que no haya ya sido lograda en otro contexto. Habrá arte porque lo habría en los originales, pero no habrá ningún arte nuevo.
Definitivamente, la IA nunca será por si misma creadora de arte, no al menos más allá de la capacidad artística de quién la maneje, no más allá de la capacidad estética de quién la programe, no más allá de la capacidad creativa de quién la dirija.
La IA carece de las tres características principales del arte. No aporta creatividad porque no tiene iniciativa, también llamada imaginación, siempre depende de una orden externa. Su obra carece de una personalidad, también llamado estilo, propia porque, al no crear, depende de elementos ya creados previamente con el estilo de su creador. La belleza es el resultado de un trabajo personal en busca de la perfección, y, de hecho, la belleza es la máxima perfección que puede lograr una inteligencia humana, natural, en su camino de perfeccionamiento, y este camino supone, exige, autoconsciencia del individuo, y compromiso con su evolución.
Los artistas, hoy por hoy, y creo que durante bastante tiempo, deberían de tener la seguridad de que su capacidad de innovar, de crear, de buscar alternativas a lo ya existente, de lograr la belleza, como compensación a una perfección imposible, no va a ser suplantado por una técnica, por muy novedosa e impactante que parezca. Pero, y esto también debe de ser tenido en cuenta, deberían de evitar la soberbia de rechazar, la pose de ignorar, una posibilidad de mejorar, de innovar, de perfeccionar su arte.
El arte es el encuentro de la creación con la belleza, y cualquier herramienta es válida si ayuda a conseguirlo. Desde las pinturas rupestres hasta los artistas de nuestros días, las técnicas para plasmar el espíritu creador, para compartir la belleza, han evolucionado, se han multiplicado. Hoy disponemos de una más.





Extraordinario artículo.
Desde luego, ni en el arte ni en ninguna otra creación humana que, como tal, emane de la imaginación y de la voluntad, podrá irrumpir, en igualdad de condiciones, jamás la IA.
trabajo con frecuencia ayudándome de una IA. Y escribo con esa ayuda sobre tecnología con frecuencia. Las <IA evolucionan, aprenden. Es bastante impresionante. No sabemos lo que serán capaces de hacer en el futuro.