CARTAS SIN FRANQUEO (CIV)-EL ELECTORALISMO

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Vivimos tiempos complicados, tiempos en los que, añadida a la ya nada creíble verborrea habitual de los políticos, todo lo que se escucha es sospechosos de electoralismo, sospechoso de ser una mentira con excelencia en un mundo donde la mentira se ha instalado como normalidad, como sistema de comunicación habitual de los políticos con los ciudadanos. Me pregunto si incluso con ellos mismos.

El mundo de la política está mal diseñado, pero no por descuido, desidia o ignorancia, está mal diseñado, mal parido, que se puede decir en términos populares, a propósito, mal pergeñado a pura conciencia, con el ánimo más dañino posible, lo que tampoco puede sorprendernos, ya que si sus resultados son inclementes, sus propósito son insalubres. Aunque se invoca permanentemente al ciudadano, al pueblo, a la gente como excusa para las propuestas y acciones, el único objetivo contemplado es el poder, mantenerse, perpetuarse, medrar, y, si fuera posible, evitar por cualquier medio que nadie más pueda acceder a él.

Así que, una vez establecido el objetivo real, el fin último hacia el que están enfocados todos los desvelos, todas las estrategias, todas las acciones, a nadie le puede, le debe, de extrañar que las herramientas utilizadas, la mentira, la divagación, el relato, el frentismo, el populismo, tengan preponderancia sobre la voluntad popular, o el bien común.

Tampoco son importantes los mensajes, lo importante es gritar más que el adversario, decir la barbaridad mayor del enemigo, sí, enemigo, provocar la mayor respuesta de los adictos, lo de fanáticos se queda corto, sabiendo de antemano que nada de lo que hagas, digas, provoques, va a causar una reacción negativa en los de tu bando.

Solo es una carrera por los titulares, no hay valores, no hay propuestas reales, no hay sentido de estado, ni importan un ardite las necesidades de la calle o las políticas de futuro. Todo es presente, todo es interés propio, todo es una carrera desenfrenada por mantener, u obtener, el puesto preponderante.

RESULTADOS ELECCIONES 26J
ENGAÑAO POLÍTICOS

Faltan meses, pero llevamos ya meses en los que nos movemos en un electoralismo nauseabundo, un periodo inclemente en el que todo está permitido, en el que lo más bajo de los políticos, y por ende de sus fanáticos, se exhibe sin recato, sin pudor, hasta el punto de jalear situaciones absolutamente deleznables.

Nos estamos acostumbrando, tampoco es que nos quede mucho más remedio, a contemplar las legislaturas divididas en dos periodos, no por diferenciados, no por diferentes, menos dañinos para la moral y el día a día de los supuestos administrados. Tres años y pico de legislatura política, y meses de legislatura electoral.

¿Y en qué consiste este periodo de legislatura electoral? Pues, al parecer, observado desde fuera, en cambiar el tipo y objetivo de las mentiras. Si durante la legislatura ideológica las mentiras van encaminadas a justificar los errores, vender una mayoría inexistente, justificar cualquier alianza, o colocar como bien social lo que no es otra cosa que una mala gestión encaminada a un predominio de las convicciones ideológicas sobre los criterios de la ciudadanía, lo que habitualmente se llama adoctrinamiento, durante la legislatura electoral se ofrece la ejecución de los que sí se debería de haber hecho durante el resto de la legislatura y no se tiene la más mínima intención de hacer durante la siguiente, blanquear los disparates cometidos con cifras de fabricación propia y, sobre todo, principalmente, hacer promesas imposibles y promulgar leyes populistas de funcionamiento imposible, que lastren, en caso de derrota, la legislatura siguiente. En caso de victoria, tampoco pasa nada, unas cuantas mentiras para adeptos y el incumplimiento no tendrá consecuencias.

Este mundo repugnante que dibujo, este mundo infame, lesivo, y que lastra cualquier posibilidad de convivencia, progreso o defensa de los valores, es el que todos nosotros, todos, sin excepción, sancionamos con nuestros votos, algunos, ciegos, de adscripción incondicional, y cómplice, a los mentirosos oficiales; otros, muchos, la mayoría, votos en defensa propia, en contra de lo establecido. Algunos, cada vez menos, con la esperanza de que algunas cosas cambien. Pero, no nos mintamos, todos ellos, una vez en la urna, una vez perpetrada la colaboración necesaria del votante para justificar al siguiente mentiroso, partícipes en el engaño, responsables de lo que está aconteciendo y de lo que está por acontecer.

Gran invento, el electoralismo, que permite, durante un cierto tiempo, variar el tipo de mentira que nos colocan y los objetivos por los que nos las colocan, aunque en el fondo siempre sea por nuestro bien. Hay que agradecer que tengan esa versatilidad, esa capacidad para mentir en todo, por todo, pero refrescando la técnica, evitando la saturación y el cansancio. Y luego hablamos de Pinocho.

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