
No todo en la política es el control de los resultados, la puesta en marcha de soluciones, cuando realmente lo son, o la aplicación de un ideario expuesto y comprometido en programa electoral. Con ser todo ello piezas fundamentales de un compromiso democrático, todo lo conseguido puede quedar manchado sin un compromiso ético de los que han aceptado el mandato de representar a los ciudadanos con honestidad, con rigor, con transparencia, y con fidelidad al compromiso adquirido. O sea, con exquisitez ética.

Porque si no hay ética, si hay la más mínima sombra, duda, traspiés, o variación en las metas a conseguir, todo queda desdibujado, vacío, salvo que se devuelva al pueblo la capacidad de validar la variación propuesta. La calidad democrática, su integridad, necesita del compromiso ético, y la ratificación de la confianza en quién ha provocado, o promovido, un cambio de posición.
Es verdad que el simple hecho de tener la opción de votar cada cierto, variable, periodo de tiempo, no garantiza la calidad democrática, pero no es menos cierto que si no hay posibilidad de votar simplemente no hay democracia, y que por tanto uno de los pilares de este derecho, deber, democrático es el censo electoral, la relación de individuos que tienen posibilidad de participar en ese acto fundamental que pone en marcha el resto de obligaciones y derechos, y sin el cual la democracia simplemente no puede ni considerarse.
La ley electoral es el instrumento legal que regula este derecho, deber, estableciendo las reglas del juego, aunque, como en el caso de España, esas reglas sean tramposas, claramente no democráticas, y estén pensadas por potenciar unos votos sobre otros, y conseguir que haya representación de fuerzas ideológicas que, sin esas trampas, no tendrían voz en un parlamento nacional. Es verdad que esa ley, en la que hay más que criticar que qué alabar, aunque se comprendan las circunstancias en las que fue redactada, está perfectamente pensada para quitar el poder al ciudadano, y entregárselo a fuerzas ideológicas estructuradas en partidos. Con el resultado de configurar una “partidocracia”, que niega en aspectos fundamentales a una democracia, pero que parece respetar sus maneras.
Pero esa es la ley que hemos votado, y por tanto, aunque degrade nuestra democracia, es con la que tenemos que bregar contra unas fuerzas ideológicas más interesadas en una lucha de poder, que en administrar y mejorar la sociedad, y cuyo fin último es una imposición de sus criterios, sin reparar en los caminos que para ello tengan que recorrer, ni en la calidad democrática que se dejen en esos caminos, absolutamente convencidos de ser intocables, de estar por encima de la ley, y del bien de los ciudadanos que los votaron.
Pero no es de la ley, en la que siempre he dicho que hay dos conceptos claramente antidemocráticos, a saber: las listas cerradas, y la división del territorio electoral en circunscripciones que establecen un valor diferente del voto dependiendo de donde este se emita, lo cual, ya de por sí, distorsiona los resultados, de lo que este artículo pretendía hablar, si no de la información publicada que supone una alteración atípica del censo, y de la acusación de que tal alteración supone un posible cambio de tendencia en las votaciones. Y esto último, esta posibilidad, si que afecta éticamente a la calidad democrática ya que se utilizaría un recurso con invocación de justicia social, o de justicia histórica, en otro caso, para una maniobra de clientelismo electoral, una maniobra que ningunearía a los votantes habituales buscando en los nuevos un apoyo que ahora mismo sabe que no tiene.
Ahora mismo el gobierno se enfrenta a dos iniciativas que pueden variar profundamente el censo electoral, pero, aunque en ambos casos se puede pensar en clientelismo electoral, no puede haber una postura única para contemplar su incidencia en el listado de votantes, ni siquiera ambas iniciativas pueden ser valoradas con la misma perspectiva ética.
- Regularización extraordinaria de ciudadanos extranjeros radicados en España. Engloba a todos los inmigrantes ilegales, sin papeles, que pueden justificar una cierta continuidad de residencia en el país. Triquiñuelas, mafias y picaresca aparte, la gran mayoría de los solicitantes son personas que llevan residiendo, y resistiendo, en España, sin poder compartir la mayoría de los derechos, y ninguna de las obligaciones propias de la ciudadanía.
- Ley de Nietos, o de Memoria Histórica. Aunque la presentación de solicitudes se cerró en octubre del 2025, los dos millones y medio de solicitudes, de las que solo se han resuelto cuatrocientas mil, siguen siendo tramitadas. Esta ley permite solicitar la nacionalidad a hijos y nietos de exiliados políticos, hijos de mujeres españolas que perdieron la nacionalidad por casarse con extranjeros, y en ciertos supuestos, pueden llegar hasta los bisnietos.
Me parece evidente, pero al parecer no lo es tanto, que todos los nuevos ciudadanos que han logrado su ciudadanía por el punto 1, deben de serlo de pleno derecho desde el momento mismo en que son reconocidos, pero no me parece lo mismo para los del punto 2, y me explico. Los nuevos ciudadanos del punto 1, conviven con nosotros desde hace tiempo, y, hasta donde se les permite, y desde l momento mismo en que son ciudadnos españoles, contribuyen con su trabajo, con sus impuestos, y con su natalidad, al progreso de la sociedad española.
Sin embargo, los del punto 2. Muchos no han pisado nunca España, ni han cotizado jamás, ni tiene ninguna intención de venir a vivir, o participar de ninguna manera a la convivencia del país, por lo que no deberían de tener derecho a voto, ni a beneficios sociales, sanitarios, o de ningún otro tipo, ya que solo serán ciudadanos desde el punto de vista administrativo.
La inclusión de estar personas, las del supuesto 2, en el censo electoral sería un fraude democrático, ético, de gran calado, dado que su número pude producir un cambio en la elección realizada por los sí residentes, por parte de personas sin ninguna vinculación, afectiva, efectiva, convivencial, con el país.
Claro que de fraudes éticos, en los últimos tiempos, podemos hacer un listado considerable. Eso sí, mean por nosotros y decimos que llueve.





