
Hace apenas unos días, comuniqué el diagnóstico que había asaltado mi vida, con aviesas intenciones, sin duda, pero al que no cedí ni uno solo de los instantes transcurridos entre su anuncio, y el día de hoy, incluyendo el día de mañana, porque cuando uno se pone a escribir hay que prever un cierto tiempo de desarrollo.

Hace apenas unos días, y me he dado cuenta de que me precipité, de que en este mundo en el que vivimos, o en el que quieren hacernos ver que vivimos (diferencia entre realidad y relato), uno no puede dar por sentado nada, ni siquiera lo que dicen los médicos, y el desarrollo de la detección de la enfermedad, a la luz de los nuevos descubrimientos que yo he realizado sobre cómo interpretar la realidad, me hace cuestionarme seriamente todo el proceso. Incluso los resultados.
¿Por qué, a cuento de qué, si yo voy a tratarme una anemia, la médico de cabecera se permite ponerse a buscar otra cosa? ¿Acaso eso no es una investigación prospectiva? ¿Acaso las investigaciones prospectivas no son ilegales? Yo lo estoy oyendo en la radio, y la radio no miente.
Pero es que a partir de ahí, yo ya me cuestiono todo, a todos, y me doy cuenta de que he entregado, sin reflexionar, sin establecer un perímetro de prudencia, como manda la sociedad actual, sin dotarme de un relato alternativo que permita dejar claro que yo no tengo nada que ver con la enfermedad detectada, las conclusiones. Sí, es innegable, esa enfermedad se desarrolla en mi interior, pero ni es mi voluntad el tal desarrollo, ni yo me he enterado de el tal desarrollo se estuviera llevando a cabo, ni he dado permiso para ello, por lo que, siguiendo los cánones actuales del relato político, esa enfermedad no es mía.
La enfermedad será culpa de los médicos que la buscaron, de las pruebas que dieron positivo, y, en último término, de unas células rebeladas contra la estructura, sana, impecable, bienhechora, del resto del cuerpo que las rechaza, y que se siente perjudicado por el peligro de extender la corruptela enfermiza de las rebeldes. ¿Qué culpa puedo tener yo?
Es verdad que, en estricto prurito, hay una serie de controles, una serie de precauciones, una serie de pasos –los políticos hablarían de presupuestos, de separación de poderes, de ética-, que uno debe de tener en cuenta en su día a día, y que sirven para prevenir una enfermedad general, o incluso para controlar brotes asintomáticos, pero no es menos cierto que si el cuerpo en general me funciona correctamente, y no soy capaz de ver ninguna señal preocupante, aunque cierto que a veces distraigo la mirada, esos controles previstos me resultan menos necesarios, en realidad, innecesarios, molestos, invasivos.
Pero, y siguiendo a los maestros políticos, aunque los historiales médicos me nombren, aunque yo haya firmado los consentimientos informados correspondientes, aunque todo me señale, me declaro inocente, me declaro víctima de ciertas actitudes muy parciales y localizadas de mi cuerpo, que en una actitud de rechazo inequívoco y radical por mi parte, ya han sido extirpadas. Me declaro perseguido por los médicos, empeñados en decirme que tengo una enfermedad cuando la verdad es que hay una mínima parte de mi cuerpo afectada, lo que demuestra su mala fe. Me declaro perseguido por las condolencias y buenos deseos ajenos, que lo único que intentan es que asuma una culpa que no es mía.
En fin. Que en el tema de la salud, tal vez no existan la UCO, el poder judicial, o la corrupción de los demás. Yo, tal vez yo no sea P.S., y no haya contratado fontaneros, pero puestos a crear un relato alternativo sobre mi salud, siempre puedo tirar de maestros, que haberlos, haylos, un congreso y varios partidos, militantes y partidarios incluidos, que me guíen en tan impecable labor.
Seguramente el resultado final “non e vero”, que no lo es, “ma e ben trovato”, y quién necesita nada más





