CARTAS SIN FRANQUEO (CCXXIII)- UN CIERTO OLOR A PODRIDO

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La descomposición del PSOE-S, con S final de Sanchista, parece ya irreversible. No porque la percepción haya empeorado en los últimos tiempos, si no porque esa maquinaria lenta, torpe, más vengativa que justiciera, que es la parte judicial de esta democracia, parece haber completado los tiempos, y superado las trabas, para hacer su trabajo.

 

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Hace tiempo que en el ambiente imperaba un cierto olor a podrido, y cuando hablo de cierto no me refiero a indefinible, si no a incuestionable, que ambas acepciones pueden ser usadas con la palabra cierto. Era una certeza la invalidez ética de ciertos giros, de ciertas actitudes, de ciertas decisiones que se llevan tolerando durante toda esta legislatura.

Porque ahora parece que solo lo económico es corrupto. Ahora parece que solo el dinero, los negocios, las influencias para enriquecerse, son agentes de la corrupción. Para mí la corrupción es un concepto mucho más amplio, es un concepto que abarca cualquier ámbito que indique descomposición, que apunte a un fraude ético de cualquier tipo.

Y fraude ético han sido la totalidad de los indultos, y amnistías políticas que este gobierno ha promovido con correligionarios y con afines, según criterios de oportunidad propia, de agradecimiento a servicios prestados a los de casa, independientemente de la percepción social del delito cometido.

Como fraude político han sido todas las acciones que de forma cierta hurtaban y pervertían la opinión pública, forzando mayorías que conculcaban la mayoría expresada, por no hablar de una mayoría amordazada, sin medios para hacerse oír, durante el transcurso del tiempo entre elecciones.

  • Fraudulenta y corrupta fue la amnistía del 2024, perpetrada a favor de los independentistas catalanes, sin que mejore un ardite la cuestión ética con el argumentario con el que se pretendió justificarlos.
  • Fraudulentos y corruptos fueron indultos a los políticos andaluces responsables de los ERE, sin otra justificación real que su militancia.
  • Fraude fue el nombramiento de alguien que había pertenecido al gobierno, hablo de Dolores Delgado, para un puesto institucional que exige independencia y equidistancia, valores que, tal como se comprobó por sus hechos, jamás estuvo en su intención practicar en el ejercicio de sus funciones.
  • Fraude es mantener a un Fiscal General en su puesto cuando ha sido formalmente acusado, cuando su puesto es el de jefe de los acusadores por parte del Estado. Esto no solo es fraudulento, es vergonzoso.
  • Fraude es obviar, cuando no contradecir, el compromiso ético de un programa por el que ha sido votado, alegando un cambio de parecer perfectamente posible, aunque siempre haya coincidido con necesidades evidentes para su sostenimiento. Cuando un candidato cambia de parecer sobre un compromiso electoral, está éticamente obligado a plantear una moción de confianza, que ratifique su cambio de posición.
  • Fraudulentos son, al fin y al cabo los sucesivos nombramientos de responsables que acaban sirviéndose, está por ver si sirviendo intereses de partido, sus propios intereses amparándose en puestos institucionales, sin que esa sucesión de corruptos tenga ninguna consecuencia política.
  • Fraude es, y lo comete con periodicidad, un personaje que pasará a los anales de la historia como uno de los mayores corruptotres de instituciones de la historia en su papel al frente de una institución, el CIS, Centro de Investigaciones Ideológicas, perdón, Sociales, donde su labor tendenciosa, sectaria, dejará una huella imborrable, y la quiebra irreparable de las series históricas estadísticas.
  • Fraude es no haber aprobado en toda una legislatura unos presupuestos, haciendo del desarrollo económico un instrumento fuera de los controles democráticos que prevé la Constitución, y una chapuza carente del control mínimo democrático.
  • Fraude es todo aquello que se presenta a los ciudadanos como un avance social, pero no se explica cómo se articula, como se dota, como se incumple el qué porque no se hace partida económica que permita ponerlo en marcha.
  • Fraude es presumir de la marcha de la macroeconomía, de los records de recaudación, mientras el empobrecimiento de las clases más necesitadas destroza el futuro, la economía doméstica tiene que renunciar al ahorro y a una vida digna, y la brecha social se hace insondable.
  • Fraude es negar , por posición ideológica, los problemas cotidianos de la ciudadanía e intentar imponer un relato en el que los culpables son los que denuncian las situaciones que viven a diario.

 

Y podía seguir enumerando fraudes, casi todos con consecuencias económicas, pero, también, casi todos con origen político. Pero llega un momento en el que más no suma, en que la saturación es tal que tenemos que aprender a contar como los Dogones: uno, dos tres y más, en un más inaprensible, en un más en el que ya no hay un agravamiento en la acumulación, porque al pasar de tres ya la ética ha desaparecido, y todo vale.

 

Pero lo peor de los fraudes es el hartazgo de la gente, es la proliferación de defraudados, es el auge de los populismos y las opciones radicales, es el deterioro difícil de revertir de los valores democráticos, de convivencia, de solidaridad, porque los defraudados, esos ciudadanos que aspiraban a un mundo mejor, se encuentran, por mor de unos políticos impresentables, a un sálvese quien pueda absolutamente contrario a una sociedad evolucionada, a una convivencia en valores, a un mundo donde la igualdad y la libertad sean irrenunciables.

 

Sí. Basta con que ponga la televisión, la radio, u hojee un periódico, basta con que comparta barra de bar con sus vecinos para percibir un cierto olor a podrido, unas vaharadas fétidas, pútridas que emanan de unas instituciones pervertidas, ya perversas, por la corrupción y el fraude.

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