CARTAS SIN FRANQUEO (CCXVII)-LA IDEOLOGIZACIÓN

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Hay veces en las que uno se plantea disquisiciones de difícil comprobación, pero que la mente resuelve con una certeza no empírica que raya en la certeza. Y eso me sucede con lo que considero la mayor lacra intelectual de los últimos siglos, las ideologías. Esos corpus de supuesto pensamiento, en las que todo lo pretendido por su enunciado es negado por su práctica.

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Seguramente quienes iniciaron este tema, allá por los tiempos de la Revolución Francesa, y quisieron visibilizar su desencuentro con el sistema, y con los que defendían posiciones de como cambiarlo, o no, diferentes a las suyas, repartiéndose en aquel parlamento a la derecha, o la izquierda de los asientos de la Asamblea Nacional, no pensaron en que su actitud marcaría el devenir político, y que marcaría negativamente la evolución de las libertades, de los derechos y de la evolución social del mundo entero.

Los monárquicos, conservadores, partidarios de mantener el sistema, se sentaban en los lugares de la derecha, los revolucionarios, a la izquierda, de tal forma que bastaba con un primer vistazo para saber a qué tendencia pertenecía cada uno de los asistentes. Y esto, que inicialmente era un “inocente” posicionamiento físico, una argucia visual, se fue convirtiendo con el tiempo en el fanatismo, en el frentismo, en el populismo que con la excusa de presentar opciones políticas a los ciudadanos, secuestran su libertad de pensamiento, secuestran su necesidad de soluciones, secuestran el concepto mismo de lo que es una democracia.

Como ejemplos menos edificantes podríamos poner la utilización por parte de regímenes que se autodefinen de izquierdas, progresistas, y se pueden calificar de absolutistas, cuando no de asesinos, de términos como democrática, o popular, cuando hablan de sus dominios, y no creo que haga falta poner ejemplos. Pero tampoco en el lado contrario andan menos comprometidos con el término liberal, usado en regímenes bananeros, fascistas, ultraliberales o nacionalistas xenófobos.

El caso es que en su afán de poder, en su fiebre populista con ribetes, o con clara vocaciones, de totalitarismo, de autoritarismo, de erradicación de cualquier pensamiento discordante, entran en temas de los que se apropian para hacer banderas que, al ser ideologizados, son al mismo tiempo vaciados de contenido, y arrastrados a una confrontación ideológica que les es ajena. Que los anula, que los hace antipáticos para la ideología contraria, hurtándoles la opción de ser, como deberían de ser, patrimonio de toda la humanidad, de la totalidad de la población, que es quién debe de asumirlos, de defenderlos, de reclamarlos.

Los valores, los verdaderos valores, no admiten un reconocimiento parcial, no pueden nunca ser un motivo de confrontación de unos ciudadanos contra otros, porque en el mismo momento en que un ciudadano no los comparte, en el momento en que un ciudadano no los asume, en el momento en el que intentan usarse como un motivo de enfrentamiento, en el mismo momento en que no se educan, si no que intentan imponerse, su implantación en la sociedad queda severamente dañada, cuando no, esas prácticas, suponen  un retroceso efectivo, incluso afectivo.

Y no menos deleznable es la ideologización de los derechos, que  deben de ser universales, universalmente reclamados, y respetados más allá de creencias, posiciones políticas, o intereses de cualquier tipo.

  • Feminismo. Del que se ha apropiado la izquierda, dando una versión radical no compartida por la mayoría de la población, ni siquiera por muchas mujeres, y creando una corriente negativa por simple posicionamiento ideológico, que antes o después, me temo que antes, está llevando a un retroceso en el derecho de igualdad de las mujeres entre ciertos sectores de la población, mayoritariamente jóvenes, lo que desgraciadamente compromete el futuro. A nadie con dos dedos de frente, incluso con uno y medio, se le ocurre hoy en día dudar de la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, aunque aún quede mucho por recorrer, que queda, pero el exceso de agresividad, la leyes mal planteadas y mal explicadas, las actitudes de confrontación, y el uso del concepto para insultar y descalificar, lo único que consiguen es fomentar una corriente de opinión contraria, y comprometer el reconocimiento del derecho, por simple posicionamiento ideológico.
  • Minorías. El racismo, la xenofobia, la inmigración, la ocupación, conforman un conglomerado de problemas de minorías en proceso de integración que percibe el ciudadano como amenaza, y que la posición de negar su existencia por parte de la izquierda, creando una posición ideológica de confrontación con la percepción popular, que hace que los que lo sufren, los que se enfrentan día a día, en la calle, a los casos, sean pocos o muchos, pero existentes, se sientan desamparados y busquen refugio en posiciones populistas que pasan de la negativa de lo evidente, a la magnificación de un problema que solo existe por el interés político de que exista, o de que no exista, haciendo al ciudadano de a pie rehén de su confrontación.

Podemos extendernos sobre el tema de las fronteras, sobre la homosexualidad, sobre la bandera, la vivienda, el nacionalismo, la diplomacia, la propiedad privada, la empresa, o los impuestos, todos ellos temas que provocan, al hacerse una apropiación ideológica de ellos, que la reacción de aquellos que no se sienten representados por la posición ideológica que se los apropia sea la de suscribir posiciones de la ideología contraria, y, habitualmente, en su versión más populista y radical, perjudicando de forma, tal vez no irreversible, pero si grave, la evolución de las libertades, los derechos y los valores.

Es lamentable comprobar la falta de sensibilidad, cuando no la falta de empatía ciudadana, con la que los políticos de todo signo se desenvuelven en estos temas, que parece que nos les afectan salvo en su uso como descalificación, como insulto, como arma arrojadiza, y que sumen a los ciudadanos, que se sienten agredidos por sus actitudes, en la desmoralización, en la degradación política y acaban uniéndose al frentismo que ahora mismo nos degrada, y nos hurta logros conseguidos en el pasado, y la esperanza de un futuro algo más halagüeño que éste presente mediocre, gris, falto de ilusiones y de compromisos.

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