CARTAS SIN FRANQUEO (CCXVI)- TORRENTE, LA RISA FLOJA

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Dice el dicho que “cuando el Español canta, o anda jodido, o poco le falta”. Pero no es menos cierto que eso mismo pasa cuando en vez de cantar se ríe, con una risa nerviosa, cómplice, con una risa más fatalista que divertida, con una risa con vocación de llanto desesperanzado. Y eso es lo que viví ayer. Eso es lo que yo reía ayer, y oía reír a mi alrededor. Una risa floja, una risa a mi pesar, una risa “sin querer, queriendo”, una risa sin divertimento, al menos por mi parte.

 

Imagen generada por la IA

Ayer a la tarde, sin haberlo previsto, a pesar de mis prejuicios contra el personaje, fui a ver la última de Torrente, “Torrente, presidente”, simplemente porque era la única opción en el horario que era mi única opción para ver una película.

Nunca había visto una película del personaje de Santiago Segura, porque ese humor no me apetece, me resulta zafio, grosero, porque me produce vergüenza ajena, porque maldita la gracia que me hace, pero a veces el destino te hace jugarretas que, al final, aceptas e, increíblemente, acabas agradeciendo.

No, no se hagan líos, no es que la película de Santiago Segura, su personaje, haya, de repente, mudado su sentido del humor, y nos presente una película de humor inteligente, tipo inglés, tipo “la Cena”, y haya que pensar para poder captar todos sus matices. No, que va. La película que yo vi hace perfecto honor a la saga, y a las maneras del  personaje. No, no, simplemente la película, el personaje, sus maneras, o falta de maneras, su zafiedad, su inconsistencia, su mediocridad y su falta absoluta de ética o respeto, son perfectamente homologables con el entorno que reflejan, la política.

El problema es que el personaje no ha evolucionado para parodiar a una de las principales instituciones del estado, si no que las instituciones se han degradado hasta el punto de ponerse al nivel del personaje.

El espectador asiste a la escenificación, paródica pero menos, de lo que lee en los periódicos, de lo que escucha en la radio, de lo que ve en la televisión, o lo que consigue saber que sucede en el parlamento, porque, desgraciadamente para nosotros, la realidad es incluso más paródica que la ficción, que el personaje que encarna Torrente

Habrá quien crea que un Torrente no tendría ninguna oportunidad en la vida política real, pero tal vez no ha reflexionado lo sobre dos cuestiones: La primera es que en el año 2008, anteayer, España eligió por aclamación popular al Chikilicuatre para representarnos en Eurovisión, y del Chikilicuatre a Torrrente, solo hay dos diferencias, la musical, y la estética. La segunda cuestión es que para diferenciar entre el comportamiento ético de Torrente, y el de ciertos elementos político-ideológicos, habría que hilar muy fino.

Torrente, el que se presenta a presidente, es, más allá de la estética, y de las formas oratorias, un tipo zafio, mentiroso, éticamente impresentable y, sobre todo, ante todo, por encima de todo, un populista, un tipo cuyo discurso provocador, frentista, no tiene trastienda ética, ni otra finalidad que sacar tajada para él, y para todos sus compañeros, pero para él primero. O sea, lo que vemos en nuestros parlamentarios, lo que vemos en nuestro gobierno, lo que vemos en nuestras comunidades, lo que vemos en la exhibición diaria y  partidocrática de la vida política de nuestro país.

Torrente no es muy diferente, salvo por su construcción paródica, de muchas de las personas que nos podamos encontrar apoyadas en la barra de un bar popular, o sentadas en la terraza de un restaurante de moda. Tal vez no lleven pantalones tobilleros, ni calcetines blancos y sus dientes reluzcan. Tal vez no eructen entre frase y frase, ni ambienten el local con sus ventosidades, pero muchas de las ideas que intercambian, con un lenguaje más refinado y medido, son las que Torrente propone, porque son la consecuencia populista, en oposición a un entramado político y gubernamental populista. Porque son gente harta de políticos que les dan la espalda, y en vez de sus representantes, son el instrumento de una realidad paralela, y los artífices de un adoctrinamiento castrante, y eso los lleva a una oposición ciega, tan populista como la oficialidad que rechazan.

Hay un momento de la película en el que el paroxismo del guión lleva a la exposición más descarnada, más irreal, más paródica, de la argumentación del guión, que es el debate televisado. Que no solo es una parodia de un debate televisado, si no que, dos por uno, también es la parodia de un debate parlamentario. Efectivamente, también es la escena más excesiva, más irreal, más groseramente exagerada para lograr que todo el mundo tenga acceso al disparate que vivimos. Nunca se dará, espero sinceramente, esa pelea de todos contra todos, excepto Torrente, que al parecer se supone que la provoca, que refleja la película, pero no porque a veces a los candidatos no se les trasluzcan las ganas.

Es verdad que en los encuentros de los políticos, en los televisivos, y en los parlamentarios, son evidentes la falta de preparación, la carencia intelectual y cognitiva, el sesgo populista y la falta de interés en los problemas cotidianos de los ciudadanos, que caracterizan ala clase política actual. Carencias y actitudes que son siempre lamentables, pero que resultan dramáticas en quién se supone que ejerce la responsabilidad máxima.

Veamos algunas de estas carencias:

  • Se ha sustituido el debate característico de la democracia, por un frentismo populista, por una acidez grosera y destructiva, por la soberbia improcedente de los supuestos líderes, más convertidos en caudillos de hordas aullantes, que en dirigentes del progreso y la convivencia.
  • La oratoria, esa disciplina que dentro del liderazgo se considera un arte, y que utiliza la dialéctica y la retórica como partes fundamentales de su utilización, ha sido sustituida por el insulto sin fuste, ni imaginación, y por los discursos leídos que no guardan ni el respeto mínimo al oponente de contestar a lo dicho por él.
  • Los acuerdos, base del comportamiento democrático, son convertidos en desacuerdos y su escenificación frentista y sin posibilidad de encuentro. La violencia verbal sustituye al ofrecimiento de conversaciones, y los acuerdos que se alcanzan suelen ser contra natura y el objetivo es la supervivencia del cargo, y no el bien de los ciudadanos
  • La mayoría parlamentaría, garantía de representatividad, es sustituida por puzles de ideologías encontradas que votan según conveniencias, y a espaldas de lo elegido por los ciudadanos.

Me comentaba ayer un amigo, que también había visto la película, que le había parecido floja, chabacana, incluso la más floja de la saga, porque el personaje se había dulcificado, había perdido carga hortera para acercarse a la crítica política: Y puede que sea cierto, si se intenta ver como que el personaje se ha acercado al mundo político para hacer una crítica. Pero yo le pedí que abandonara ese enfoque, que lo haga justo al contrario, que vea como es el mundo político el que se a soma al universo Torrente, que el mundo político el que se ha vuelto chabacano, hortera, grosero, amoral, antiético, profundamente insolidario y corrupto, y en tonces sí. Entonces la película adquiere otra dimensión en la que el protagonismo no depende del personaje, si no del mundo real en el que se le sitúa.

Y es en ese momento en el que el espectador se ríe, algo, con la risa floja.

2 COMENTARIOS

  1. Desgraciadamente de acuerdo. En tal caso, por matizar, un documental paródico de la realidad cotidiana.

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