CARTAS SIN FRANQUEO (CCXII)- FAUNA IBÉRICA

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Muchas veces, sobre todo si pones la segunda cadena de televisión española, la 2, y sale el león de siempre que habita el desierto del Serengueti, y que parece que, o el cámara tiene algo con el león, o solo hay uno en ese lugar, o es de plantilla, se echa de menos a aquel monstruo de la comunicación que se llamó Félix Rodríguez de la Fuente, que nos regaló una joya de la biodiversidad patria, aderezada por su peculiar forma de narrar las imágenes, llamada “Fauna Ibérica”.

FUENTE: freepik.es

Pero, y a pesar de las apariencias, ese magno trabajo de divulgación y conocimiento, esa ingente documentación, ese ímprobo e impagable trabajo del famoso, del adorado comunicador, se ha revelado, transcurrido el tiempo, mucho, examinado el espacio ciudadano, que hay especies que aprovechando los nuevos nichos digitales, se han actualizado, se han antropoformizado, se han adaptado a los nuevos tiempos de asfalto, pista de baile y circuitos electrónicos, y lo mismo parece que bailan, que que acompañan, que que navegan por haces de luz que discurren por la fibra óptica.

La biodiversidad de este complejo ecosistema es abundante, variada, peculiar, pero sin duda la característica que más nos puede llamar la atención es que se hacen especialmente evidentes cuando el estado adulto prácticamente es un recuerdo, en plena madurez ya madura, teóricamente madurada y provecta, posiblemente debido a una percepción de escasez temporal, que acelera las actitudes, y limita los tiempos de cortejo. Su hábitat natural son las actividades diversas y las discotecas y se mueven en rebaños llamados grupos de whatsapp.

Seguramente este no es un trabajo exhaustivo, más bien pretende ser irónico, aunque nadie pueda descartar la reacción ofendida de algún ejemplar que al sentirse señalado reaccione con furia encubridora, camufladora.

Tal vez, y no es algo que deba de desecharse, aunque la situación actual de los estudios zoológicos no permitan asegurarlo, todas estas especies se resuman en dos, y sea su capacidad de metamorfosearse según las circunstancias del apareamiento, lo que haga que se hayan identificado este tipo de individuos sin poder aseverar que alguno de ellos no sea simplemente producto de la situación, y no una especie por sí misma. Seguramente un mayor tiempo de observación, unas más depuradas técnicas de estudio, y una mayor independencia de los estudiosos respecto a lo estudiado, pongan en claro la posibilidad que se apunta.

Pero vayamos al estudio. Estas son las espacies más claramente identificadas:

  • El buitre bailon. Es perfectamente reconocible tanto por su técnica de caza, como por el ámbito en el que habitualmente busca sus presas, discotecas y clases de baile. Su actitud de permanente búsqueda, sus merodeos cerniéndose pausada, pero firmemente, sobre cualquier posible presa que obligatoriamente tenga que pasar por sus brazos, su desinterés evidente por la danza que ejecuta como parte del acecho, lo ponen claramente en el foco de la investigación. Su técnica de caza es evidente para todos los miembros del rebaño, salvo para aquellas víctimas con interés en serlo, o miembros de otras especies incapaces de identificar a los depredadores, suponiendo que tales individuos, me refiero a las supuestas víctimas, existan, y su inocencia no sea, a su vez, un método propio de caza.
  • El lince corporativo. De figura y pelaje habitualmente elegantes, su acecho es sigiloso y se produce en los pequeños grupos de actividad que el rebaño global lleva a cabo. Suele estar presente en todos los subgrupos, en todas las actividades de cercanía, en todas las celebraciones sociales, y, al contrario que el buitre bailón, el lince corporativo elige su presa, y la trabaja individualmente, con atención, con cercanía, con un acecho atento y exclusivo.
  • El tigre digital. Su territorio de caza son las redes sociales, donde se muestra activo y, alternativamente, según le interese, como víctima, o como cazador. Es un depredador de la soledad ajena, característica que busca prioritariamente, y sobre la que desarrolla toda su actividad. Su cortejo se centra siempre en posibles víctimas sin contacto entre ellas, y suele abrir cortejo con varias a la vez, a la búsqueda de resultados, que siempre considera, en el macho, de forma inmediata, y en la hembra, habitualmente, a medio plazo, de tal forma que el macho no admite más de dos, o tres, acercamientos sin culminar el cortejo, ni la hembra, salvo las más agresivas, concibe ese cortejo como de corto recorrido. Dadas las características, evidentes, solo muy determinados individuos prosperan en este entorno de caza, más propio de esperanzas efímeras, o de renuncias desesperadas, o de acercamientos sin proyecto, que de auténticos cortejos.
  • La leona casual. Normalmente hembra. Su sistema de caza consiste en mostrar un absoluto desinterés hacia las posibles víctimas, habitualmente pertenecientes a especies depredadoras activas, lo que provoca su atención y una incomprensible reacción de inversión de papeles, haciendo que la víctima elegida parezca ser la que inicia el cortejo, mientras la auténtica depredadora parece convertirse en objeto de deseo. Cuando su víctima está identificada y focalizada, permite su equívoco acercamiento hasta el mismo momento en el que efectúa el acto final de la caza.
  • El cordero feroz. Esta especie, con la que ha existido un gran debate entre los estudiosos por su denominación, ya que muchos consideraban que debería ser llamada el lobo manso, se caracteriza por cazar recibiendo. El depredador no elige a su víctima, ni siquiera inicia el cortejo. Su acecho lo es sobre el interés de la presa, que debe de ser un cazador activo, aunque lo sea de forma encubierta, y una vez identificado el cazador interesado, la víctima se ofrece como presa asequible. Se le ha llamado cordero por su supuesta docilidad, y feroz, porque no deja de ser un depredador sin prejuicios. Precisamente es esta dualidad, teóricamente imposible, la que produce esa ambivalencia de denominación ya apuntada, ya que ambos nombres reflejan las características ya expuestas.
  • El pájaro plomo. Es tal vez una de las especies más incómodas, y posiblemente menos agresivas de este catalogo de especies en estudio. Una vez que ha identificado a una posible presa, inicia su galanteo a pesar de que pueda percibir, o porque es incapaz de percibir, este extremo no está claro para los investigadores de este estudio, el rechazo de la víctima elegida, lo que lleva a la incómoda situación de desarrollar una agresividad defensiva, un rechazo visceral en el ejemplar al que pretende cortejar. Salvo muy contados éxitos, habitualmente por agotamiento, el cortejo suele acabar en enemistad, e incluso en bloqueo de relaciones, cuando no en conductas violentas si interfiere en cortejos de otros individuos. A pesar de su escasa capacidad de emparejamiento, es una especie que no se encuentra en peligro de extinción, antes bien parece estar en plena expansión.
  • La avutarda buscadora. Si alguna de estas especies estuviera en peligro de extinción, posiblemente habría que señalar a esta, pero tal consideración solo merecería señalar la falta de perspicacia de los investigadores. Esta especie, fácilmente identificable, se caracteriza por su ausencia general de cortejos, por su permanente búsqueda de los mismos, y por su incapacidad para permitirse ser víctima, y su impericia como cazador. No elige nunca una víctima, si no que establece unas características para poder elegir una, que muy rara vez consigue encontrar en el grupo de whatsapp, ya que pretende identificar las características, antes de iniciar el cortejo, lo que lleva al fracaso de identificación previa, que pretende, o al fracaso de identificación posterior por imposibilidad de proyección de lo que quiere, sobre lo que es posible. Si consideráramos su actitud como idealista, no seríamos menos perspicaces y realistas que ellas, ya que ese idealismo no es tal, sino una incapacidad emocional, o afectiva, proyectada sobre el resto de individuos.
  • La cervatilla feroz. Su técnica de caza es la inocencia. El depredador se acerca a la presa confiado en su aparente docilidad, en su incontrastable entrega, hasta que, iniciado el cortejo, iniciadas las maniobras del apareamiento, se encuentra absolutamente atrapado, y consciente de haberse convertido en la víctima. Hay quién confunde dulzura con docilidad, y encontrándose una de las dos actitudes, obvia la ferocidad latente bajo la docilidad, o encontrándose con una actitud agresiva, es incapaz de identificar a la cervatilla que lo acecha hasta que es demasiado tarde. Afortunadamente la cervatilla feroz se conforma con una sola víctima por temporada de caza, lo que suaviza su efecto devastador en el grupo.
  • El martín cazador. Es quizás el menos abundante de los especímenes estudiados, y tiene características de casi todos los demás. Acecha como el buitre, caza en entornos corporativos, como el lince, pero su principal característica es su irrupción explosiva en el entorno de las presas. Se zambulle en ese entorno con determinación, busca posibles víctimas, pero, salvo que identifique y pretenda a alguna de ellas, abandona el entorno con la misma celeridad con la que accedió a él. Se la considera ave de paso. Pertenece intermitentemente a diferentes grupos, y nos es parte de ninguno. Es fácil de identificar, y su continuo ir y venir de rebaño, en rebaño, lo hace poco sociable.
  • El pavo picaflor. Aunque habitualmente su estudio se centra en los machos de la especie, y aunque existen menos individuos, las hembras no son menos importantes, ni menos promiscuas, que los machos. En el pavo picaflor, y en la pava, no importan las técnicas de acecho, ni las formas de cortejo, ni el ámbito en el que se mueven. Para el pavo picaflor, y para la pava, todo vale, todos los entornos son propicios, y todos los individuos, o al menos la inmensa mayoría, son presas en potencia. Sólo se aparean una vez con cada víctima, o, excepcionalmente, establecen una relación intermitente de apareo si la presa está muy interesada en el depredador. Su inconstancia, y su necesidad de explorar nuevas víctimas hacen muy llamativa su actividad de caza, pero precisamente esta falta de consistencia parecen hacerlos más atractivos para depredadores con poca experiencia que se creen con la fuerza para someter su inconstancia. No se conoce ningún caso en que ningún depredador, ninguna presa, lo haya conseguido.

Como ya se ha apuntado en un párrafo previo de este estudio, al final todas las especies pueden resumirse en dos actitudes de género interespecies: la hembra equívoca, y el macho equivocado. Pero, como ya se ha insinuado, este es un estudio poco profundo, algo jocoso, y, sobre todo, sin otro ánimo que el divertimento. Aunque, estoy seguro de que, según iban leyendo, todas las espacies tenían nombre para usted, estimado lector. Es inevitable.

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